¿Por qué no hay relevo en los electricistas y fontaneros de Álava?

10 noviembre, 2025

Las jubilaciones, el desinterés de los jóvenes y la falta de mano de obra provocan esta falta de electricistas y fontaneros

Encontrar o conseguir electricistas y fontaneros en Álava es cada vez más complicado. Las empresas no encuentran mano de obra cualificada, y los centros de formación no forman suficientes profesionales para cubrir la demanda. Centros educativos y empresas coinciden en el diagnóstico: faltan manos y el relevo generacional llega demasiado tarde.

A día de hoy la oferta educativa es insuficiente. Son, además, oficios que no atraen a los jóvenes, coinciden Gizane e Iñigo (directora y profesor del centro Eraiken). La falta de personal amenaza incluso con el cierre de algunas empresas, coinciden las asociaciones de fontaneros y electricistas de Álava . Colegios y empresas ponen en valor los oficios técnicos para evitar la fuga de talento hacia otros sectores.

"Hay mucha demanda de las empresas y no podemos satisfacer a todas. Las empresas necesitan gente que pueda aportar desde el primer día, y los alumnos todavía están aprendiendo", afirma desde Egibide uno de sus profesores de electromecánica.

Estudiantes del Instituto Mendizabala

Estudiantes del Instituto Mendizabala

Una realidad que también confirman desde el centro de formación Eraiken, el único centro en todo Álava que ofrece fontanería. Aunque añaden también otra amenaza: "Con el grado medio se puede trabajar perfectamente como fontanero o instalador. Pero muchas empresas piden grados superiores, así que el alumnado alarga sus estudios. Y cuando terminan, muchas veces encuentran trabajos con horarios más cómodos en otros sectores", subraya Iñigo, jefe de estudios del centro, que apunta que el mercado laboral y el sistema educativo no siempre van de la mano.

"En cada curso comienzan unas 25 personas, pero terminan unas 18 o 19. De esas, casi todas siguen estudiando".

Alargar la formación retrasa la llegada de nuevos trabajadores a un mercado que ya sufre las consecuencias de las jubilaciones. "En los últimos años se ha jubilado mucha gente de golpe, más de la que podemos reemplazar", señala el profesor de Egibide. Y, al mismo tiempo, los centros no logran atraer más alumnado: "En cada curso comienzan unas 25 personas, pero terminan unas 18 o 19. De esas, casi todas siguen estudiando. Apenas hay presencia femenina, dos o tres chicas por año, y no vemos que aumente", explica.

"Vamos a necesitar gente de fuera para cubrir estos trabajos"

"No son estudios que resulten muy atractivos para los jóvenes. En el mejor de los casos, titulamos entre 15 o 20 personas al año para toda Álava, y eso no es suficiente", destaca Gizane, directora de Eraiken. La falta de jóvenes no es solo una cuestión de interés, sino también de demografía. "Tenemos menos población en general. Si cada vez nacen menos, habría menos personas para formar en estos oficios. Vamos a tener que contar con gente que viene de fuera para cubrir estos trabajos" añade.

Centro de Formación Eraiken

Centro de Formación Eraiken

A todo esto se suman los nuevos retos tecnológicos. Las normativas europeas exigen cambios profundos en eficiencia energética, y eso implica profesionales más especializados. "Las instalaciones van a cambiar y se necesitará un equipo más cualificado", advierte Iñigo. "Pero este ciclo solo se imparte en cinco centros de todo Euskadi. Si no se amplía la oferta, no se podrá responder a lo que se está demandando". Necesitamos renovar los equipos y adecuar los espacios, y eso no siempre es viable para los centros educativos", subraya Gizane ante estas exigencias que requieren una inversión muy alta.

El peso de la experiencia y el cambio cultural

El origen de este problema se remonta a la crisis del ladrillo del 2008, explica Óscar Hierro, presidente de AFOGASCA y gerente de la empresa de fontanería Pecupe. 

"Hoy muchas empresas están cerrando porque no encuentran relevo generacional"

"La construcción cayó y muchos profesionales tuvieron que buscar trabajo en otros sectores. Se perdió una parte importante de la mano de obra". Hoy muchas empresas están cerrando porque no encuentran relevo generacional", destaca.

