La ferretería de la 'Alegría' en Coronación

1 enero, 2023

Ferretería Alegría nació en 1961 en Domingo Beltrán y es una de las pocas que siguen abiertas en Vitoria

Coronación es uno de los barrios vitorianos con mayor actividad comercial. Son numerosos los pequeños negocios, muchos de ellos familiares, que sobreviven en esta zona de ascendiente obrero que creció en la década de los 60 del siglo pasado. Un desarrollo que vivió a la par la ferretería 'Alegría', convertida en referente de Vitoria-Gasteiz al ser una de las pocas de este sector que aún mantienen abiertas sus puertas.

Ubicada en el número 25 de la calle Domingo Beltrán, conserva su apariencia original. En su interior pocos son los huecos libres que dejan las sartenes, cafeteras, hules, alfombras, cubertería, herramientas, carros, pegamentos, pequeños electrodomésticos, útiles de jardinería, baño e iluminación. Todos los centímetros están aprovechados.

Y los vecinos del barrio lo saben. También los viandantes que, al verla, se acuerdan de alguna reparación pendiente o de un objeto que toca reponer y entran. El goteo de clientela es constante y no hay momento para aburrirse. Pero, ¿cuál fue su origen?

Los orígenes

Ferretería Alegría Coronación dueña

Conchi regenta la ferretería 'Alegría' desde hace 31 años.

Corría el año 1961 cuando Raimundo Ruiz de Alegría cambió Balmaseda por Vitoria-Gasteiz para abrir una tienda de muebles. En la villa bizkaina los fabricaba y pensó que era la oportunidad perfecta para expandir el negocio. El barrio en crecimiento y su ubicación de salida de la ciudad cerraron el trato. Sin embargo, un año después falleció.

Fue entonces cuando su familia se trasladó a la capital alavesa. Su nuera y su hijo, de nombre y apellido similar, tomaron las riendas de la tienda. Los muebles siguen siendo su referente hasta 1970, cuando entran en declive. Los dueños optan por cambiar la actividad hacia la propia de una ferretería. Durante cuatro años conviven ambos, hasta que en 1974 la ferretería se alza con el protagonismo indiscutible. Hasta hoy.

Conchi estaba en paro cuando su suegro se jubiló y se hizo cargo del local

"No hemos cambiado nunca el local, salvo cuatro cosas que se han estropeado. Pero la estructura del comercio es la misma", asegura Raimundo Ruiz de Alegría nieto. Su mujer Conchi es la responsable ahora de la tienda. Bueno, desde hace 31 años. Con un currículum previo compuesto por estudios de Contabilidad y trabajo de oficina, la jubilación de sus suegros la pilló en el paro.

Había que tomar una decisión. Su marido Raimundo trabajaba en una asesoría, de la que ya está jubilado a tiempo parcial. "Nos planteamos qué hacer. El local estaba en alquiler y nos animamos a pagar el traspaso para quedarnos con ello. Más tarde ya lo adquirimos para que fuera propiedad de la familia", explica Raimundo.

Errores y aprendizaje

Ferretería Alegría Coronación Domingo Beltrán

Ni corta ni perezosa, Conchi se puso tras el mostrador. Y eso que carecía de experiencia y conocimientos. "No conocía nada", admite rotunda. "Mi suegro nos dijo que lo cogiéramos, que valía para esto. No me importó, aunque ahora pienso que cómo estaría tan loca", se ríe.

Tras una breve formación, a las dos semanas quedó sola ante el peligro. Bueno, la clientela y los viajantes. Fueron estos últimos los que le enseñaron todo lo que sabe. "Los de entonces eran de toda la vida. Como no tenía ni idea les volví locos, les llamaba para ver qué les tenía que dar a los clientes. Siempre me atendían, día a día. Les estoy muy agradecida", asegura. Su afán por aprender y ofrecer la mejor atención posible hizo el resto.

El mix demográfico de Coronación: vecinos de toda la vida y nuevos residentes

Por el camino, como es lógico, errores que le han servido de enseñanza. "He tenido casos de equivocarme al cobrar. Como una señora que me tenía que pagar 10.000 pesetas y le pedí 1.000. Y vino a pagar la diferencia", agradece. Ahora la experiencia es un grado y se desenvuelve sin problema entre los cientos de productos que llenan sus estanterías. No se equivoca, sabe dónde está casa cosa. E intenta adquirir, siempre que puede, lo que le piden.

Atiende con rapidez y sin perder la sonrisa. Su desparpajo atrae y hace que conozca a todo el barrio. "Intentas ayudar a la gente, hay abuelillos con problemas y les escuchas o aconsejas también. A veces compran una cosita solo por hablar un rato", reconoce comprensiva. Y, si está ocupada, Raimundo trata de echarle una mano de vez en cuando. Sobre todo con "los papeles y los números", asume él.

Porque si algo tienen claro ambos es que el trato "es fundamental". Gracias a él siguen al pie del cañón en un barrio que a lo largo de estas seis décadas ha evolucionado. "Nos encontramos con mucha renovación de vivienda y gente joven que va entrando cada vez más", introduce Raimundo.

Los cambios en el barrio

Ferretería Alegría Coronación productos

Su día a día en Coronación le permite hacer un análisis demográfico: "Antiguamente estaba la gente de los años 60 que se ha hecho mayor y va falleciendo. Sus hijos se han ido al extrarradio y venden los pisos".

