Familias acogedoras en Álava: una nueva vida de cuidado y amor para los niños

15 junio, 2024

Casi 50 niños alaveses necesitan un hogar y la atención que no han tenido de su familia biológica

El acogimiento familiar es como subir una montaña. A mitad de camino piensas que en qué momento se te ha ocurrido. Al alcanzar la cima, estás exultante. La crisis vuelve en la bajada: te duelen las rodillas, tienes agujetas… Pero, al acabar, la satisfacción te inunda y te das cuenta de que has disfrutado y ha merecido la pena.

Este ejemplo es el que utiliza Naiara Cacho cuando habla de acogimiento familiar. Es trabajadora social de PAAFA (Programa de Apoyo al Acogimiento Familiar de Álava). Servicio que gestiona el Instituto Foral de Bienestar Social. Buscan más familias acogedoras para dar una nueva vida de cuidados, amor y estabilidad a niños alaveses que no han recibido la atención necesaria en su entorno.

La importancia de una mirada

Menores entre 0 y 18 años que han sufrido desprotección grave en su familia biológica. No tiene por qué ser un maltrato físico. La negligencia abarca desde no tener unas rutinas de aseo o sueño a que falte un plato encima de la mesa. También el no llevarles al colegio. Incluso algo en apariencia tan sencillo y que a menudo damos por sentado: no mirarles.

familias de acogida

Una caricia, un abrazo, un gesto, una mirada que trasmitan ese cariño y amor. Ese reconocimiento de la otra persona. Su ausencia provoca en los txikis un daño emocional más lacerante incluso que el físico. “Ese sentir que no valen, que no sirven. Lo dicen los menores, que mientras les peguen, es que existen”, apunta Cacho.

Es cierto que las alertas a veces saltan a las 4 de la mañana, cuando una llamada de Ertzaintza informa de que hay un menor solo en la calle. O si desde Urgencias pediátricas avisan tras ir unos padres con sus hijos y detectar "un mal cuidado o consumo de drogas".

Los menores necesitan una familia de corazón, además de la de sangre

Pero la negligencia crónica y latente en el tiempo es más difícil de percibir. Un goteo diario que, sobre todo a partir de los 7 años o en la adolescencia, es el entorno escolar quien lo detecta y da la voz de alarma.

Si el caso es leve o moderado, se encarga el Ayuntamiento. Los graves son competencia de Diputación. Dentro del área del Menor y la Infancia, la unidad de recepción, orientación y valoración estudia los casos y expedientes que recibe. Tras recabar información y las entrevistas pertinentes, a los 6 meses emite su evaluación.

Más familias de acogida son necesarias

Mientras, los niños aguardan su futuro en los centros Ibaia, Hazaldi y Bideberria. Si tienen suerte, pueden beneficiarse de las familias de acogida de urgencia. Su disponibilidad es de 24 horas, para dar esa atención inmediata, y su estancia máxima es ese medio año.

centro acogida hazaldi 2

Centro foral de acogida Hazaldi.

Otra modalidad es la temporal, hasta 2 años. En ese plazo se prevé la vuelta con la familia biológica u otra medida de protección más estable. Como el acogimiento permanente, sin fecha de fin establecida.

89 familias participan en Álava en alguna de estas opciones de acogimiento familiar. Pero hacen falta más. Tras la pandemia, los números han bajado. Aunque no los menores que necesitan una familia de corazón, además de la de sangre.

La atención con los menores, sus familias de acogida y las de origen, es constante

Ahora mismo, son 7 los niños entre 0 y 3 años que buscan personas que les acojan. "A nivel legal, todos los menores hasta 8 años deberían estar fuera de los pisos y beneficiarse de este acogimiento. Como no se cubre, la prioridad se bajó a 6 años. Luego se fijó de 0 a 3 años y tampoco se alcanza", lamenta Naiara.

