Ania Verastegui: el alma cultural tras 'Mi Castillo de Arena'
La empresa de esta vitoriana da vida al Palacio Otalora-Guevara, en Zurbano, considerado Bien Cultural desde 1994
En el Palacio Otalora-Guevara, los recuerdos se construyen como castillos de arena: efímeros pero únicos. Este edificio del siglo XVII acoge experiencias que, como olas en la orilla, dejan huella. Por eso, en el corazón de Zurbano, este rincón histórico ha sido bautizado como 'Mi Castillo de Arena'.
Detrás de esta empresa se encuentra Ania Verastegui, la mente creativa que da vida a este palacio, considerado Bien Cultural desde 1994. “Nos dedicamos a la organización de eventos y gestión de edificios históricos para eventos que nosotros creamos”, expresa.

Ania Verastegui, de Mi Castillo de Arena
Así, en Mi Castillo de Arena se realizan exposiciones de arte, visitas guiadas teatralizadas y de Halloween, bodas, cumpleaños, conciertos, carnaval party, eventos culturales… Todo ello, dentro de una arquitectura señorial de carácter rural del año 1640.
“Cuesta mucho organizar un evento, pero cuando te gusta tu trabajo lo haces con ilusión y con todo el cariño del mundo”, comenta Verastegui. Ella y su marido apostaron todo para rehabilitar un edificio que estaba prácticamente en ruinas. “Cuando lo vi por primera vez, lo sentí como una joya que debía de ser rescatada”.

Mi Castillo de Arena en Zurbano
Un castillo en ruinas
La construcción del Palacio Otálora-Guevara fue encargada en 1640 por Juan Otalora y Guevara, secretario del rey Felipe IV. Tres siglos más tarde, la Caja de Ahorros Municipal de Vitoria compró el edificio para restaurarlo y convertirlo en Museo Etnográfico.
Pero el proyecto fracasó y el Palacio estuvo más de dos décadas abandonado. En el año 2000 una constructora local lo adquirió. Y en 2012, cuando el palacio agonizaba y corría riesgo de derrumbe, fue adquirido a través de Una Vez En La Vida S.L, la empresa de Ania Verastegui.

Así, ella y su marido empezaron con la restauración. Se encontraron con un edificio totalmente deteriorado, sin cristales, con goteras, sin electricidad ni fontanería y con la suciedad de muchos años sin uso.
“El arquitecto nos dijo que íbamos a tardar unos 5 años en reformarlo, y al final lo hicimos en dos, pero trabajando día y noche”, comenta. La mayor parte de la obra fue realizada por los propios dueños con “pasión y determinación”.
Tras esa intensa reforma, el Palacio volvió al esplendor de antaño y pasó a llamarse'Mi Castillo de Arena'. Hoy este palacio cumple los sueños de muchas parejas cada año.

“En 2015, cuando nos dieron la licencia de actividad, celebramos nuestra primera boda”, explica. Desde entonces, lo más demandado en Mi Castillo de Arena son las bodas. Verastegui se dedica a su organización desde 2007. Pero también quiere destacar la riqueza cultural de un edificio considerado Bien Cultural desde el 94.
“Nos queremos asociar al tema cultural, no al gastronómico”, recalca Verastegui
“Nos han llamado de tres programas de gastronomía, y no hemos querido participar porque no vemos justo que un edificio del siglo XVII salga en un programa de TV por la comida”, indica con convicción. A pesar de esas oportunidades, Verastegui tiene claras sus ideas: “Nos queremos asociar al tema cultural, no al gastronómico”.

Así, en 'Mi Castillo de Arena' se han realizado eventos culturales y grandes exposiciones de arte. "Hicimos una exposición de Dora Salazar y otra de Koko Rico, con más de 100 piezas en cada una de ellas", cuenta con entusiasmo.
Verastegui es una apasionada de la escultura, la cerámica y el arte en general. Describe las exposiciones como explosivas: "Era un edificio del siglo XVII con obras escultóricas del siglo XXI, así que chocaba mucho el contraste. Además, eran exposiciones tan grandes como las que puedes encontrar en París, Londres o Nueva York".

Una vocación llena de pasión
La formación de Verastegui le ha permitido poner en práctica todo lo aprendido. Estudió Planificación Turística en la Universidad de Westminster, en Londres. “Era una carrera nueva y muy completa; aquí todavía no estábamos tan avanzados en ese ámbito”, expresa.
Años después trabajó en una iglesia reconvertida en espacio de eventos. Y, después de casarse, invirtió en un máster de Organización y Planificación de Eventos: “Allí conocí a gente de muchos países y diferentes culturas; fue muy interesante”.

Fue durante esta etapa, cuando el destino la llevó a un edificio en ruinas en un pequeño pueblo de Álava. Según Verastegui, todos los caminos fueron confluyendo y fue “como magia”.
Ahora, ha elevado la organización de eventos a una forma de arte. "La gente nos dice que lo que hacemos tiene alma", comenta Verastegui, y esa pasión se refleja en cada detalle de sus eventos.
La pandemia: meditación obligatoria
La pandemia trajo consigo una pausa obligatoria, pero Ania la describe como una "meditación obligatoria para todo el mundo”. Ella aprovechó el tiempo para reinventarse, invirtiendo en nuevo mobiliario y embelleciendo el edificio con fuentes y un jardín de bambú.
Esta pausa no solo les hizo “más fuertes”, sino que también les permitió organizar “eventos memorables”, como la exitosa visita de Halloween. Y, aunque las bodas son la base de su negocio, Verastegui y su equipo han llevado la creatividad a nuevos niveles.

Entre los eventos más originales, destaca un cumpleaños medieval: “El cumpleañero vino en caballo con los ojos vendados, luego lo vestían de caballero y, en la puerta, se encontraba a todos sus amigos vestidos de caballeros con las espadas alzadas”.
También menciona un cumpleaños inspirado en los Goya, con alfombra roja y premios, o una boda en la que se se tatuaron “casi todos” los invitados. Aunque Verastegui recalca, con una sonrisa, que había un sitio específico para tatuarse: “Si no, con la barra libre… Se podrían haber tatuado cualquier cosa”.
Más vida a Zurbano
Según esta vitoriana, los vecinos del pueblo “están muy contentos” con 'Mi Castillo de Arena'. “Somos muy respetuosos con el pueblo, terminamos los eventos a medianoche y nunca hemos tenido ningún problema con nadie”, expresa.
Además, también realizan iniciativas para los txikis de Zurbano: “En Semana Santa, por ejemplo, invitamos a todos los niños del pueblo a buscar huevos de pascua por todo el jardín”.

Su último proyecto en el Palacio Otalora-Guevara ha sido la apertura del Ecobar. “Lo abrimos los fines de semana para que todo el mundo pueda venir a tomar algo”, declara.
Con muchas ideas en la cabeza, Verastegui tiene ganas de seguir creciendo con 'Mi Castillo de Arena'. Su creatividad y la pasión por hacer eventos resuena en cada palabra que comparte. En ese viaje creativo, Ania y su equipo han logrado algo único: un lugar donde cada evento es más que una celebración. Es, como describe ella, “una experiencia con alma”.


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