¿Qué pinta este eguzkilore en el Pikatxo?

21 abril, 2024

El club de montaña San Ignacio Basotxo ha colocado un buzón en lo alto de esta cumbre de la Sierra de Badaia

El monte Pikatxo luce una nueva decoración. Un eguzkilore dorado sobre dos picos nevados se alza en lo alto de los 865 metros que alcanza esta cumbre de la Sierra de Badaia. ¿De qué se trata?

Es un buzón de montaña que el club de montaña San Ignacio Basotxo ha instalado este domingo. Varios integrantes se han desplazado hasta el valle de Kuartango para, desde allí, iniciar la subida hasta la cumbre.

Según han señalado a Radio Vitoria, un todoterreno les ha permitido transportar el material necesario: cincel, plana (o llana) y cemento. Amén de un hamaiketako para reponer fuerzas.

Quinto buzón de montaña

Buzon de montaña Pikatxo Sierra Badaia

El del Pikatxo es el quinto buzón que este club instala en distintos montes alaveses. Los otros se encuentran en el Basotxo, en el Egaña (o Paletón), en el Alto del Silo y en el Santa Cruz, en la sierra de Arkamo.

Enrique Zamora Larrauri ('Txapi') y Camilo son dos de sus socios veteranos. Juntos, explican cómo la colocación de buzones en las cumbres es una tradición "centenaria" del alpinismo. Se inició en el siglo XIX.

Quienes subían a un monte, dejaban en algunas cajas de latón anotaciones con sus datos, la fecha del ascenso y las condiciones del mismo. Luego se sustituyeron por tarjetas y, en ocasiones, hasta cartas. Fue cuando los clubes de alpinismo decidieron instalar estos buzones en las cumbres. "El que subía, la recogía y devolvía al club. Así se sabía quiénes habían ascendido", detalla Camilo.

Pedir permisos

Serán unos 300 los que pueblan las cimas más altas de los montes alaveses, cada uno con su figura y forma distintiva. El eguzkilore es la del Basotxo, club nacido en 1964 en el barrio vitoriano de Adurtza. "Los hace un socio del club al que le gusta construirlos", indica 'Txapi'.

"La colocación no es libre, hay que pedir permiso a la federación de montaña correspondiente, está regulado. No hay normas, pero sí que hay que intentar darles un mantenimiento cuando se estropean", matiza Camilo.

Para él, la del Pikatxo es la primera ocasión en la que ve cómo se coloca 'in situ' un buzón de montaña. Sobre todo porque también ha sido de los que dejaban alguna tarjeta en los ya existentes. "Escribías algo y veías que, al cabo de unos días, la tarjeta llegaba al club. Entonces recordabas todo lo bonito que habías vivido", rememora.

La llegada de los móviles aparcó mucho esta práctica, convirtiéndola en algo más "anecdótico". Aunque los buzones de montaña permanecen como guardianes de las cumbres y, "de vez en cuando, encuentras una tarjeta".

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