Álava desde el cielo

| 15 octubre, 2011

Volar siempre ha sido una aspiración del ser humano, que ha intentado de forma insistente luchar contra la teoría de la gravedad, emulando a las grandes rapaces. Con ese objetivo, más de un centenar de personas están experimentando durante esta semana las sensaciones de lanzarse desde el aire sobre la Llanada Alavesa. El Aeroclub Vitoria, […]

Volar siempre ha sido una aspiración del ser humano, que ha intentado de forma insistente luchar contra la teoría de la gravedad, emulando a las grandes rapaces. Con ese objetivo, más de un centenar de personas están experimentando durante esta semana las sensaciones de lanzarse desde el aire sobre la Llanada Alavesa.

El Aeroclub Vitoria, en colaboración con el AeroClub Mimizan, ha organizado varios lanzamientos en paracaídas desde el Aeropuerto de Foronda. Casi cuatro mil metros de caída libre que concluyen con otros mil metros de descenso tras la apertura del paracaídas. Todo ello acompañados siempre por un monitor, en una experiencia para la que, pese a lo que pueda parecer, no hace falta ninguna condición física.

Los valientes han tenido que pagar 220 euros por el lanzamiento, a lo que se le une otros 80 euros para la grabación del momento. Una vez allí, quizá de más miedo pasar por la lúgubre terminal de pasajeros que montarse en la avioneta y lanzarse al vacío. GasteizHoy se ha pasado la mañana del sábado con los lanzadores, todos ellos emocionados antes del salto, y aún más tras la experiencia.

Alberto, a punto de cumplir 60 años, es uno de los que repite, tras haberse ‘bautizado’ en las anteriores jornadas que tuvieron lugar hace unos años.  Antes de su segunda caída libre, reconoce que “todo pasa muy rápido y apenas te enteras”. Alberto no viene sólo. Ha conseguido convencer a su amigo Edorta, para celebrar este 15 de octubre su 60 cumpleaños en el aire. A Edorta se le notan los nervios o la emoción previa al lanzamiento, que llegará poco después.

Quien llega emocionada de nuevo a tierra firme es Marta, quien reconoce también no haberse enterado casi de los 55 segundos de caída. “Se me ha hecho muy corto, pero las vistas son espectaculares y la sensación es muy agradable” confirma con una sonrisa de oreja a oreja.

Para Javier Lezcano, con mayor forma deportiva, también es su primera vez, y asegura haberse sentido “como un pájaro”. El responsable del Gimnasio Yin-Yang acaba de llegar, al igual que Marta, a tierra firme y aún se encuentra en un estado mezcla de “éxtasis y desconcierto”.

El tiempo de caída libre apenas llega al minuto. Entre el lanzamiento desde la avioneta y la apertura del paracaídas, la sensación que se percibe es similar a la de volar. “Incluso es posible dirigir el sentido del vuelo con las manos”, asegura Alberto, aunque Javier lo siente como un “dejarse llevar”. En cada caída los ‘bautizados’ no van solos, sino que llevan a su espalda un monitor, que desciende con ellos y es quien en todo momento dirige la trayectoria y evita posibles situaciones de peligro.

De hecho, Marta insiste en que no hay que hacer nada, “sólo disfrutar”. Uno de los monitores, natural de Maeztu, nos explica que los ‘paquetes’ sólo deben actuar en dos ocasiones: “Es importante salir del avión en buena posición”, ya que es el novato quien sale primero, mientras el monitor va enganchado a su espalda. Y en el aterrizaje el monitor es quien debe llegar primero al suelo. El que va delante “tan sólo tiene que levantar las piernas para que sea el monitor quien primero se apoye y evitar así dar la vuelta”.

A apenas 1.000 metros del suelo llega la apertura del paracaídas. Desde ese momento el descenso se frena y llega el momento de disfrutar del paisaje o, si se prefiere, de realizar un descenso en círculos y girando en torno al propio paracaídas.

No hay vértigo ni velocidad, porque no existe ningún punto de referencia. Sólo se siente el viento contra tí. Es como si estuvieses encima de un ventilador.


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