Felicia Olave: la mecenas de Vitoria con un pasado sombrío

| 2 febrero, 2021

Felicia Olave regaló a Vitoria y a órdenes religiosas importantes donaciones para sus obras caritativas y sociales

Felicia Olave Salaverri nació en Vitoria-Gasteiz en 1838 y murió en 1912. Fue piadosa mecenas en la segunda mitad de su vida, pero tuvo una juventud llena de sombras.

Felicia Olave dejó huella en nuestra ciudad gracias a sus numerosas donaciones a parroquias y Catedral Nueva, conventos (Salesas, Clarisas, Carmelitas, Hermanitas de los pobres…), centros educativos religiosos (Corazonistas, San Viator, Patronato del Pilar – Jesús Obrero), los faroles para la procesión y la creación del Frontón Vitoriano. Numerosas placas y otros homenajes lo recuerdan… Todo ello a su regreso a su ciudad natal, pero de sus años en Barcelona solo sombras. Y, si tenemos por ciertas las quejas de su esposo, una vida muy alejada de esa imagen devota y puritana.

felicia olave rosario virgen blanca

El Rosario de los Faroles fue una de las donaciones de Felicia Olave a Vitoria-Gasteiz

No parece que se llevara demasiado bien con su padre: se casó sin su consentimiento y se marchó a Barcelona. Allí permaneció hasta 1880, y sin embargo la vida de Felicia y la de su padre guardan un paralelismo. Ambos tienen un pasado oscuro, sobre el que se ciernen acusaciones de inmoralidad. Ambos dedicaron los últimos días de su vida a invertir su fortuna en obras piadosas…. ¿Arrepentimiento? Quizás simplemente deseaban prepararse para el más allá o querían dejar su huella en la ciudad…. permitámonos dejar volar la imaginación novelesca y tramar una historia emocionante.

El padre


Clemente Olave García, su padre, nació en San Vicente de la Sonsierra el 23 de noviembre de 1800 y en 1824 es expulsado de la milicia acusado de robar un duro francés a un sacerdote. El 11 de marzo de 1835 se casa con Fernanda Salaberri, vitoriana, nacida en 1810. La primera hija del matrimonio, María Damiana, muere pocos días antes de haber cumplido 3 meses, el 18 de diciembre de 1835, y es enterrada de limosna. Pero en 1870 es el séptimo contribuyente de Álava… de la pobreza absoluta a ser un hombre acaudalado.

Empieza en 1841 con el arriendo de una covacha en la plaza Nueva dedicada al comercio, en 1844 abrió el café “El Universal”, en 1852 el baile “El Cisco” que se cerró rápidamente por las denuncias de escándalo. En 1855 construyó dos casas en el Barrio del Arca, en 1857 un panteón en Santa Isabel, el “café de la Olava”, regentado por su esposa, en 1859, en 1860 construye el Nevero….

¿Cómo lo consiguió?, es cierto que todos los negocios que emprendió le supondrían unos buenos beneficios. Pero ¿cómo se hizo con el primer capital? Las “malas lenguas” le vinculaban con apuestas clandestinas, con muertes sospechosas y robo, e incluso con la piratería. Pero eso no es ninguna acusación formal, solo eran habladurías en la Vitoria de la época.

Y a partir de 1877 los esposos dejan sus negocios y centran toda su actividad en construir un asilo para jóvenes desamparadas o descarriadas (oblatas-Nuestra Señora de las Desamparadas). El testamento de ambos cónyuges es una larga y generosa relación de donaciones pías. ¿Un intento de expiar sus pecados?… Y ese afán por redimir a las descarriadas… ¿Pensaban en su hija?

Sabemos que, cuando nació Felicia, la familia estaba en una situación bastante precaria. Su infancia tuvo que estar, por lo menos en un principio, un tanto desatendida teniendo en cuenta que sus padres se dedicaban a un negocio absorbente. En 1849, con 11 años, asistió a clases de dibujo en la Academia de Bellas Artes, es de suponer que la prosperidad económica le proporcionaría una mejor educación.

Matrimonio concertado


Con 17 años se compromete con Félix de Guisásola y Urquiza, natural de Xemein (Vizcaya), de 21 años y huérfano de padre. Su madre entrega a Clemente Olave 6.000 reales de vellón en concepto de dote. La intención de los padres de la contrayente es que se alojen en su casa y trabajen en los negocios familiares después del matrimonio. Pero el enlace no llega a producirse puesto que el joven fallece.

Clemente ha de devolver los 6.000 reales y Felicia queda soltera y sin compromiso. El documento de las capitulaciones parece indicar que se trataba de un matrimonio concertado, pactado por la madre de Félix y Clemente y con un interés económico por ambas partes.