En ese momento, aparecen dos opciones de nuevos residentes. "O gente extranjera que los coge tal y como está, porque buscan precios económicos de viviendas sin arreglar. O gente joven que los compran por esta zona por su ubicación, porque les pilla mejor que desplazarse desde otros barrios más alejados, por ejemplo de noche", ratifica.

La venta online, las grandes superficies y las obras son algunos de los problemas del pequeño comercio

Y todos acuden al pequeño comercio de la zona. Como la ferretería 'Alegría', que a lo largo de los años ha sorteado todo tipo de complicaciones. Como los negocios "chinos del todo a 100. Pero la gente empezó a ver que el producto no es el mismo. Una cuchara de madera hecha a máquina en el troquel se estropea y quema. En cambio, pagarás algo más por una de madera de boj, pero la tienes para toda la vida", ejemplifica Raimundo.

Considera que se ha extendido la creencia de que, por ser pequeño comercio, "es más caro, pero no es así". Por ello, la competencia de las grandes superficies y de la compra online se hace notar. "Viene gente preguntando por precios, sabes que lo han buscado en Internet, quieren comparar y nos piden sacar foto. Y quizá de esa marca concreta no tenemos, pero sí de otras que te sirven igual o incluso mejor. Pero dicen que por 1 euro o 2 de diferencia, aunque lo tengamos más barato, no les merece la pena. Lo piden online", lamenta el nieto del fundador.

Ferretería Alegría Coronación interior

No tiene reparos en calificarlo de "competencia desleal, son empresas que no pagan sus impuestos aquí". Y acusa a las instituciones alavesas y vascas de "inactividad. Es una vergüenza, cuando nosotros pagamos todo el año; a los comerciantes que son fuente de ingresos se les machaca".

Las obras interminables que soportan en la zona tampoco ayudan. "Llevamos 8 meses con la calle levantada por tema de calefacción. Ahora que si peatonalizan Aldabe y allí verás todas las tiendas cerradas. ¿No sería más fácil hacerlo todo junto y evitar tantos problemas? Están hundiendo el comercio. Si yo tengo que cerrar por este motivo, ¿quién me saca las castañas del fuego?", cuestiona.

Anécdotas buenas... y no tan buenas

Ferretería Alegría Coronación Conchi

Pese a todo, sortean estos y otros avatares cotidianos. Como el desconocimiento de la gente en relación a muchos productos. "Vienen a por un pegamento para todo. Pero cualquiera no sirve para según qué cosas. Les preguntamos para qué es, les explicamos cómo utilizarlo... Y luego vuelven agradeciendo el consejo", detalla.

Una ayuda posible gracias a que, cada vez que adquieren algo nuevo, Conchi se informa a fondo con el viajante de turno sobre todas sus características. "Igual está dos o tres días aprendiendo, pero es que, si no, a la gente no le puedes dar un servicio", razona Raimundo.

De un delito de suplantación de identidad al robo a la carrera de una escalera

Y no es el único. Como durante el Covid, cuando Conchi y su hijo acercaban a los vecinos lo que necesitaran "sin cobrar nada". O la vez en San Prudencio que una persona les llamó porque necesitaba una cazuela. "Estábamos en casa ya en pijama. Me dio un poco de reparo, pero me vestí y vine. Era un chico joven, se le había incendiado la casa y quería ducharse pero no podía. Vino a que le vendiera una cazuela para calentar agua en un hornillo", comenta.

Anécdotas múltipes que comparte con humor. Aunque no todas, en su momento, fueran agradables. Como cuando una mujer le encargó productos por valor de casi 1.000 euros. El ajuar de una novia. Tras entregárselos, el problema llegó al ir a cobrar. Descubrieron que había suplantado la identidad de otra persona. Al final, y varias denuncias mediante, terminó detenida.

En otra ocasión, entró en la ferretería un chico vestido con un buzo de trabajo. Quería una escalera. "Pidió una de las mejores. Pero dudaba porque era muy alta", comienza Conchi. Se intuye el final de la historia. El cliente le plantea sacar la escalera fuera para que la vea su padre. "Que era solo un momento, que su padre se había quedado en la calle hablando con un señor", continúa. Antes de que Conchi rodeara el mostrador, el joven ya estaba en la acera. "Echó a correr Coronación arriba con la escalera a cuestas... No veas cómo, imposible seguirlo", concluye.

A por la cuarta generación

Ferretería Alegría Coronación

Gotas de agua en un mar en el que "el 99,9% es perfecto, el barrio es buenísimo", garantiza Conchi. Tan contenta está que, a sus 60 años, no tiene prisa por jubilarse. Por delante, aún otros 4 o 5 años al frente de un negocio que desea llegue a la cuarta generación familiar.

"Si eres como tienes que ser, la gente también se porta contigo", resume Conchi

"Tenemos dos hijos y la esperanza es que lo lleven ellos, aunque sea de otra manera. Me gustaría que lo pusieran como quieran, que traigan lo que vean que vende. Yo feliz", confía. De esa forma, el negocio perviviría en una Vitoria "que se está quedando sin tiendas".

Tanto ella como Raimundo recalcan la ausencia creciente de ferreterías. "Ya no hay. Han desaparecido muchas. El problema es que quien quiera entrar necesita mucha inversión y la gente es reacia, porque cuesta", mantiene él. "Invertir todo esto, para gente joven, es complicado. Pero si les dejas una base como esta, igual", añade ella.

Es consciente de que también hay que dedicar horas. Y no solo de cara al público. Pero, positiva como es, no lod dua y anima: "Tendrás errores, como yo, pero sales adelante. Y la gente se porta. Si eres como tienes que ser, ellos también lo son contigo".