Milagro en La Blanca: estatuas vivientes y marionetas gigantes bailarinas
Estatuistas, marionetas, bailarines, dibujantes... Una amplia variedad de artistas callejeros animan La Blanca
Una pareja baila con arte y salero en la calle Dato. A escasos metros, se contonea un oso gigante y Super Mario Bros se hace fotos con sus fans. Cerca, un grupo de 'break dance' deja boquiabierto al público con sus piruetas imposibles. Más allá, las trenzas son un clásico festivo. Y un par de estatuas ven el tiempo, y a la gente, pasar.
Es el milagro de La Blanca: donde hasta las estatuas cobran vida y las marionetas danzan libremente. Los artistas callejeros pueblan esta semana el centro vitoriano para animar las fiestas más allá del programa oficial. Una vida itinerante y con la maleta a cuestas.
30 años con marionetas a cuestas

Aunque, quizá, en esta ocasión haya algunos menos que en ocasiones anteriores, no faltan los fijos. Como Juan Luis Pérez, alias 'Bombita'. Es él quien se oculta bajo la pareja de marionetas cabareteras de tamaño natural: "Me las pongo en la espalda y bailo a 4 patas".
A sus 72 años, rezuma vitalidad de sobra para los 15 bailes matinales, y otros tanto vespertinos, con los que deleita al respetable. "Estoy en forma. ¿No ves que estoy todo el día bailando y sin parar? Me conservo bien", sonríe.

Nacido en Madrid, y tras dirigir una compañía artística de calle, lleva 30 años con este número. Con él recorre las fiestas nacionales, pero también viaja por Europa, Italia sobre todo. "A la gente le gusta. Y Vitoria, normalmente, es un sitio que funciona bien", reconoce.
¿Estatuas que cobran vida?
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Y eso que en esta ocasión ha tenido que cambiar el 'show'. No le ha quedado otra. "El sábado me robaron. No se llevaron nada de valor, pero en la bolsa tenía toda la música y me destrozaron. Creí que me quedaba sin campaña de verano, porque sin música no puedo actuar", lamentaba. Al final, pudo solucionarlo, aunque con un espectáculo "nuevo que aún no controlo tanto, veremos qué pasa".
¿Y si pica la nariz?

El movimiento también es el principal atractivo en el caso de los venezolanos Echenia y Dula. O, más bien, la falta de él. Son una de las dos parejas de estatuistas instaladas, a escasos metros entre sí, en la calle Postas. Allí recrean 'El hechizo', metidos de lleno en los papeles de un escultor y una bruja.
Su maquillaje (rostro y manos sobre todo) y atuendo, por no hablar de su quietud, despiertan la curiosidad, la sonrisa y las ganas de generar una reacción. "A veces se ponen enfrente, sobre todo niños, haciendo cosas para intentar que te rías", apunta Echenia. ¿Lo consiguen? "No, mantenemos la seriedad, tenemos mucha práctica", asegura.

¿Y si pica la nariz? "Ah, bueno, ahí está la cosa, de eso se trata", contesta misteriosa. Porque estar durante varias horas sin mover apenas un músculo no es baladí. Por no hablar de hacerlo en la calle, en medio de todo el gentío y al albur del clima. "Si hace mucho calor, se hace cansado. Y, si hace frío, tienes que ponerte más capas de ropa debajo del traje", reconoce.
La concentración, admite Echenia, es la clave para no moverse. Y la práctica. La calle es su entrenamiento. No hay ensayo previo, se lanzan sin red de seguridad. A Vitoria-Gasteiz ya han venido los últimos 8 años, y luego seguirán viaje por Donostia, Bilbao y otras fiestas.
Horas sin moverse

Lo mismo que Fernando Montero y Edeisy. Lucen como un cuento de hadas, una estatua de los deseos donde la gente se sienta y pide el suyo. "Los artistas somos una fantasía viviente", explica él, también venezolano, aunque de abuelo canario. Vive desde hace muchos años en Madrid y, tras probar primero como músico, ahora visita la capital alavesa convertido en estatua viviente.
"El estatismo es un arte muy fuerte, se trabaja en la carrera de cinematografía", indica. Las 6 u 8 horas estáticos a pie de calle no se las quita nadie. Combaten el dolor del cuerpo "con estiramientos y meditación".

Y con la alegría de ver la ilusión, asombro y admiración de la gente. "Vitoria tiene una magia que te dice, tienes que venir, y lo hacemos. La gente nos apoya mucho, se para. Viejitos, niños, familias...", agradece Fernando. "Estas fiestas me gustan porque venimos de Madrid, que es muy caluroso, y aquí el ambiente es fresquito, pero la gente muy muy cálida", asiente con sonrisa perenne.
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