Celso, el bisabuelo de 92 años entusiasta del Pokémon GO

14 mayo, 2022

Celso Corral disfruta a diario de este popular videojuego, que le entretiene en sus paseos por el barrio, y donde ya tiene un elevado nivel

Cuando Celso Corral sale a pasear, no pierde ojo por si se encuentra con Charmander, Squirtle, Pidgey o Raichu. Y no, no son los motes de ninguno de sus amigos. Aunque a muchos de ellos los conoce bien. Desde hace casi seis años. Porque, a sus 92 años, Celso no pasa un día sin jugar al Pokémon GO.

Mientras otros de su quinta, y más jóvenes, se entretienen fuera de casa leyendo el periódico o jugando al mus, este bisabuelo de origen gallego calcula su paseo diario para repostar en las pokeparadas y sumar puntos. Su objetivo, alcanzar el nivel 40, el máximo disponible en este juego hasta hace dos años.

En su barrio, en el entorno de Los Herrán, conocen de sobra su afición. Ya a nadie extraña verlo absorto en su móvil mientras caza a los numerosos personajes y obtiene recompensas. Todo un entretenimiento para Celso, que le sirve para mantener la mente ágil y, de paso, 'matar' las horas.

Pokémon Go Celso Corral

Celso, junto a una pokeparada en la calle Pío XII.

De natural inquieto, Celso no pudo resistirse al furor que, en 2016, causó este videojuego de realidad aumentada. En aquel momento, las calles, parques y plazas de todo el mundo se llenaron de jugadores, ansiosos por localizar personajes virtuales ocultos en el mundo real. Lo mismo pasó en Vitoria-Gasteiz.

"Era mayor y no sabía bajar el juego, hasta que una nieta me ayudó"

"Cuando salió el juego en mi familia todos estaban cazándolos. Veía que se iban por un lado y por otro y me quedaba solo", explica sonriente, ataviado con una gorra de Pokémon regalo de una nieta.

Así que no se lo pensó dos veces y les dijo que él también quería jugar. "Pero era mayor y no sabía bajar el juego en el móvil", lamenta. Hasta que, en una cena familiar, una de sus nietas le ayudó a instalarlo y le explicó los pormenores. "Justo delante de donde estábamos había una iglesia con una pokeparada y ya empecé a cazar Pokémons", recuerda encantado.

Celso Pokémon GO pokeparada

El resto, es historia. En todo este tiempo ya no ha parado. Y además se le da bien. Claro que también ha sufrido sobresaltos. "Tenía mucho nivel, pero perdí el móvil. Tuve que comprar otro y empezar de cero", añade.

Y no olvida la emoción cuando atrapó, por fin, a Pikachu. "Llevaba seis meses jugando y se me resistía. Un día, estaba en un bar donde había dos pokeparadas. La camarera también jugaba y tampoco lo tenía. De repente, lo pillé, se lo dije y ella también lo consiguió. De la alegría, nos dimos un abrazo como si nos hubiera tocado la lotería", admite.

Cambio de nivel

Ahora se esmera para superar el nivel 39. "Hay que conseguir cinco millones de puntos y yo llevo poco más de dos, me está costando", reconoce. Y eso que se sabe todos los entresijos. "A menudo dan muchos puntos, igual por un Pokémon ofrecen hasta 450 puntos, pero te lo ponen durante una hora solo. Y si fallas, te van restando. Y los sábados a las doce de la noche, dan hasta 1.650 puntos", desvela.

Celso Pokémon Go Vitoria

Clasificación de Celso, que busca llegar al nivel 40.

También tiene bien controladas zonas de Vitoria-Gasteiz con muchos Pokémon, como el Polvorín y la Florida, y pokeparadas como una junto a su casa, "en un tiesto cercano", o  las de Pío XII y la plaza Santa Bárbara. "En ellas coges las bolas cada cinco minutos y sumas puntillos. Así que, cuando vengo por aquí, tomo un café y aprovecho", admite.

No pierde la esperanza de alcanzar a uno de sus hijos, que con 63 años también disfruta con este videojuego. "Le digo que le voy a pillar, porque él tiene más nivel que yo. Entra en las batallas para sumar puntos, pero yo eso no lo hago", detalla. Y no descarta cumplir su objetivo, "porque creo que, aunque sigue jugando, está un poco aburrido", confiesa.

Celso Pokémon GO Vitoria

Celso, con su gorra de Pokémon, en otra pokeparada en Santa Bárbara.

Es consciente de que, ahora, la gente "ya no juega tanto como antes, que era terrible. Ibas por La Florida y oías a chavales atrapando Pokémon. Yo les decía que yo también, y me ponía a hablar con ellos", suelta entre carcajadas. Campechano y jovial, apunta que este videojuego "no es para los jóvenes: tienen que ir al colegio, estudiar y trabajar. Es para los mayores, que no tenemos muchas cosas que hacer".

Su familia, su alegría y orgullo

Él lo sabe bien. Jubilado a los 60 años de Esmaltaciones San Ignacio, tras casi cuarenta años en la fábrica vitoriana, ha disfrutado de viajes por Europa y hasta la Riviera Maya con su familia. Tres hijos (a los que él crió tras quedarse viudo cuando eran jóvenes), cuatro nietos y un bisnieto de cuatro años que son su alegría y orgullo.

"Estoy muy contento porque se llevan todos muy bien y nos juntamos con mucha frecuencia. Y, aunque vivo solo, me visitan casi todos los días", se entusiasma Celso. Aún recuerda, como si fuera ayer, cuando a los quince años abandonó su pueblo natal, Santa Cristina de Vea, en A Estrada (Pontevedra), para venir a trabajar a la capital alavesa.

Un hermano mayor le recomendó venir a Vitoria-Gasteiz cuando él tenía 15 años

"Éramos once hijos y sobrábamos en casa", sonríe nostálgico. Un hermano mayor le recomendó venir a Vitoria-Gasteiz porque aquí "iba a ganar en un mes lo que allí en todo un año", explica. Y no se lo pensó dos veces.

Su primera parada fue el pueblo de Cerio, donde trabajó en el campo antes de hacer la mili. "Pero yo tenía ganas de venir a la ciudad, porque entonces había aquí muchas fábricas. Quería trabajar y conocer chicas", admite con picardía. Su deseo se cumplió. Ávido de conocimientos no se conformó con su labor en Esmaltaciones. Aprendió albañilería (él mismo reformó por completo su piso) y durante años se dedicó también a la compra venta de coches.

Celso Corral Pokémon Go

La natación, el fútbol y los juegos de pelota le han mantenido en forma. Y la mente la entrena con uno de sus nietos, profesor de latín, con el que suele intercambiar algún que otro conocimiento en esta lengua. Fruto de su infancia como monaguillo.

Sin embargo, el paso de los años y un marcapasos le han obligado a bajar el ritmo y adoptar una vida más tranquila. Pero no aburrida, gracias a la tecnología. Ahora, salvo alguna visita ocasional, con las amistades (sobre todo de fuera de Vitoria), habla por WhatsApp a diario. También lee las noticias deportivas digitales. Y sin olvidar, por supuesto, a su fiel compañero: el Pokémon GO.