Ansar: qué hay detrás del vendedor de rosas de la noche vitoriana

10 noviembre, 2022

Ansar lleva 11 años en Vitoria-Gasteiz y desde 2021 cuida de sus tres hijos en solitario tras fallecer su mujer

Cualquier gasteiztarra que haya salido de fiesta en la última década conoce a Ansar. Todos los viernes y sábados vende flores, sombreros y gafas en la noche vitoriana. Muchos vitorianos le saludan por su nombre, y él responde al grito de '¡Amigo!'.

Cada noche consigue entre 10 y 15€, que no le dan para vivir. En realidad son un complemento a su trabajo principal: los últimos 6 años como jardinero en el Valle de Ayala. Ahora Ansar está en paro, que aprovecha para cuidar de sus tres hijos, que llegaron hace un año a Vitoria tras morir su mujer en 2020 en Paquistán.

11 años en Vitoria-Gasteiz

Mohammed Ansar nació hace 52 años en Paquistán. Llegó a Vitoria-Gasteiz en 2011, tras una breve estancia en Italia y en Barcelona. Acabó aquí gracias a un conocido y sus tres primeros años fueron duros: no tenía papeles y sus únicos ingresos venían de la venta de flores en la calle. Un paisano le acogió ese tiempo en su casa.

ansar vendedor flores vitoria

Mohammed Ansar, tras la entrevista con Gasteiz Hoy

Cuando cumplió tres años en España, consiguió los papeles. Desde entonces, ha enganchado un contrato tras otro: empezó durante un año en una empresa en Nájera y luego viajó a Valencia para la recogida de la Naranja. Volvió un tiempo a Paquistán y poco después se asentó en Vitoria-Gasteiz. Fue temporero de Txakoli en Aiaraldea y durante un año trabajó en la construcción en Pamplona: cada día viajaba en coche desde Vitoria junto con varios compañeros.

"Mi jefe me decía 'tú no hablas bien castellano, pero sí haces el trabajo bien', y eso me interesa"

En los últimos años, su trabajo como jardinero estaba en Amurrio. Un oficio que conoce muy bien, porque es a lo que se dedicaba en Paquistán: "Mi jefe me decía 'tú no hablas bien castellano, pero sí haces el trabajo bien', y eso me interesa". Ansar se deshace en elogios hacia su último jefe: "Jefe muy bueno, muy bueno". Hoy Ansar está en el paro, lo que por fin le permite 'conciliar' con su familia.

Viudo y familia

El 11 de noviembre de 2021 los hijos de Ansar llegaron a Vitoria-Gasteiz: tienen 16, 13 y 11 años (una cuarta hija ya está casada y vive en Paquistán). Hoy, un año después de su llegada, la ausencia de su madre hace mella en la familia. "No hay madre y estoy yo solo en casa con ellos. Cuando no hay madre, es muy difícil".

La mujer de Ansar murió en 2020 en Paquistán, tras 10 años de sufrimientos con distintas enfermedades. En ese tiempo Ansar trabajaba aquí para cuidar de los suyos allí. "Si tenía un poco dinero, lo mandaba, porque en Paquistán el médico es muy caro. No hay Sanidad pública como aquí, y hay que pagar mucho".

"Quiero que mis hijos estudien para que no les pase lo mismo que a mí"

Ahora Ansar está volcado en sus hijos: "Para mí es muy importante. Yo quiero que mis hijos estudien para que tengan un futuro. Yo no sé leer y escribir, y eso es importante". Sus tres hijos estudian en colegios de Vitoria-Gasteiz.

Conciliar era imposible con su último trabajo en Amurrio. Cada día viajaba en el bus de línea hasta Amurrio y pasaba todo el día en jardines del entorno. Ansar partía antes del amanecer y llegaba a última hora: "Me llamaban del cole para decirme que mi hijo estaba malo, y yo no podía ir a buscarle porque trabajaba lejos. Otros días me llamaban porque mi hijo no había ido y se había quedado dormido. Yo salía a las 5:00 de casa y volvía al anochecer".

Venta callejera

Ansar no hablaba español cuando comenzó a vender flores en la noche. Se comunicaba por gestos con sus clientes. Hoy, más allá de confusiones de tiempo verbal, con su marcado acento entabla una conversación tras otra en la noche vitoriana.

"Cuando no vendo bien, es muy cansado. Y si vendo bien, estoy tranquilo". Y esos días de buena venta la jornada acaba antes para volver a casa con su familia. Todo lo que vende lo ha comprado antes en un bazar.

Ansar abandonó la venta ambulante al conseguir un trabajo estable, que le daba dinero suficiente para vivir e incluso enviar algo a Paquistán. Pero volvió a las flores y complementos cuando sus hijos aterrizaron en Vitoria-Gasteiz. El piso que hasta entonces compartía con otros adultos es ahora un hogar familiar en el que él es el único trabajador.