Y la falta de experiencia práctica agrava la situación. "Los estudios preparan para empezar, pero no para ser resolutivo. Estos oficios necesitan años de aprendizaje junto a profesionales. Sería necesario recuperar modelos de formación dual y contratos de aprendizaje", señala el presidente de AFOGASCA. Una visión que coincide con la de los formadores. Desde los centros apuntan que la FP dual permitiría acelerar la incorporación al trabajo y completar mejor la enseñanza con las necesidades reales de las empresas.

"La clave es que el esfuerzo tiene valor, y eso se está perdiendo"

Pero más allá de la formación, hay también un cambio cultural que ha restado atractivo al oficio. "Hoy en día se busca un horario fijo y estable. En nuestros trabajos hay que ser habilidoso y resolver problemas, no hacer todos los días lo mismo. Pero quien se implica puede progresar mucho y vivir bien. La clave es que el esfuerzo tiene valor, y eso se está perdiendo", añade.

La falta de personas en el sector es "tremenda" y las empresas buscan sin éxito trabajadores, "ni siquiera a través de ETTs se consiguen peones", reconoce Jose Manuel Ben, presidente de Instagune y propietario de la empresa de instalaciones eléctricas Joberma.

¿Qué ha pasado? En primer lugar ha bajado la productividad. "Lo que antes realizaba una persona ahora requiere dos, y la forma de trabajar ha cambiado mucho", asegura. A ello se suma la competencia con grandes empresas como Mercedes o Michelin, capaces de ofrecer salarios más altos y condiciones más estables. "Nosotros trabajamos fuera, con desplazamientos y descansos, y eso hace que la productividad sea menor, por lo que no podemos pagar los mismo que ellos", explica.

"Esta forma de trabajo manual se está perdiendo, pese a que ya no son tan duros como antes"

Jose Manuel señala también un cambio cultural que ha alejado a las nuevas generaciones de los oficios manuales. A su juicio, muchos padres orientan a sus hijos hacia carreras universitarias o empleos de oficina, dejando de lado profesiones técnicas. "Esa forma de trabajo manual se está perdiendo", lamenta, pese a que recuerda que estos oficios "ya no son tan duros como antes" y se han modernizado mucho. Sin embargo, la imagen de que son trabajos físicos o de campo sigue pesando, y "todo el mundo prefiere ser funcionario o trabajar en una oficina".

"Nos cuesta muchísimo encontrar gente"

Respecto a las jubilaciones, coincide con Óscar en que la falta de relevo generacional está siendo especialmente grave. "Nos cuesta muchísimo encontrar gente", admite. Añade que muchos optan por emplearse en fábricas como Mercedes o Michelin atraídos por el horario y la estabilidad, aunque con el tiempo "algunos se arrepientan". "En nuestro oficio conoces gente y haces cosas distintas cada día, en una fábrica puede acabar cansando el estar apretando siempre el mismo tornillo", señala.

Jose Manuel tampoco ve con optimismo la preparación y motivación de los jóvenes que salen de la formación profesional. Considera que llegan "casi la mitad de preparados que antes", ya que se reducen contenidos y horas lectivas, y el ritmo de aprendizaje es más lento. A ello se suma un menor interes por estos oficios. "Hace una década se promovían como una apuesta segura de empleo, pero hoy, con el paro prácticamente en cero, la gente ya no busca un trabajo fijo para toda la vida y prefiere opciones más volátiles", destaca.

Mirar hacia adelante

El problema tiene muchas caras, pero todas apuntan en la misma dirección: faltan manos, y las que hay tardan en llegar. Desde los centros formativos se reconoce que la demanda de profesionales supera con creces a la oferta. Los estudiantes, en su mayoría, prefieren seguir formándose antes de incorporarse al mercado, mientras las jubilaciones dejan huecos que nadie alcanza a cubrir. En el caso de la fontanería, la situación es aún más crítica: solo un centro en todo Álava imparte el ciclo, y sus aulas no dan abasto.

A todo ello se suma un cambio tecnológico que exige nuevas competencias y una inversión que los centros educativos aún no pueden asumir. Por su parte, las empresas reclaman más formación práctica, más experiencia y un cambio cultural que devuelva a estos oficios el prestigio que tuvieron.

Todos los entrevistados coinciden en que la solución pasa por reforzar la formación profesional, especialmente la dual, ampliar la oferta educativa y, sobre todo, volver a valorar el trabajo artesanal y técnico como una opción digna, estable económicamente y necesaria. Porque sin electricistas y fontaneros, sin quienes mantienen todo en marcha, el día a día de la ciudad se paraliza.