Excusas que no saben andar

| 3 octubre, 2011

“Me atrapas, me hundes, me dejas atontado, te escondes a un lado, me quedo así parado, pero a dónde vas, estoy alucinado, pero a dónde vas…“. La estrofa de esta canción de “El Pescao” sirve perfectamente para acompañar los vaivenes de nuestro índice que, junto con sus homólogos extranjeros, siguen haciendo honor al título, configurando […]

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Me atrapas, me hundes, me dejas atontado, te escondes a un lado, me quedo así parado, pero a dónde vas, estoy alucinado, pero a dónde vas…“. La estrofa de esta canción de “El Pescao” sirve perfectamente para acompañar los vaivenes de nuestro índice que, junto con sus homólogos extranjeros, siguen haciendo honor al título, configurando una verdadera “Historia de Terror”.

Grecia vuelve a la carga y los mercados dejan atrás el rebote de la semana pasada, propiciado por el aumento del fondo de rescate griego, y vuelven a retroceder ante las noticias de la cruda realidad actual de dicho país. Los helenos no cumplirán con los objetivos marcados para este año, pese a las fortísimas medidas de ajuste que sus ciudadanos están padeciendo.

Como muestra el gráfico, el Ibex continúa inmerso en un tedioso movimieto lateral que, como explicábamos la semana pasada, va desde los 7.700 hasta los 8.800 puntos. No tendremos ninguna noticia especialmente relevante hasta que no se decida a tirar hacia uno u otro lado, escapando de dichos límites.

Las soluciones al problema siguen en busca y captura y, mientras se encuentran o se dan por imposibles, seguimos asistiendo al goteo de parches y noticias de mayor o menor maquillaje, que calman momentaneamente a los mercados y propician algunos rebotes. Nada que constituya por sí mismo algo más profundo que el mero hecho de ir ganando tiempo.

Durante estos días las medidas de ajuste griegas están pasando el enésimo examen y, aunque se oiga que el desbloqueo del siguiente tramo de ayuda, fijado en 8.000 millones de euros, dependa de lo que digan los inspectores de la Troika, el ministro de Economía heleno, Evangelos Venizelos, ha asegurado que ese tramo de ayuda “está asegurado”. Y es que de lo contrario, no podrían seguir a flote.

En cualquier caso, el reloj continúa firme marcando su ritmo y, cuanto más tiempo se escape sin resolver el problema, más probabilidades habrá de que se extienda. Por otro lado, la perpetuidad de las carencias no hace más que aumentar el hartazgo de una población cansada de sentirse rehén de problemas económicos que no causó, y canta al aire “yo sólo quiero algo de paz, no te puedo aguantar, dame un segundo por favor, deja de jugar, deja de mentir, deja de inventar…” excusas que no saben andar.


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