Blanca, hada madrina de las comuniones, cuelga la varita tras 47 años

13 enero, 2024

Blanca Amestoy se jubila y cede el testigo de Elbe, la boutique de ropa infantil especializada en comuniones

Comerciante, administrativa, esposa, madre, costurera, autónoma… Pero por encima de todo, Blanca Amestoy ha sido el hada madrina de las comuniones vitorianas. Desde el mostrador de la tienda Elbe, siempre ha tratado de que el traje gustara y, sobre todo, encajara, para que cualquier txiki disfrutara de una ocasión tan especial.

Ahora, 47 años después, cuelga la varita. Lo hace tras toda una vida al frente de esta boutique de moda infantil ubicada en la calle Canciller Ayala, donde este recogido local supera el siglo de vida. Fue en 1976 cuando una joven Blanca se hizo cargo.

De secretaria de dirección a comerciante

Elbe Blanca Amestoy jubilacion

Blanca, con una foto detrás de su primer día en Elbe.

Ella, que había estudiado Administración en un centro de la calle San Antonio, y trabajaba como secretaria de dirección en una empresa de luces de emergencia, Daisalux. "Mientras estudiaba, cuidaba a unos niños que vivían en esa misma calle, y el padre me dijo que, en cuanto acabara los estudios, tendría trabajo en la compañía", rememora. Dicho y hecho.

Entonces, nada más lejos de su imaginación que tener una tienda de ropa infantil. Pero la vuelta  de su hermana a Vitoria-Gasteiz, desde Barcelona y con dos niños pequeños, cambió sus planes. Para siempre. "Yo le buscaba un trabajo, porque se venía a casa de mis padres", justifica.

Al principio, Blanca trabajaba por las mañanas en una empresa y por las tardes en la tienda

Cuando vio que Elbe se traspasaba, ni se lo pensó. Negoció con sus anteriores responsables, Elvira y Begoña, (la primera sílaba de cada nombre forma el de la tienda) y se hizo con las riendas de la boutique. Sin saber nada sobre cómo llevar un comercio ni atender cara al público.

"Tampoco me dieron ningún consejo. El primer día que abrí, me daba vergüenza cobrar las primeras ventas que hice", confiesa con sonrisa nostálgica. Durante varios años, se alternó con su hermana. "Ella estaba por las mañana y, para que cuidara a sus hijos, yo venía por las tardes".  De 8 a 15 trabajaba en la empresa, salía, comía y de 17 a 20:30 atendía en Elbe.

Inicios:  préstamos, pedidos excesivos...

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Un doblete intensivo. Y más en los inicios de un negocio, con lo que implica: préstamos, pedidos, ventas... El desconocimiento le generó algún que otro sinsabor. "Un fabricante de punto, de esos jerséis de greca que eran lana pura y picaban, me metió un embolado... Me puso un pedido con dos jerséis por talla, decía que los vendía pronto y bien. No sé ni cuánto tiempo los tuve en las estanterías", cuenta como anécdota.

"Para aprender, perder", sentencia. Y vaya si lo hizo. "Hace mucho tiempo que solo se trae un modelo por talla y, si hace falta más, se pide y listo", aclara. Así fueron saliendo adelante. Hasta que, a principios de los años 80, el destino hizo de las suyas. De nuevo.

"La ropa de comunión y celebraciones es la mejor venta de la tienda"

Su hermana decidió dejar la tienda. La empresa en la que estaba entró en suspensión de pagos y cerró. Blanca llamó a la puerta de algún banco para trabajar. Probó suerte en un par de oposiciones. Nada. Así que siguió en Elbe. Ya a tiempo completo. Y hasta hoy.

Desde entonces, no ha faltado ni un solo día al trabajo. Salvo por el nacimiento de su hijo e hija. "He venido hasta con 40 de fiebre", confiesa. Y, si de vacaciones hablamos, 10-12 días han sido su máximo anual. El esfuerzo, el sacrificio y la dedicación los tiene forjados a fuego. También su condición de autónoma, claro.

La ropa de comunión es su seña de identidad

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Pero es que Elbe ha sido la vida de Blanca.  "Cuando cogí la tienda, era una boutique infantil con bastante menos ropa que ahora. Y más pija, se vestía así. Las niñas iban al parque con sus vestiditos de nidos de abeja. Y los niños con zapatos. Ahora, un chándal, te lo llevan hasta a la boda o comunión", compara.

