¿Dónde está la gente de Vitoria-Gasteiz?

22 julio, 2021

Las vacaciones, el miedo a los contagios y el cambio de hábitos reducen de forma importante la presencia de gente en las calles de Vitoria-Gasteiz

Sábado de julio, 19:30. Todo el mundo busca una terraza a la misma hora en Vitoria-Gasteiz, lo que da una sensación falsa de lleno: hay menos espacios en los que consumir, y por tanto se llena más rápido. Pero si nos fijamos en la calle nos daremos cuenta de que la gente que pasea por el centro es poca, comparado con los sábados de 2019 a la misma hora. Y si nos alejamos del Ensanche y el Casco las mesas vacías se multiplican. Tan solo Kutxi, La Cuesta y su entorno tienen barullo de gente. Parecen aglomeraciones, pero muy lejos de la afluencia prepandemia. Hay, en general, menos gente en la calle.

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¿Dónde estamos los vitorianos? Esta pregunta tiene múltiples respuestas que, sumadas, van restando gente a la calle. Pero hay múltiples factores:

  • Más excursiones y planes de día completo
  • Vacaciones
  • Más visitas a los pueblos
  • Gente que se queda en casa por temor a contagios
  • Gente que se retira a cenar a casa tras dar una vuelta
  • Gente que se queda en los bares y parques de su barrio
  • Gente que evita coger el transporte público
  • Cuarentenas por positivos y por contacto estrecho (más de 1.200 positivos en los últimos 15 días)

La cuarentena es la primera razón que explica la falta de gente en la calle. Actualmente hay unos 1.200 positivos activos, a los que se pueden sumar hasta 10 contactos estrechos por cada positivo. Además, los contagios ahora se dan en personas más activas, que hacen vida social en la calle de forma habitual.

Cambio de hábitos

La pandemia ha cambiado nuestros hábitos por completo. "No solo es el miedo a contagiarse. Las restricciones han durado bastante tiempo, esto ha cambiado hábitos", explica la psicóloga Blanca López de Etxezarreta: "Es probable que no se pueda recuperar al 100% volver a los bares y el tránsito a centros comerciales; cuesta recuperar hábitos perdidos. Cada cual elegirá: hay gente que está cómoda y le gusta esta forma de vida: ahora se reúnen de otro modo, ir de barbacoas, se van a pasear en vez de quedar a tomar algo..."

La pandemia ha 'europeizado' los horarios y costumbres de los vitorianos. Hemos cambiado bares por campo y hemos adelantado los horarios de cena y de retirada.

La pandemia ha traído también "mucha desconexión social": personas que se han desvinculado de sus grupos de amigos por no saber adaptarse: "Es una cuestión de creatividad, hay gente que se ha adaptado y otra que no". "La mascarilla y la distancia social han hecho estragos; y ya tendíamos a una sociedad individualista".

Más de un año de cambios, que han disparado las excursiones y la venta de comida a domicilio. En realidad, la sociedad "se ha expandido a la naturaleza y a los espacios abiertos. De algún modo se ha roto la cultura del bar y el txikiteo como única forma de vivir el ocio", explica López de Etxezarreta.

Las terrazas dan una sensación falsa de lleno que no se corresponde con la realidad

La hostelería aprecia esta situación. El espacio para clientes se ha reducido a las terrazas y las mesas interiores. Y, salvo momentos puntuales en la tarde del sábado, es fácil encontrar mesa en algún bar u otro. En realidad, las terrazas nos dan una sensación falsa de lleno.

También los centros comerciales han caído en visitantes. En El Boulevard en junio tuvieron un 7,8% menos de visitantes que en junio de 2019, una caída menor que en centros de otras ciudades. Los conciertos y espectáculos programados en el Iradier Arena, el Buesa o el Principal tampoco logran llenar.