Sin historia de Barcelona


¿Qué pensaría Felicia? ¿Se sentiría atraída por el joven o fue un alivio poder escapar de ese matrimonio?…. En 1859, a pesar de que su padre le negara el consentimiento, se casó con Federico Gómez Arias, 10 años mayor que ella, natural de Salamanca y residente en Vitoria donde trabajaba como fiel de la Alhóndiga. Federico era doctor en Derecho y licenciado en Filosofía y letras, profesor, literato y catedrático de Geografía y física de la Escuela de Náutica de Barcelona de la que fue director.

Federico Gómez Arias

Federico Gómez Arias fue el marido de Felicia Olave

Vivió con él y tuvieron dos hijas, Teresa y Esperanza, pero nada se sabe de su estancia en Barcelona. Quizás la epidemia que asoló la ciudad se llevara a sus hijas y el incendio de la Parroquia de Nuestra Señora del Mar destruyó los documentos que podrían habernos dado algunos datos… misterio tras misterio.

Federico escribió numerosos versos relacionados con su esposa, pistas sobre su físico y su comportamiento. “…ojos como el azul del cielo, rubios cabellos de su sien serviles. Blanca su tez, y tenue su acento… de griegas formas, cincelado su rostro, su frente virginal, cisneo su cuello…”, es evidente que estaba muy enamorado, pero podemos creer que Felicia era una mujer hermosa.

En muchos versos se queja de su ausencia y le reitera su amor, en otro suplica a la Virgen que perdone las culpas de su esposa, en “El león y la Hiena”, “Ecos de mi hija” y “A una extraviada” directamente la acusa de abandono, la llama infiel, dice que está rodeada de “…perversos compañeros que el león (se refiere a él) por su hiena respetara…” “Esa hiena, lector, era una esposa que tuvo de la víbora el veneno; sin corazón de madre cariñosa, sin alma para hacer un rasgo bueno…”, “…al salir yo a mis lecciones y mi esposa a pasear. Mamá no me pegues tanto, mira que me mataras, o pégame en el culito como te dice papá. Ya me quedare solita, si no me quieres llevar. Y una madre despiadada a esa niña angelical, dándole un golpe en el pecho tiró con fuerza hacia atrás…”, “…Tú padre llora, tu despiadada madre nos abandona…” “…Esa que veis, beata disfrazada, hipócrita mujer y repugnante,… prefiriendo del mundo la quimera, dejó la paz y se enfangó en el ruido…. de los aduladores seres solapados siguiendo el falacísimo consejo, trocó por la perfidia la ventura; Dios la perdone y limpie su basura.”

Los versos de su marido contra Felicia eran propios de un hombres despechado: ¡Quién sabe si eran celos absurdos de un marido obsesionado!

Tampoco tenemos que creer toda la bilis que escupe un hombre despechado. Según un testimonio Felicia no mostraba un rostro feliz el día de su boda, Federico era un hombre inteligente pero muy poco agraciado, diez años mayor, obsesivamente enamorado…. es posible que ella solo intentara escapar de sus padres. Y sus quejas por ser una madre ausente y aun cruel reproducen arquetipos decimonónicos de madre abnegada y absorbida por el cuidado de sus hijos, quizás simplemente necesitaba pasear sola y ser dueña de su vida por unas horas.

Joven y hermosa, atraería la atención ¿Pueden ser ciertas las acusaciones de infidelidad?, de ser así no se la puede culpar de disfrutar al fin de cierta libertad, es posible que fueran simplemente los celos absurdos de un marido obsesionado.

Beneficiencia en Vitoria


Cuando regresa a Vitoria tiene 42 años, vuelve con sus padres y como ellos se dedica a las obras de beneficencia. Es conocida por su piedad, profunda religiosidad y puritanismo. Incluso le negará una pensión al joven pintor Clemente Arraiz para instruirse en Roma por “sus reiteradas galanterías con las damas”. Fernando Amárica plasmó el incidente en la dedicatoria del dibujo a carboncillo que le hizo a su amigo; “afortunado en amores, pero desgraciado… en pensiones. -F.A.”

Madrazo, Federico - 1840 circa, Retrato de joven, Musée Goya, Castres

Retrato de Federico Madrazo (1840)

Sus últimos años los dedicó a repartir su fortuna en donaciones a parroquias, conventos y obras relacionadas con la instrucción de la juventud. Uno de sus proyectos más amados fue el convento de las Clarisas, con ellas compartió tiempo y confidencias. Fueron ellas quienes la acompañaron en la hora de su muerte y quienes acogieron el descanso de su cuerpo. Se llevó sus secretos y nos dejó numerosas donaciones. Recordémosla por su generosidad, soñemos con una vida de novela.

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