Los bares de toda la vida renacen en manos chinas: "Apunto en una libreta el nombre de cada cliente y qué le gusta"
“Antes venías por costumbre, ahora porque da gusto”, comentan parroquianos sobre la atención en locales regentados por chinos: "Siempre te reciben con una sonrisa"
En Vitoria hay bares que huelen a tortilla recién hecha y suenan a conversación de toda la vida. Pero, si uno mira bien, tienen detrás una historia nueva. Son los de siempre, sí, pero con acento distinto al de antes.
A pocas calles del centro, en Adriano VI, el Café Boulevard cuenta una de esas historias. Lo llevan Xiaohua Yan y su esposa Guoli Ye, con ayuda de su hijo Yixu Yan. La familia lleva 18 años aquí y 10 con el bar. Apenas ha cambiado la estética del local: taburetes redondos, mesas bajas, bandera del Alavés...
"Cuando mis padres cogieron el bar no sabían ni poner un café", recuerda Yixu con una sonrisa. "Se fijaban en lo que iba pidiendo cada cliente para tenerles las cosas preparadas cuando entraran por la puerta", cuenta.

Y es que, antes de la cafetería, pasaron por un bazar y por otro local de hostelería. "Necesitábamos dinero de verdad", dice Yixu. Xiaohua Yan, el padre, se sabe de memoria el nombre de los clientes y lo que piden, mientras, Guoli para aprendérselos, los fue apuntando en una libreta. Querían ser lo más cercanos posibles, "Aquí apunto lo que les gusta, cómo se llaman. Así no se me olvida quién es quién".
Esa sensación de pertenencia no es casual. En Vitoria-Gasteiz viven 33.208 personas de nacionalidad extranjera. Muchos de esos nuevos vecinos, de Marruecos, Colombia, Pakistán o China, han encontrado en la hostelería su punto de entrada a la ciudad. Según datos del Gobierno Vasco, uno de cada cuatro trabajadores extranjeros en Álava se gana la vida en este sector.

Del bazar al bar
Cada año, en Vitoria cierran decenas de negocios por jubilación o por falta de relevo. Programas como Berriz Enpresa intentan evitar que esos locales bajen la persiana definitivamente. Y quienes más lo aprovechan son familias migrantes como la de los Yan.
En los informes sobre población china en Euskadi ya se habla de este fenómeno: del bazar al bar de toda la vida. 913 vitorianos de nacionalidad china viven en nuestra ciudad. Familias que han encontrado en los bares una forma natural de integrarse. Lo hacen sin borrar lo que había, manteniendo la estética, el menú y el espíritu del barrio.
Del sur de China a la calle Gorbea

En la calle Gorbea, la Taberna Garbeo sigue ese mismo camino. Lo lleva una familia llegada del sur de China. Supieron que el local estaba cerrado gracias unos amigos y alquilaron el local. Abrieron en 2021, cuando todavía se notaban los coletazos del covid. Desde entonces, el Garbeo es puro pintxopote. Los jueves se llena de txoripanes, croquetas, alitas de pollo... que acompañan al habitual pote.
La suya es una historia sencilla, pero repetida: las estadísticas dicen que la mayoría de los negocios gestionados por familias extranjeras en Euskadi están ligados a la restauración, el comercio o los cuidados. Y es que, el trabajo de estas familias, mantiene el alma y el ambiente de los barrios.

Zaramaga: el latido del barrio está en las terrazas
En la calle Reyes de Navarra, en pleno Zaramaga, el acento chino suena también en muchos de los bares. Esta calle ha visto durante décadas las tardes de partida, los desayunos de la mañana o el poteo vespertino. En esta calle están, entre otros, el Riojanito o el Bodega Zaramaga, nombres muy de aquí pero muy de allí también. Bares de toda la vida ahora regentados por familias chinas: ofrecen mostrador largo, grifo e incluso menús del día en algún caso.
“Hablan poco, sí, pero nos entendemos de sobra".
Los parroquianos del Bar Bodega Zaramaga coinciden en lo mismo. “Antes venías por costumbre, ahora porque da gusto”, comenta un hombre en la terraza. “Siempre te reciben con una sonrisa, y si pides un vino, ya sabes que te va a caer un pintxo sin pedirlo”, cuenta sonriendo.

Hablan de lo limpio que está el local ahora y que, aunque les cueste el idioma, hacen por entender. “Hablan poco, sí, pero nos entendemos de sobra. Con un ‘hola’ y una sonrisa se arregla todo".
La comunidad china no es la más grande, ni de lejos, pero es de las más estables y trabajadoras, como destacan los informes del Gobierno Vasco. Y es que apenas tienen tasa de paro, gracias especialmente a que la mayoría optan por emprender. Lo suyo no es hacer ruido, sino mantener el ritmo del barrio. Transforman poco, pero sostienen mucho.
Quizá por eso, cuando uno entra al Boulevard, al Garbeo, al Riojanito, al Bodega Zaramaga o a cualquiera de la decenas de bares gestionados por chinos no piensa que haya cambiado el dueño. Piensa que el bar, y el barrio, siguen vivos.
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