Una enfermedad jubila a Elma y deja a Leidy sin su guía

3 febrero, 2024

Una epilepsia y posterior gastritis han jubilado antes de tiempo a Elma, que ha vuelto a Madrid

Leidy y Elma. Elma y Leidy. Parecían un dúo imparable, pero la enfermedad se cruzó en su camino. Ambas ya no caminarán más juntas por las calles vitorianas. Apenas seis meses ha disfrutado Leidy de su perra guía antes de perderla y devolverla de nuevo a Madrid. La alegría inicial acabó en tristeza y preocupación, pero también en un gran aprendizaje de vida.

Fue en julio cuando Elma llegó a la vida de Leidy Aldana, una joven invidente de 25 años, para ser sus ojos y guiarla a la hora de sortear y vencer los obstáculos, a menudo desafiantes, de Vitoria-Gasteiz. Durante más de dos meses, trabajaron en equipo, día sí y día también, para fortalecer su vínculo, aprender recorridos, coordinarse y coger confianza la una en la otra.

Epilepsia

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Pero el idilio se resquebrajó a finales de septiembre. El hermano y la madre de Leidy detectaron las primeras señales de que algo no iba bien. La labrador, de 4 años, movía la cabeza "con un tic nervioso". "Mi madre me dijo que Elma estaba convulsionando. A mí me pasó de pequeña un par de veces y por eso lo reconoció", explica Leidy.

Empezó entonces un vía crucis de más de tres meses. "Al principio solo le pasaba en reposo, casi dormida. El veterinario nos dijo que la vigiláramos y mi madre la grababa por la noche para que vieran  lo que le pasaba", comienza. Un viernes noche la cosa empeoró: "Fue una pesadilla, sus convulsiones no paraban ni con diazepam".

"Me llevaba en modo 'taca-taca' y supe que no me podía guiar. No podía hacer su trabajo"

Viaje de urgencia al hospital veterinario de Pamplona, donde Elma quedó ingresada en observación. Las pruebas fueron descartando otras causas hasta el diagnóstico final: epilepsia. Y fenobarbital para medicarla. Con efectos secundarios indeseados: "no podía subir escaleras, ni al coche, estaba triste, aletargada...".

Era Leidy quien paseaba a Elma en vez de al revés "porque ella me llevaba en modo 'taca-taca' y cuando un día iba súper despacito para cruzar un paso de cebra, supe que no podía seguir así, ella ya no me podía guiar. No podía hacer su trabajo".

Veterinarios, pastillas, seguro...

La medicación tardó en estabilizarla "2-3 semanas". Pero algo no iba bien. Y el 9 de diciembre, cumpleaños de Elma, los temblores volvieron. Nueva visita a Pamplona. Cambios en la medicación. "Con la nueva pasó de una euforia tremenda al letargo más absoluto. Se la quitaron y le dejaron la primera, pero con dosis más altas", rememora Leidy.

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Enero comenzó con nuevos problemas. "Una noche vomitó 13 veces. Vuelta al veterinario. Tenía gastritis porque no le habían puesto protector de estómago. También empezó con alergia, una tendinitis en las patas delanteras...", enumera la joven. La situación era cada vez más complicada: "Al día le daba 5 pastillas, la paseaba. El presupuesto de su seguro anual, de 2.200 euros, se lo gastó en apenas 6 meses".

"En Madrid tiene atención las 24 horas para llevar una vida lo más digna posible"

El instructor de Elma, Eloy Arana, y la Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG), situada en Boadilla del Monte, donde crían y adiestran a estos animales, hablaron con Leidy. Juntos decidieron que era el momento de jubilar a la perra guía y que volviera a Madrid. "Me sentí en paz, terminaba la agonía", confiesa.

"En este tiempo he bajado 13 kilos. Ya le he dicho a Elma, que me ha puesto 'pibón'"

A mediados de enero Leidy y su familia la llevaron. "Ha vuelto a casa. Elma ha nacido y vivido allí. No podíamos cuidar de ella como necesita, habría sido una egoísta si me la quedaba. Ahora tiene atención las 24 horas para llevar una vida lo más digna posible, además de otros perros y gatos con los que jugar", agradece.

¿Otro perro guía?

La despedida fue dura porque, en poco tiempo, Elma se había convertido en una más en una familia que, hasta entonces, no había tenido ningún animal. "Su enfermedad nos ha unido y todos le hemos cogido un cariño tremendo. Mi familia ya está deseando tener de nuevo otro perro guía", confiesa Leidy. Pero ella aún necesita algo de tiempo para recuperarse de todo lo vivido.

"Había días en que no podía ir a clase por estar en el veterinario, no hacía planes por estar con ella, estaba pendiente de darle toda su medicación, mi madre no dormía para grabarla durante sus convulsiones... En este tiempo he bajado 13 kilos. Ya le he dicho a Elma, que me ha puesto 'pibón'", suelta con una carcajada.

Pero lo cierto es que el no poder contar con Elma al 100%, salvo los dos primeros meses, ha servido a Leidy de aprendizaje acelerado. Ha ganado en autonomía y valentía. "Me hizo espabilar mucho. Elma me ayudó a soltarme y relajarme en la calle. Por ejemplo, no voy todo el rato pegada a la pared. He agudizado mis sentidos y sé que, si he podido con la adaptación y enfermedad de Elma, con su cuidado, puedo con otro perro", se lanza.

"Elma ha sido un ángel y siempre estará conmigo. Con ella he hecho un Máster, pero no he vivido la experiencia real"

Por eso ha entrado en la lista de renovadores. Personas que ya han tenido un perro guía y optan a otro. Porque la vida laboral útil de estos lazarillos ronda los 10-11 años, si no hay problemas de salud de por medio. "Algo que pasa más de lo que parece", confiesa Leidy. Una vez dentro del proceso, el plazo ronda el año. "La demanda es brutal. Pero tengo hasta tres oportunidades para aceptar o rechazar sin perder mi puesto", detalla.

Nueva vida

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Así que está tranquila. No quiere precipitarse hasta no sentirse mental y emocionalmente preparada. "Como perra guía, me despedí hace tiempo de Elma. Como perra, lo estoy haciendo ahora. Ha sido un ángel y siempre estará conmigo. Con ella he hecho un máster, pero no he vivido la experiencia real", admite. Algo que espera cambiar con el siguiente.

"Tendré menos miedo y más retos. Va a ser muy bonito porque ya sabré los comandos y tonos de voz adecuados, cómo cuidarlo y también cómo divertirme", asegura. Por ahora, tras el mal trago, Leidy retoma su vida con energía.

Sigue estudiando euskera, se ha apuntado al gimnasio adaptado 'Julio Roca', vuelve a tener más planes de ocio y en septiembre retomará el "aparcado" Máster de Formación del Profesorado. "Con lo mal que lo he pasado y lo que he llorado, necesitaba un cambio. Y he vuelto a mejor", promete. Ilusión no le falta.