Calcula que entre 30 y 50 menores de edad podrían beneficiarse de tener una familia acogedora. "No digo que los centros sean malos, pero es más amable estar con una familia; la estabilidad y atención individualiza no son lo mismo", recapitula.

¿Quién puede acoger?

Para ser familia de acogida no hay muchos requisitos. Puede ser una pareja o una persona soltera, no tener hijos o contar con descendencia. También gente jubilada. Y, por qué no, los propios abuelos o tíos del menor, (en este caso se les llama familia extendida).

Una vez mostrado interés, hay que realizar un curso y entrevistas psicológicas. Datos que servirán para hacer 'match' con los menores y que las necesidades de ambos encajen.

Conviene recordar que la acogida no es igual a la adopción. Ni, necesariamente, el paso previo. En esta, intervienen los jueces, hay cambio de apellido y pérdida de contacto con la familia biológica.

En el acogimiento se mantiene el contacto con los progenitores biológicos, a menudo una vez por semana. No se rompe con los orígenes porque se busca sanar la relación entre ambos. Y es ahí donde la labor a tres bandas de PAAFA resulta también clave.

Primero, sobre todo, con los protagonistas: los niños. A la incertidumbre de estar separados de sus padres se añade ir a un centro o con gente desconocida. "Les ayudamos a crear identidad, hacerles entender que otra familia les cuidará sin suplir  la suya, que no puede hacerlo como necesitan", explica Naiara.

familia de acogida

Con las familias biológicas, el trabajo es intensivo. Desde controles en caso de haber drogas de por medio a tareas de capacitación parental, terapia… Y acabar con las resistencias y miedos de que les puedan quitar a sus hijos. Para ello, "una persona se entrevista con ellos y se rebajan los niveles de ansiedad".

Luego viene el conocimiento entre ambas familias. La biológica y la ajena. La de sangre y corazón. Fundamental para entender que no hay "ni buenas ni malas, hay circunstancias o tomas de decisiones erróneas".

Las preguntas y temas pactados previamente ayudan a un trato cordial, eliminar prejuicios en los adultos y, sobre todo, evitar un conflicto de lealtades entre los pequeños. Su bienestar es lo primero.

El duelo de la despedida

En cuanto a las familias de acogida, es clave que entiendan que "participan en un momento muy importante de la vida de ese menor. Que le dan otras alternativas, le sanan heridas que puedan traer. Es un poso que dejan".

A ese sentimiento, a veces se añade la presión. Sobre todo cuando son los familiares del pequeño quienes le acogen. "Les situamos en que, además de ser abuelos o tíos, su papel principal es de cuidadores de sus nietos o sobrinos", aporta Naiara.

acogimiento-alava

No siempre es fácil, ya que en esos casos a menudo el nivel de auto exigencia es mayor que en familias acogedoras ajenas. "Tienen también la rabia de ver que sus familiares, hijos o hermanos, no mejoran o no cumplen los objetivos, y sienten que deben demostrar que las circunstancias de esos familiares son diferentes a las suyas", reconoce la trabajadora social.

¿Y cuando vuelven con los padres biológicos? El proceso es a la inversa. El menor cada vez ve más a su familia de origen. Hasta que, en un momento dado, es con la de acogida con la que mantiene encuentros semanales, quincenales y mensuales. Luego, en cumpleaños. Y es solo si el niño quiere contactar con ellos que se organiza alguna visita puntual.

familia acogida

"Necesitan despegarse y que el vínculo se vaya desligando. Ambas partes pasan por un proceso de duelo y una despedida", confirma Naiara.

Emociones a flor de piel que requieren de una labor psicológica dedicada para no perder el foco en lo importante: los niños. Y que, gracias a esas familias acogedoras, puedan seguir siéndolo.

¿Quieres acoger?

Si te interesa ser familia de acogida, puedes contactar con el Programa de Apoyo al Acogimiento Familiar a través del teléfono 945 77 30 52 y del correo electrónico acogimiento@araba.eus.

También a través de técnicos y responsables del Área del Menor y la Familia del IFBS.