"Yo no puedo insistir a alguien para que me compre porque no sé si tiene dinero o no"

En la venta ambulante él es su propio jefe: "Primero compro las flores en un chino y luego las vendo. No hay ningún jefe ni ninguna mafia", aclara sin preguntárselo. Ansar no insiste a quien no quiere comprar: "Yo no insisto si me dicen que no. Porque yo no sé si tú tienes dinero o no. No puedo insistirle a alguien para que me compre". Si le dice que no, él responde con una sonrisa: "Vale, no pasa nada".

  • ¿Cómo se porta la gente contigo?

"Hay muy poca gente que se porte mal. Mucha gente se porta bien".

  • ¿Y quiénes son tus mejores clientes?

"Lo que más se vende es cuando hay grupos con ganas de fiesta y en días de fiesta: ahí vendo gafas, abanicos... y vendo más cuando hay grupos de gente". Sus clientes son ya personas adultas habitualmente. "La gente joven no tiene pasta, me piden regalos. Y yo a veces hago regalos a una o dos personas, pero no puedo hacer a todos, porque yo pienso en mis hijos".

  • ¿Da dinero vender flores, gafas o sombreros?

Ansar es tajante: "Gano una puta mierda con flores. Un día consigo 10 euros, otro día 15 euros. En Fiestas sí va muy bien. La gente compra gafas, sombreros... pero sin fiestas es muy poco. Con solo flores no puedo vivir".

  • ¿Y dónde vendes?

"Yo no entro a los bares, yo vendo en la calle. A veces igual entro en un bar pequeño si no hay mucha gente. Pero si el dueño me ha dicho una vez que no, no vuelvo a entrar".

Muchos clientes regatean a Ansar con los precios. Y, aunque esto aquí lo podemos ver hasta grosero, la cultura de Paquistán es precisamente esa: "En Paquistán se regatea todo, hasta un café con leche. Primero te piden el doble para que tú le bajes. Y así hablamos".

Preocupado por el piso

Ansar está preocupado: lleva cinco años de alquiler en una vivienda en Arana, por el que asegura que paga "740 euros (comunidad incluida). Vivió allí con compatriotas, y desde 2021 es el hogar de su familia. Es un tercer piso sin ascensor con tres habitaciones en algo menos de 60 metros cuadrados. El contrato cumplió cinco años en junio, y ahora busca otro alojamiento. De hecho está registrado en Alokabide. El propietario quiere aumentar en 100 euros la renta: "Yo le he dicho que puedo pagar 30 euros más, pero él me dice que pague 840€", asegura. El propietario, sin embargo, aclara a Gasteiz Hoy que no ha planteado ningún nuevo contrato a Ansar (habla de "malentendido") y confía en que su inquilino consiga un alquiler social lo antes posible para poder tener una vivienda asequible para una familia vulnerable.

El propietario concedió a Ansar una prórroga de 3 meses que acaba de vencer. En estos 5 años ha ingresado cada primero de mes la renta. Ahora pide a los propietarios seguir en esa casa el tiempo necesario para encontrar otro alquiler o un piso en Alokabide: confía en que sea posible en seis meses.

Conseguir un piso en una inmobiliaria es algo muy complicado para Ansar y para cualquier vitoriano: "Piden tres meses de fianza y una nómina. Yo ahora no tengo nómina, tengo paro". Y su paro es de 785€, aunque a los seis meses bajará.

"Trabajar es muy importante para mí. ¿Para qué voy a pedir ayudas si puedo trabajar?"

Ya ha solicitado una vivienda en Etxebide, pero tendrá que esperar.  De momento no tienen casa para él, pese a ser un padre viudo con tres hijos a su cargo. Ansar ha solicitado la Renta de Garantía de Ingresos para complementar el paro, mientras encuentra otro trabajo y cuida de sus hijos.

La RGI y el paro son los primeros subsidios que Ansar pide desde que vino a Vitoria-Gasteiz: "Trabajar es muy importante para mí. Me gusta trabajar y tengo pierna, brazos, la cabeza está bien... ¿Por qué voy a pedir ayudas si puedo trabajar?" Por esta mentalidad ha encadenado un trabajo tras otro, igual que hacen muchos paisanos suyos: "Si estoy bien para trabajar, tengo que buscar trabajo. Si aquí no hay, busco en otro lado. Vendo flores, pongo una frutería, un kebab..."

Ansar volverá este viernes y sábado a vender flores, sombreros y gafas. Durante la semana su preocupación estará centrada en cuidar de sus hijos y asegurarse, cada día, de que van a clase y tienen qué comer.