Jóvenes contra el ‘Adultismo’ y contra su propio pasado

| 22 marzo, 2012

Jóvenes de Perú y Nicaragua cuentan sus experiencias en favor de la participación y en la reinserción en la sociedad

Harvin, Aydalina, Marcos y Jerson, junto a otros jóvenes

Son menores de edad y están en Vitoria, invitados por Serso y tierra de Hombres para conocer nuestra ciudad, pero también para dar a conocer a los jóvenes vitorianos otra realidad diferente, la que ellos viven cada día. Pero de la que también pueden aprender. Ellos piden paso, quieren contar para la sociedad y tener voz, no sólo voto.

Eso sí, son dos casos muy distintos. En Perú, Tierra de Hombres y el Movimiento Justicia Juvenil Restaurativa llevan siete años trabajando en la reinserción y la reeducación de jóvenes delincuentes, tiempo en el cual ha atendido ya a 1.700 menores de edad. Según nos cuenta Alexis, psicólogo del movimiento, cerca del 93% de los jóvenes que pasan por este programa no vuelven a delinquir, mientras que en el caso de las prisiones, el 80% vuelve a cometer delitos tras cumplir su condena.

Jerson vivía en una zona con numerosos problemas de drogas y delincuencia, desde joven “consumía droga, y lo tomé como vicio; mi padre no podía controlarme y mi madre no tenía el carácter suficiente como para intimidarme y para yo dejar de hacer lo que hacía”. A los 14 años empezó a dejar la escuela, e intentó hacer suyo el lema de su barrio, “el respeto se gana con sangre”. “Comencé a robar, a drogarme, y a los 17 años, sin estudios, no me quedó otra cosa que trabajar”.  Fue detenido unos días antes de cumplir los 18 por robar en el material de los camiones de pintura con los que repartía. “Como yo ya tenía la cultura del robo adquirida, desde que empecé a trabajar vi las pinturas como algo para robar”.

Sus dos cómplices acabaron en prisión, pero la existencia de la Justicia Juvenil Restaurativa le salvó de la cárcel, así como su compromiso por cambiar. “Muchas veces he dicho voy a cambiar pero nunca he tenido ese empuje”. La clave la fija en la “confianza” que su educador le dio, un joven italiano con el que poder compartir sus experiencias y su plan de futuro.

Su cambio se deja ver ahora en la composición de sus canciones de rap: “Antes en el barrio improvisaba con mis amigos temas de violencia, y ahora son temas con mensaje, en los que busco contar cosas a los más jóvenes, para que no pasen por el camino”. Jerson insiste en que “no fue fácil seguir ese camino”.

Pandilleros

La vida de Marcos también cambió con 17 años tras fallecer su padre. En medio de una depresión, abandonó el colegio, dejó el fútbol, y fue finalmente detenido tras participar en un robo y una pelea de pandilleros en la que se metió sin saberlo para defender a un compañero de clase.

Tras reconocer el error, Alexis, psicólogo de la organización, se hizo cargo de Marcos. Todo ello en un entorno en el que colabora el adolescente pero también la víctima y la familia, para “reparar el daño de forma directa, con la víctima, o de forma indirecta con la comunidad”.  A medida que avanzaba en los talleres, se reincorporó a los estudios para poder acabar la secundaria. También ha vuelto a jugar en el club de fútbol de su distrito.

El movimiento Justicia Juvenil Restaurativa cuenta con diversos talleres encaminados a la reinserción, durante un plazo de entre seis y ocho meses. El último de éstos talleres es aquel en el que “el adolescente traza su plan de vida, en el que refleja qué ha hecho hasta ahora, qué hace en el proyecto y qué quiere hacer en adelante. Marcos tiene claro que quiere hacer Psicología en el futuro, motivado “por la gente que trabaja en este proyecto”. Y Jerson ve cerca la posibilidad de ser Informático, aunque aún le quedan 10 días antes de presentarse este próximo uno de abril al examen en busca de una plaza.

 

El de los jóvenes de Nicaragua es una historia de conquista de derechos, del intento de los jóvenes por ser partícipes de la sociedad, y de ser escuchados. El Movimiento Nacional de Adolescentes y Jóvenes es una organización formada por jóvenes de entre 14 y 25 años. Todos ellos trabajan para ser escuchados, para tomar partido en las decisiones. “Participar no es sólo levantar la mano, es también proponer y  tomar decisiones” defiende Harvin a sus 16 años con una sorprendente madurez e implicación.

“Somos nosotros quienes organizamos charlas y eventos, pero lo hacemos desde los jóvenes para los jóvenes”. La clave está según Elvis en hablar de temas serios como “violaciones de derechos, trata de personas, VIH o conservación de medio ambiente de una forma lúdica para así fomentar la participación.

“Desde el momento en que yo estoy en una ciudad y soy parte de ella, me afectan todas las decisiones que allí se toman”. El objetivo es promover la participación más allá de la escuela, en todos los ámbitos, para “que se escuchen las voces de los muchachos”.

El mayor problema al que se enfrentan estos jóvenes es, lógicamente, lo que ellos llaman “Adultismo”. “Los mayores quieren tener ese espacio y no quieren tomar decisiones con los muchachos, no nos quieren dejar entrar en la toma de decisiones”, asegura Elvis, con 19 años y acompañante de los jóvenes Harvin y Aydalina. “Los espacios de participación están dados para adultos y nos hemos ido metiendo poco a poco en ello”.

Los problemas de los jóvenes nicaragüenses también tienen sus especificidades. Para empezar, Harvin muestra su sorpresa por la especialización de los profesores y el elevado nivel de los maestros en los centros de Vitoria. También reconoce que se respeta a todo y muestran su sorpresa por que los vehículos se detienen al paso de los semáforos. Incluso, valoran la cantidad de espacios preparados para el disfrute de los más jóvenes, con parques y campos de fútbol.

Los jóvenes también disfrutan en Vitoria de la seguridad de las calles. “En Nicaragua a partir de las diez de la noche no se suele salir a la calle y tienes que ir mirando a todos lados” explica Elvis.  Aydalina también se sorprende por la inexistencia de uniformes en los centros de Vitoria. En gran parte de Sudamérica “hay gente que no puede ir al colegio simplemente porque no tienen dinero para comprar un traje y tiene que quedarse trabajando con su familia”.

A Harvin, Marcos, Jerson y Aydalina, junto a sus acompañante Alexis y Elvis, les toca ahora volver a sus casas. Dejan atrás su verano y para ellos es el momento de volver a sus vidas normales. Para unos será una continuación en la lucha por ser escuchados. Para otros, un volver a empezar en su entorno, con la seguridad y la satisfacción de haber tomado a tiempo un nuevo rumbo en su vida.

 


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