Felicia Olave: la gran mecenas de Vitoria-Gasteiz

9 octubre, 2015

La fortuna conseguida por el padre de Felicias Olave fue destinada posteriormente a hacer el bien para Vitoria-Gasteiz

Obra de F. Madrazo. Museo Goya -Castres (Francia).

Felicia Olave es uno de los personajes alaveses más enigmáticos. Su padre, que provenía de clase media-baja, vio aumentados poco a poco sus ingresos hasta convertirse en uno de los 15 vitorianos que más ingresos declaraba. Al heredar Felicia su fortuna, ésta decidió entregarla a la ciudad, a la diócesis y a diversas causas solidarias. La periodista Cristina Fructuoso analizará este viernes desde las 20:00 en la Casa de los Faroles su vida y obra.

No está claro de donde creó su fortuna el padre de Felicia Olave (Clemente Olave), ni si fue de manera completamente ética. Primero montó un bar en la esquina de Postas con Dato. Posteriormente instaló un hotel  y se hizo con el Café Universidad, en lo que posteriormente fue el Café Suizo (hoy sede de la Laboral en Dato). Ya en vida el padre de Felicia creó el Centro de Atención a las mujeres solteras en Desamparados, algo que se cree que pudo ser por remordimiento. Posteriormente, al recibir la fortuna Felicia, ésta se convirtió en la gran donante de la ciudad.

Olave vivió durante varios años fuera de Vitoria-Gasteiz. Al volver destinó parte de su vida a relacionarse con gente de bien, y poco a poco fue donando parte de su riqueza a Vitoria-Gasteiz. Gracias a ella se levantó el Colegio Corazonistas, las escuelas de Arana que posteriormente pasaron al Callejón de Cachán en San José. Además ayudó a los Carmelitas donando joyas e imágenes.

Su fortuna también sirvió para pagar prácticamente varias de las carrozas de los misterios de la Procesión de los Faroles. En Estíbaliz ayudó a los monjes con dos capillas y una sala.

También el Frontón Vitoriano de la Calle San Prudencio fue construido con su fortuna, así como el altar mayor de la cripta de la Catedral Nueva. Además ayudó a las salesas y a las clarisas de Beato Tomás de Zumarraga. Precisamente en este lugar fue ella enterrada, a los pies del altar de las monjas tal y como había pedido. Sin embargo, cuando las clarisas abandonaron el convento de la Calle Badaya se sorprendieron con que no había ningún resto bajo el altar. Sí encontraron dos féretros: uno con varios huesos y otro con los restos de una mujer. Se cree que podría ser ella, aunque a día de hoy no se sabe dónde se pueden encontrar.

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