Juan Ángel Sáez: el pintor que retrató la Vitoria del siglo XIX

Vitoriano de adopción, Juan Ángel Sáez y García  (Pradillo de Cameros, La Rioja 1811-1873 Vitoria-Gasteiz) plasmó su amor por la ciudad pintando diferentes vistas de ella: Vista de la Plaza Vieja de Vitoria tomada desde la calle de San Francisco, Vista de la Plaza Vieja, Vista del Mentirón, Vista de la Plaza Nueva, Entrada por el Portal del Rey, Vista del Palacio de la Diputación, Palacio de la Diputación reformado, El Teatro de la Ciudad de Vitoria, El Instituto, La Cárcel Modelo, La Casa de la Misericordia, La Catedral vieja, la Fábrica de Harinas de Escalmendi…  Por ello es conocido como “el pintor de Vitoria”. Gracias a sus obras tenemos una memoria en imágenes de nuestra ciudad en el siglo XIX.

Plaza Vieja, obra de Juan Ángel Sáez

Plaza Vieja, obra de Juan Ángel Sáez

Son más de las seis, jueves, es probable que fuera continúe soplando un aire frío lleno de lluvia convertida en agujas. Supongo que soy la única visitante del museo. No podría jurarlo, pero está tan silencioso y desierto que siento que estoy sola. Me siento cómoda, mucho mejor que en esos museos abarrotados, donde la mayoría realiza el mismo ritual. Se acercan a una obra, la miran, se inclinan, vuelve a mirar y se alejan. Como un saludo reverencial. Algunos añaden algún: “oh, es un Tiziano, o un Van Gogh” o lo que fuera, después de agachar la cabeza para leer la cartela que identifica a la obra.

La exclamación está reservada para los pintores de renombre, naturalmente. A veces viene bien, pequeñas obras maestras permanecen ignoradas y puedes detenerte frente a ellas el tiempo que quieras, sin que nadie se acerque a invadir tu espacio invitándote a marcharte: “Está usted acaparando el Picasso señora”.

Vista del Palacio de la Provincia, de Juan Ángel Sáez

Vista del Palacio de la Provincia, de Juan Ángel Sáez

Pero el museo de Bellas Artes de Vitoria rara vez está lleno, normalmente se puede disfrutar en paz. Como si todas esas obras colgaran esperando tu mirada. Me encanta la vista del instituto de Juan Angel Sáez. 1861, la Atenas del Norte, orgullosa de su edificio de segunda enseñanza. Me pregunto qué pensarían viendo que hoy ya no resuenan clases magistrales ni debates científicos… seguramente se sorprenderían al verlo convertido en sede del Parlamento Vasco.

No es solo arquitectura, hay vida. Un labriego con un par de burros, un par de señoras con sus crinolinas… creo que van a detenerse con ese caballero que se les acerca, seguro que se conocen… quizá pretenda a una de ellas, ¿o solo es un vecino?. Una mujer del pueblo camina decidida, al lado del edificio hay unos jóvenes, haraganeando al lado de la farola unos militares y tan cerca que podríamos oír su conversación están un par de hombres. Su actitud parece amistosa, uno de ellos tiene la mano en el hombro del otro… ¿Qué le estará diciendo?: ¿Siento tu perdida?, ¿Enhorabuena, amigo mío? ¿Págame lo que me debes?…

El museo va a cerrar y yo sigo colgada de ese instante de 1861 atrapado por Juan Ángel Sáez. Último aviso, pero con gran amabilidad. “Gracias, buenas noches”.

Después de la acogedora temperatura el choque con el viento helador me produce la sensación de que me arrancaran jirones de las mejillas. Me refugio en el recuerdo de la pintura de Sáez. Sé que desde el siglo XVII las vistas eran un tema recurrente, un precursor de las postales… veduta di Roma… pero me gustaría agradecer personalmente al señor Sáez su legado, desde luego no espero contestación. Desde 1873 reposa en el cementerio de Santa Isabel. No tuvo una vida fácil.

Vista de Portal del Rey, de Juan Ángel Sáez

Vista de Portal del Rey, de Juan Ángel Sáez

Hijo póstumo, su padre, Ángel Sáez, murió en extrañas circunstancias, fue encontrado difunto en el barranco de Peñas Malas en octubre del año 1810. Su madre tuvo que sacar a Juan Ángel y a sus tres hermanos adelante con su trabajo, eran tan pobres que recibían una ayuda del Consejo de Pradillo. Pero María Encarnación García falleció en 1815 sin hacer testamento porque no tenía de qué, según consta en su partida de defunción. Sus hermanos mayores, Pedro y Benito, se fueron a Madrid a intentar ganarse la vida. Y él se quedó en Pradillo con su hermana Teresa. Aunque no por mucho tiempo, el siguió a sus hermanos a Madrid y Teresa se fue con la familia materna a Montenegro.