Más significativo es el aforo de Mendizorrotza y Gamarra. Apenas se ha llenado tres días en todo el verano. Sí, es cierto que no ha hecho tiempo de piscina. Pero incluso en algunos días con buen tiempo (el pasado fin de semana) la asistencia máxima simultánea fue de 2.000 personas.

Las excursiones han aumentado, y mucha gente ha cogido vacaciones en julio

En el lado contrario están las excursiones y viajes de día. En Viajes Bidasoa ha aumentado la demanda de sus excursiones de día y del bus playero. También Viajes Araba ha notado el aumento: los fines de semana fleta 3 y hasta 4 autobuses para cada día hacia la playa. Incluso, en Viajes Bidasoa reconocen un aumento de los viajes vacacionales. Y es que muchas familias han ido de vacaciones en julio.

En los montes y pueblos  de Álava se mantiene también el aumento de excursionistas y montañeros. Ha bajado respecto al confinamiento perimetral, pero siguen siendo importantes las excursiones. La pandemia ha servido para conocer también el territorio.

Hostelería y gimnasios

La hostelería y los gimnasios también están muy lejos de los niveles prepandemia. Especialmente en su interior. El deporte se practica ahora en exteriores (o no se practica) y el poteo en el interior de bares es ahora más 'trago largo' en terrazas. El tardeo y la comida a domicilio son los salvavidas de la hostelería.

"Los hosteleros somos los damnificados a nivel económico y de imagen", asegura Carlos, de Kutxiko Taskeroak. En sus locales de Kutxi (Erdizka y Anboto) hay gente ("son pocos") que sigue con miedo a comer en el interior, pese a las distancias y a la ventilación constante del local. La kutxi también aprecia cambios en el perfil de clientes: "Gente más joven que antes iba a otras zonas del Casco ahora ha vuelto a la Kutxi", asegura. Aunque en la calle buscan recuperar su identidad y su clientela prepandemia.

En Kutxi reconocen que la prohibición de la barra merma mucho su facturación: "Aceptamos adelantar el cierre a las 12 si a cambio nos abren la barra. Preferimos desde luego hipotecar dos horas pero que las barras funcionen". Y es que muy pocos locales aguantan hasta las 2 abiertos. Ni siquiera los fines de semana. "Cierras antes casi siempre. Y hay momentos en que tienes que cerrar por responsabilidad social. Cuando vemos que no es gestionable cerramos". Carlos se refiere a los momentos de euforia e, incluso, de tensión que se dan en ocasiones en los bares.

"Incertidumbre general"

"La gente está desorientada, noto incertidumbre general. Un día trabajamos mucho y al siguiente apenas tenemos gente". Las reservas son ahora algo minoritario: "Trabajamos mucho a última hora, hay días que apenas tenemos reservas y a última hora se llena".

Javi también aprecia un pequeño adelanto en los horarios de cena: "Antes todo empezaba sobre las 10-10:30, y ahora se ha adelantado. Y también se ha atrasado algo el horario de comidas los fines de semana".

Nos cuesta adaptarnos a la mayor libertad de apertura de horarios

Eric gestiona La Creme en la Plaza de España, un establecimiento que trabaja principalmente en las terrazas. Su horario fuerte es, como el resto de terrazas del Ensanche, entre las 7 y las 10 de los sábados. Pero el también nota que nos cuesta adaptarnos a la mayor libertad: "Nos han abierto la hostelería poco a poco, y a la clientela le costaba adaptarse al nuevo horario. Cuando nos abrieron hasta las 22:00, se iban antes. Y cuando nos abrieron hasta medianoche, se iban sobre las 22:00".

Lara trabaja como camarera en la Zapa. También ahí los horarios han cambiado. De 18:00 a 20:00 es un horario fuerte, que se retoma en su caso sobre las 23:30, con las cenas: "De 21:00 a 23:30 no hay apenas gente". En su caso es público adulto, que llega con ganas de fiesta al límite del cierre horario.