Arreglando los errores

| 21 marzo, 2011

Vitoria será ciudad verde en 2012. Pero ser ciudad verde no es sólo ser una ciudad con muchos jardines y árboles, con un Anillo Verde que es la envidia de Europa, o con una concienciación máxima por el no uso del coche. El título de Green Capital también implica una apuesta por ser una ciudad […]

Vitoria será ciudad verde en 2012. Pero ser ciudad verde no es sólo ser una ciudad con muchos jardines y árboles, con un Anillo Verde que es la envidia de Europa, o con una concienciación máxima por el no uso del coche. El título de Green Capital también implica una apuesta por ser una ciudad sostenible. Sostenibilidad es una palabra muy utilizada en los últimos meses, pero que también conlleva una serie de actuaciones.

La Comisión Europea ya dio a Vitoria un toque de atención en Estocolmo por la mala planificación de sus nuevos barrios: Salburua y Zabalgana. Según la institución, los edificios están muy separados entre sí o, más técnicamente, la densidad de población es muy baja. Existe un exceso de espacio calificado como verde o para equipamiento, lo que se desemboca en numerosos problemas, a juicio de la institución.

El primero de todos es el mayor gasto en mantenimiento. Una mayor densidad de población garantiza generalmente menos costes para las arcas municipales. Costes derivados de la iluminación, limpieza, mantenimiento de parques y jardines, construcción de aceras, firme e instalación de mobiliario urbano…

Una mayor dispersión también resta vida a los barrios, según argumentan los técnicos. La falta de cohesión entre los diferentes edificios y viviendas puede acabar convirtiendo los barrios en dormitorios. No sería posible para todo el mundo bajar andando a comprar el pan, a tomarse algo o, simplemente, a jugar con los niños.

Y un tercer problema es la inseguridad. Los espacios abiertos, generalmente con una mayor oscuridad, provocan una mayor sensación de inseguridad. Un ejemplo es la planicie de Boronbizkarra. Entre la estación de servicio y los edificios, hay una auténtica campa, por la que los vecinos no se atreven a pasar por la noche.

Rectificación

Está claro que todo esto se debió de haber pensado y planificado antes. Sin embargo, los técnicos municipales (respaldados por el pacto de vivienda PP-PSE) pensaron que era mejor aprovechar el enorme suelo que tiene Vitoria. Por ello planificaron barrios abiertos, con numerosas zonas verdes, y con auténticas planicies por las que pasar de noche es peor que quedarse dormido en una calle del Bronx.

Ahora mismo Salburua y Zabalgana son dos barrios con vida, en los que vive gente. Vitorianos que se mudaron al barrio con un plano sobre la mesa, con una planificación en la que quedaba definida la ubicación del centro cívico, el ambulatorio, los colegios o los parques.

Es cierto que muchos de éstos fueron adjudicatarios de una VPO y por ello no eligieron libremente la vivienda que querían, sino que les tocó aquella en la que están viviendo (con los lógicos intercambios). Pero la  modificación romperá el espacio en el que se han acostumbrado a vivir.

La redensificación es legal. De eso no cabe duda. Se trata de una modificación del Plan General de Ordenación Urbana, que cuenta con el visto bueno de los técnicos y ha sido aprobada por el consistorio. Pero implica construir más de 23.000 viviendas allí donde inicialmente sólo se habían previsto 16.000.

También cabe preguntarse si esas viviendas son necesarias. El PGOU aún vigente parecía que iba a satisfacer las necesidades de vivienda para los próximos años. Conviene por ello asegurarse de que las 7.000 viviendas adicionales tendrán salida en el mercado.

Pese a estas nuevas viviendas, la densidad de población seguirá siendo inferior a la media del entorno urbano de Vitoria, y seguirá siendo superada por la gran mayoría de los barrios. En Salburua se pasará de 46 viviendas por hectárea a 74 viviendas, mientras que en el caso de Zabalgana se irá de 47 a 71.

Las nuevas viviendas permitirán acercar más a los vecinos entre sí. Eliminarán espacios verdes, pero a cambio atraerán aún más vida. Eso sí, puede provocar además problemas añadidos entre los vecinos de los barrios, con las obras que tendrán lugar en los próximos años, primero con la urbanización, y después con la construcción de los nuevos edificios.

No habrá nunca consenso sobre la idoneidad de un plan. En este caso parece que prima la necesidad de corregir un fallo gordo, en lugar de dejarlo tal como está. Sólo el tiempo dará o quitará la razón.


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