Podría haber acabado detrás de un mostrador, pero sus hermanos trabajaban ya como aprendices para dos pintores de cámara de la corte, Juan Antonio Ribera y Juan Gálvez. Y acabó con Benito, a las órdenes de Gálvez, ayudando en la decoración de los Palacios Reales de El Pardo, El Escorial y La Granja. En 1839, probablemente gracias a una oposición, obtuvo una plaza como profesor de dibujo de la Academia de Bellas Artes de Vitoria. Labor que compaginó con la realización de numerosos encargos. Seguramente fue bastante satisfactorio para él poder disfrutar de una situación económica estable después de una infancia sujeta a tantas privaciones, y su matrimonio con Francisca de Anduezar Arteaga, hija de un industrial ortopédico, parece confirmar que gozaba de una posición social de cierto prestigio. Tuvo con ella 10 hijos, el primero en 1843 y el último en 1866, y si su prole fue abundante lo fue mucho más en cuanto a creación artística.

No solo las muchas vistas de la ciudad que ya se han mencionado, también obra religiosa: Judith, Adoración de los Magos, Nuestra Señora de la Virgen Blanca, San Prudencio… Obra histórica: Estudio del pintor, voluntaria entrega, la carta al Zadorra, el rey recoge el pintor de Tiziano… Retratos: autorretrato, Juan de Andueza, su suegro, Juanito, su hijo, Paquito, su hijo, Filomena, su hija, Paquita, su hija, Carlos VII, Valentín María de Echauri, Joaquín Salazar..  Y litografías: Juramento ante el Machete, San Prudencio, Universidad de Oñate,…

Vista de la cárcel de Vitoria

Vista de la cárcel de Vitoria

Respecto a su carácter solo puedo especular. Se sabe que era un hombre tradicionalista, ferviente católico y siguiendo la estela familiar, un carlista convencido. Herencia que trasmitió a sus hijos que militaron en el bando carlista en la guerra de 1873 y la razón de su exilio en 1868 después del triunfo de la Gloriosa. Pero si nos fijamos en los retratos que se han conservado de sus hijos, es fácil imaginar que los amaba. Respecto a sus vistas de la ciudad, como ya he dicho antes, son algo más que arquitecturas. Están llenas de vida, de gentes y animales que habitan y hacen palpitar los edificios y las calles. No retrata un monumento, retrata una ciudad. Y esa es su magia.

Si te asomas, casi escuchas el ritmo pausado de las conversaciones bajo los arcos de la Plaza Nueva, las voces de las cacharreras en la plaza Vieja, el trotar lento del caballo ascendiendo por el Portal del Rey… una ciudad en calma y al mismo tiempo al acecho, llena de personajes con vidas que nos son extrañas y propias, casi como cuando hoy desde una terraza observas el ir y venir… solo que hace unos 150 atrás.

Vista del Instituto, actual Parlamento Vasco

Vista del Instituto, actual Parlamento Vasco

Siguió trabajando como pintor a su regreso, hasta su muerte el 13 de febrero de 1873, de tisis tuberculosa. Su esposa y cinco de sus hijos (los otros habían fallecido ya) le acompañaron en este trance. Se diría que no es un pintor que merezca la reverencia seguida de una exclamación: Oh, es un Juan Ángel Sáez. Pero a veces las pequeñas obras son las que más nos hacen soñar.

Plaza Nueva Juan Ángel Sáez

Plaza Nueva Juan Ángel Sáez

3 comentarios. ¿Quieres agregar algo?:

  1. Marta dice:

    Lo primero disculparme por el error, en efecto Pradillo de los Cameros es Rioja y no Burgos. Espero que el resto del relato le haya gustado a pesar del error geográfico y un saludo entusiasta a la Rioja.

    • Eduardo Barrio dice:

      MUCHO!!! Y no sólo porque hable de Vitoria. Sólo recordar que hay riojanos que somos de Vitoria. Aupa siempre. Saludos.

  2. Eduardo Barrio dice:

    Mira te comento: Pradillo de Cameros es La Rioja, NO Burgos. La Rioja existe!!!. Los riojanos también somos seres vivos!!! Visibilidad para los riojanos!!! Basta de ya de oprimir y ningunear a los riojanos!!! Por una Rioja libre!!! Que los presos riojanos vuelvan a La Rioja …. y y y lo que haga falta oyes. Eso sí, Aupa Vitoria.!!!!

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