Su hermana no era partidaria de introducir cambios en el negocio. Por eso, una vez que se quedó sola, apostó por la seña de identidad de la casa. La ropa de comunión y la moda infantil para bodas, bautizos o celebraciones especiales. "Es la mejor venta de esta tienda. Elbe no da para hacerse rico, pero sí para vivir", sostiene.

"En mayo falleció mi hermano y me planteé que era el momento de parar"

Y, pese a lo que pudiera parecer, asegura que esta temática mantiene el mismo tirón de siempre. "El año pasado me hice casi 100 vestidos de comunión. En chico fue algo menos. Antes era al revés, en eso sí que ha habido cambio", admite. Ayuda el que la competencia no sea excesiva. "Salvo El Corte Inglés, alguna tienda de novias y otra en Lakua, creo que no hay más", enumera.

También las facilidades que da para conseguir el modelo deseado: "Si por ejemplo no ajusta, hablo con fábrica para que envíen tallas diferentes para la falda y la parte de arriba. Y, si hay peticiones concretas, miro cómo hacerlas posible". Además, aconseja estilismos y ofrece exclusividad. "En las iglesias donde he vendido un vestido, no hay dos niñas iguales. Eso es muy importante", recalca.

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Vestidos largos (entre 395 y 450 euros) y cortos (en torno a los 200 euros), monos, trajes de marinero, de almirante, americanas... Comparten hueco con pijamas, camisetas, pantalones, chaquetas, jerséis y ropa de bebé.

También con una parte más de sport. "Es de la marca Boboli. Trabajo con ellos como franquicia, y somos una de las 5 tiendas en todo el país que más les vendemos", presume. Todo ello cuenta desde hace dos meses con un 30% y 50% de descuento, en un intento de dar salida al máximo género posible antes de retirarse.

Su despedida

Por eso Blanca apura estos días con su clientela, formada por varias generaciones: "Vienen abuelas y nietas, madres a las que de pequeñas vistieron aquí...". Las compras se alternan con las despedidas. Aunque aún no tiene fecha fija, calcula que será a finales de febrero o marzo cuando abandone Elbe.

Elbe Blanca Amestoy jubilacion

La tienda seguirá, porque traspasa el negocio. Pero, con 67 años y medio, Blanca cree que ha llegado su momento. De nuevo, una situación familiar fue decisiva en su nueva vida. "En mayo, falleció mi hermano de repente, de un mes para otro", desvela. "Fue cuando me planteé que tenía que acabar de una vez.  De salud estoy bien, pero llega un momento en que toca parar", incide.

Aún así, reconoce que lo teme. Está acostumbrada a años de actividad frenética. No solo en la tienda. También en casa. Porque lleva toda la contabilidad del negocio. Y también cose la mayoría de arreglos, salvo los de comunión.

¿En qué momento? "Cuando llego a casa me pongo con unas cosas y otras, porque en la tienda no puedes hacerlo. Ahí hay que estar a atender al público, los pedidos, los expositores, el inventario... Así que mi hora de meterme a la cama no es antes de las 2 de la mañana", desvela.

Viaje, setas y nietos

Sus pocas horas de sueño y su hiperactividad la ayudan a mantener el ritmo. "No me lo voy a creer el día que, de repente, no tenga que venir más. Me va a parecer muy raro", insiste. Por si acaso, para no parar de golpe, ya tiene plan a la vista: un viaje con su marido Roberto. "Uno bueno, largo, de varias semanas, Pero no a Nueva Zelanda como quieres", le apunta entre bromas.

También aprovecharán para disfrutar de una de las pasiones de él: ir a por setas. "Y haremos buenas sesiones de senderismo", promete Roberto. Aunque, sin duda alguna, lo que más ilusión le hace a Blanca es pasar tiempo de calidad con sus nietos: "Dos niñas, una de casi 9 años, que justo hace la Comunión. Otra de 5 y el pequeño de 3".

Eso sí, con aviso a navegantes: "Es lo que más me apetece. Pero sin ejercer de abuela las 24 horas, en plan niñera, ¿eh?".