El Test Psicotécnico, Parte II: In Mayas we trust…

| 11 septiembre, 2012

Nueva entrega de la serie “Sin carnet a los 28”

Una vez que hube terminado mi ginkana de dos días por Vitoria para tratar de solucionar el desaguisado que habían montado con mi DNI en la Jefatura de Tráfico (ver04. El Test Psicotécnico, Parte I) me dirigí, ya por fin, a realizar el test psicotécnico.

Decidí que tras la experiencia pasada ya no tenía ánimos de volver a la misma clínica donde había empezado mi aventura, de modo que preferí acercarme a otra que se encontraba a escasas manzanas de allí, también relativamente cerca de la Jefatura de Tráfico, junto a la que me encontraba.

Así que entré a esta nueva clínica y les informé de que quería pasar el test para el carnet de conducir B1. La chica, de poca fibra en su dieta también, me pidió el DNI y comenzó a introducir mis datos en el ya mítico programa informático. Pasé por unos pocos segundos de tensión pero finalmente estaba todo en orden. Así que tras pagar la cantidad correspondiente por fin podía comenzar mi examen.

Este examen consta de 3 partes. En la primera tratan de averiguar si estás en las condiciones físicas pero sobre todo psíquicas apropiadas para poder conducir un automóvil. ¿Y cuál es el mejor modo de sacar una conclusión sobre el estado de una persona? Pues preguntárselo a ella misma. De manera que cuando estén rellenando vuestra ficha, llegará un momento en el que os preguntarán si tenéis algún tipo de enfermedad o trastorno que pueda afectaros a la hora de conducir. Si no la tenéis no hay problema. En caso de que así sea y sufráis mareos, ataques de ira homicida (como el que yo traía en ese momento), narcolepsia o cualquier otro tipo de afección, éste es el momento de decirlo, así la buena enfermera podrá anotarlo, os denegarán la autorización para presentaros al examen, habréis tirado el dinero de la autoescuela a la basura y ya no podréis seguir contando vuestras aventuras en un blog de internet.

Otra opción sería mentir y decir que no, que no tienes ningún tipo de problema, pero vamos, eso no lo hace nadie, primero porque mentir está muy feo y segundo porque si no nos podemos fiar de las personas a las que les están haciendo un test psicotécnico, estos no tendrían ningún tipo de valor o utilidad y se convertirían tan solo en un sacacuartos. Además, ¿os imagináis que en uno de estos casos a alguien se le ocurriera mentir y le diesen la autorización para conducir o llevar una recortada? No hombre no, eso en países civilizados no pasa.

Bueno, en fin, que me descentro. El caso es que cuando me lo preguntaron a mí les dije que no y me mandaron para una sala a pasar la segunda prueba.

Entré en la sala y allí me estaba esperando una nueva enfermera, también de semblante similar al de las anteriores… y tal. Esta parte ya me la habían explicado en casa y seguro que a vosotros también os suena. Es esa en la que te sientan en una silla y te ponen delante una especie de “Spectrum” en la que hay dos mandos que parecen las llaves de corte de los grifos que había antiguamente (y no tan antiguamente) en las casas de nuestras abuelas y en la que hay que intentar que dos bolitas, las cuales se manejan con cada uno de estos mandos, no se salgan de sus respectivas trayectorias.

No es por echarme flores pero gracias al cabreo que llevaba, el cual eliminó cualquier tipo de nerviosismo que pudiera haber existido, y a mis horas de vuelo jugando al Mario Kart, lo cierto es que lo bordé. Mientras yo estaba a lo mío la enfermera comenzó a mirar los papeles que le habían pasado y, no sé si lo haría para despistarme por lo bien que lo estaba haciendo, me empezó a hacer preguntas. En un momento dado me preguntó, supongo que para ver si podía ahorrarse algo de tarea, si en el trabajo me habían hecho alguna vez algún reconocimiento médico. Yo le tuve que explicar que no, que hacía no demasiado que había terminado mis estudios y que desde entonces lo mejor que había encontrado eran unas “prácticas no remuneradas” de esas que tan de moda están ahora y que claro, ahí casi no te dan ni los buenos días como para que te hagan un reconocimiento.

En ese momento el semblante de aquella mujer cambió por completo, se volvió amable. Fue entonces cuando me explicó que ella también estaba trabajando allí sin ver un duro, surgiendo entre nosotros un haz pétreo de amistad y comprensión que desembocó en una breve charla sobre los lúgubres tiempos que nos están tocando vivir. De modo que allí estábamos los dos, un arquitecto de 28 años y una enfermera de 40 unidos por una crisis de la que ninguno de los dos somos culpables y de la que ya sólo los mayas parece que pueden sacarnos.

Poco más tuve que seguir con las bolitas. Había pasado la prueba con nota y debía dirigirme a una nueva sala para pasar la última. Antes de salir me despedí de la enfermera, la cual debía quedarse allí, supongo que rebobinando la cinta del “Spectrum” con alguno de los bolis “bic” que allí tenía.

Entré en la última sala. Una nueva enfermera estaba esperándome para hacerme la prueba de la vista. Primero me preguntó si llevaba gafas o lentes. Gafas era evidente que no y lentes le dije que tampoco. Con aquello pareció darse por satisfecha y me pidió que me sentara en una silla que había junto a la pared para después preguntarme las letras que veía en la pared de enfrente. No tuve ningún problema para verlas, no porque tenga una vista de halcón, que lo mismo sí, sino porque la silla estaba a mi parecer bastante cerca, pero claro, como justo detrás estaba la pared no se podía alejar más. Así que ya sabéis, si no andáis muy bien de la vista lo mejor es que vayáis a clínicas pequeñas, que allí las paredes están más cerquita y, por huevos, las sillas también.

De modo que, ya por fin, había conseguido pasar el test psicotécnico. Con éste, un par de fotos de carnet y los ochentaypico euros que cuestan las tasas del examen teórico me dirigí a la autoescuela para que me inscribieran en el próximo examen.

Una semana después hube de madrugar para ir a dicha prueba. Como os podéis imaginar, después de haber pasado tantas historias ya estaba totalmente preparado para aquello. Y así fue, cero fallos y a descansar, que en breve empezarán las clases prácticas, las cuales seguro darán para unos cuantos capítulos…

[CONTINUARÁ]

En Capítulos anteriores:

1-Sin carnet a los 28

2- Eligiendo una autoescuela

3- La teoría

4- El psicotécnico (I): Cuando lo absurdo llega al ridículo


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