Actividad cultural como marca de ciudad

Hace dos meses que comenzó el goteo de notificaciones a hosteleros de Vitoria-Gasteiz, en los que se especifica una nueva y estricta aplicación de la normativa para organizar actividades culturales en el interior de bares y cafeterías. Complica la organización de eventos que promueven la cultura desde la calle y no se adapta al ADN de esta ciudad. El nuevo marco legal limita a dos conciertos al mes las actividades por local.

Escaso, ¿verdad? Con lo que aportan los conciertos, el movimiento, la música y la hibridación a la que durante años y años nos hemos acostumbrado en nuestra ciudad… muy escaso. Pero además… ¡dudas! ¿Un teatro musical, es como un concierto? ¿y una sesión de dj’s? ¿una jam sesión? ¿una performance? ¿un mach de poesía? ¿un happening? ¿y un espectáculo de marionetas para niñas y niños? ¿Habrá que notificar también las inauguraciones de exposiciones? Nada de esto está aún definido. La normativa limita a dos horas la duración, pero tampoco se sabe si en esas dos horas están incluidas las pruebas de sonido, por ejemplo.

La cultura es marca de ciudad de Vitoria-Gasteiz: la cultura de los márgenes, la cultura no oficial, la autogestionada -sea por un establecimiento hostelero, por una asociación o una asamblea- se ha convertido en marca de la casa, en una característica de la ciudad.

Personas que viven en ciudades más grandes se sorprenden del movimiento que se genera en Vitoria-Gasteiz

Quienes vivimos aquí o quienes llegan para conocernos gozan y gozamos de una agenda envidiable. Hace unos días que acudí al estreno del documental Orainaldian: laissez faire. En la cinta, Mikel Kthullu, fundador de Cosmic Tentacles, comenta cómo personas ligadas a la cultura que viven en ciudades más grandes como Madrid o Bilbao se sorprenden al ver todo el movimiento que somos capaces de generar en Vitoria-Gasteiz. Coincido plenamente con Kthullu y creo que este movimiento es posible gracias al trabajo diario de decenas de personas… y a una normativa que a pesar de sus virtudes y defectos era laxa y permitía que esta escena local tuviese una agenda repleta de actividades, que “dejaba hacer” que dirían los liberales franceses.

Esta nueva normativa ha puesto nervioso al sector de la hostelería pero también al cultural. La intención es la de conciliar el derecho al descanso con el ocio: loable. La realidad: limita el espacio a la cultura y las posibilidades de realizar actuaciones en directo.

Ahora, para organizar un concierto en tu local hay que notificarlo con 10 días de antelación en el Centro Cívico. ¿Qué ocurrirá con todos esos grupos que llegan de gira y casi por casualidad, con uno o dos días de antelación? Pues que se tendrán que marchar a Pamplona o a Bilbao porque las multas -se han impuesto ya las primeras- ascienden hasta 1200€.

¿Qué ocurrirá si varios músicos sacan sus instrumentos y surge una jam session?

Pero… ¿y si se juntan varios músicos en un bar, sacan sus instrumentos y surge una jam session al estilo de las que organizaban los domingos en el Zeppelin? La multa puede ascender, de nuevo, a los 1200 €. ¿Pero qué necesidad había de fiscalizar todo esto en algo que funcionaba bien?

Sinceramente no quiero imaginar una Vitoria-Gasteiz sin esta marca de carácter. ¿Cuántos años lleva el Parral organizando los conciertos de los martes? ¿Quince, veinte? ¿Le van a obligar a cortarlos, a hacerlos un martes sí y un martes no?

¿A cuantas actividades se pretende acortar la actividad del Extitxu? ¿Limitar la escasa vida cultural de los barrios? ¿Es posible que, debajo de mi casa, un martillo hidráulico pueda trabajar hasta las 21:59 en base a decibelios pero el bar no pueda montar tres conciertos?

El ecosistema cultural va mucho más allá de los festivales. ¿Tendrán que marchar a Pamplona o a Bilbao los grupos que llegan aquí de gira casi por casualidad?

Pero… en ese camino entre lo que somos y lo que queremos ser, entre la realidad y los sueños, reflexionaba sobre la marca, el carácter, las características únicas de Vitoria-Gasteiz. La marca de ciudad o lo que proyectamos hacia dentro y hacia fuera. Más allá de lo Green, de Celedón, Fournier o las trufas de Goya, ¿qué es lo que nos forja, nos convierte en aquello que somos? ¿Cuales son nuestras fortalezas y oportunidades como ciudad?

La escena artística y cultural local nos convierte en únicas. Un ecosistema cultural que va mucho más allá de  festivales como el ARF o el Festival de Jazz que los complementa y que permea gota a gota. Que se mantiene activo de enero a enero y que logra involucrar a las personas jóvenes. ¿No es esta una característica clave de Vitoria-Gasteiz? ¿No es este uno de los mejores consejos que podría dar una Lonely Planet para perderse por nuestra ciudad? La importancia de la cultura alternativa en Vitoria – Gasteiz es capital y cuidarla es responsabilidad de todas y cada una de nosotras.

Me consta que existe voluntad de acuerdo por ambas partes; tanto por parte del Ayuntamiento como por parte de los agentes culturales. Espero que este entuerto legal se pueda resolver lo antes posible. Con diálogo, cariño y… altura de miras. ¡Veremos cómo avanza!

Mientras tanto… a seguir consumiendo y generando cultura!

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