Aretxabaleta-Gardélegi: Otro ejemplo del crash inmobiliario en Vitoria

22 marzo, 2013

Una urbanización de 111 viviendas se levanta solitaria en una zona en la que se iban a construir más de un millar de pisos

El estallido de la burbuja inmobiliaria sigue dejando ver sus consecuencias en la organización de Vitoria. A los problemas ocasionados en Larrein o Arkaiate se les une, desde el pasado mes de diciembre, el nuevo polígono de Aretxabaleta-Gardelegi. 111 viviendas, repartidas en tres edificios de una misma urbanización, permanecen como el único signo de que entre ambos pueblos está proyectado un nuevo barrio que, de momento, no verá la luz.

El pasado mes de diciembre, antes de la subida del IVA, cerca de 80 vecinos recibieron las llaves de manos de la cooperativa gestionada por Gesarqus-Sartriges. Desde entonces, la sensación de que están solos, y lo van a seguir estando mucho tiempo, impera en el ambiente. De las 111 viviendas más de una veintena permanece sin vender y muchos de los nuevos vecinos han optado por retrasar su traslado a esta zona.

Hasta hace un lustro el recorrido entre Aretxabaleta y Gardélegi se realizaba por la antigua carretera, entre campo y con la única presencia del depósito de presión ubicado entre ambas localidades. Ese depósito se levanta ahora como una nueva escultura del barrio, aunque acompañado por una excavadora que no se ha movido de su sitio desde hace varios meses.

Y aunque la urbanización de la zona está concluida, ninguna parcela alberga materiales que vaticinen un inminente inicio de obras. No hay grúas ni parcelas valladas. Tan sólo pueden observarse algunos carteles de promociones de VPO de Etxebide o de otras inmobiliarias como Adania. Carteles que prometen la llegada de nuevos vecinos pero olvidan mencionar el cuándo.

Todas estas parcelas forman parte del llamado sector 19, que incluye también las viviendas ubicadas entre Aretxabaleta y Vitoria, en la zona del ‘Nuevo Batán’ y en la cuesta de acceso al pueblo. En total estaba previsto levantar 2.932 viviendas en la zona sur de Vitoria, aunque de momento ni la mitad de éstas llegará a existir. De hecho, el Ayuntamiento llegó a un acuerdo el pasado año para una urbanización progresiva de los nuevos barrios.

Porque hasta ahora los promotores optaban por construir inicialmente las viviendas más alejadas. Así, al ir acercándose de nuevo a la civilización, las futuras promociones se encarecerían aún más al no existir la sensación de lejanía. Una estrategia perfecta en tiempos de la Burbuja Inmobiliaria, permitida por los sucesivos Ayuntamientos y que ahora provoca imágenes tan absurdas como ésta de las Calles Andoin y Okariz. En medio queda además un plan de redensificación necesario pero inviable ahora con el mercado actual.

Servicios básicos

La falta de civilización en el entorno tiene también sus consecuencias en los problemas del servicio. De momento la recogida neumática no se activará hasta que “concluyan las obras”, por lo que la basura se tiene que depositar en la calle en el suelo, como se hacía hace una década en el resto de zonas de la ciudad. Eso sí, las aceras están terminadas, y se ha asfaltado la zona e instalado el mobiliario urbano, al contrario que en Larrein.

Los vecinos también tienen problemas reiterados con el suministro de agua. De hecho, este mismo jueves no han podido abrir el grifo durante toda la jornada.

Otro de los problemas evidentes es el transporte. Con Borinbizkarra sin urbanos y Larrein aún dando la bienvenida al transporte público, en Aretxabaleta-Gardelegi la única alternativa está en acercarse hasta el pueblo de Aretxabaleta para, allí, esperar una hora hasta la llegada del urbano. Por ello, el coche parece la única opción, porque la bici queda reservada para los valientes que quieran sudar al volver a casa.

Vistas impresionantes

Eso sí: si de algo están contentos los vecinos es de las vistas desde sus balcones. Olarizu, Zaldiaran o las cuatro torres de Vitoria se aprecian con claridad desde cada una de las ventanas de estos edificios, que a uno le recuerdan al televisivo ‘Mirador de Monte Pinar’.

La tranquilidad que algunos pueden esperar de un pueblo es también patente en la zona. Durante la mañana los transportistas, montadores y trabajadores se mezclan con las decenas de paseantes de la zona. Y es que, según defiende una vecina, estas viviendas no están tan lejos del centro: “En 25 minutos estás en la Calle Paz, mientras que los más alejados de Zabalgana tienen casi una hora para llegar allí”.

Todos los vecinos que han hablado con GasteizHoy coinciden en que nada se puede hacer ahora para solucionar este despropósito de urbanización, por lo que muestran su resignación y buscan los puntos buenos de esta soledad. No arman guerra de momento contra las instituciones porque la pelea ahora se encuentra frente a la promotora, a la que acusan de querer quedarse con el fondo para contingencias depositado inicialmente y que no se ha gastado. Este mismo jueves han mantenido una nueva reunión en la que los vecinos, la gran mayoría de ellos jóvenes, han seguido conociéndose.

Son los únicos residentes del barrio y van a ser ellos mismos quienes intenten adecentar la zona. Para este domingo han convocado una brigada de limpieza de los solares adyacentes, donde se acumulan escombros de la obra y restos de los embalajes de muebles colocados. Será un trabajo común de unos jóvenes a los que ya nadie les quita el sueño hecho realidad de ser dueños de su propia casa.

 

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