"En este hospital hemos sido una familia"

2 enero, 2023

Cruz, Isabel y Roberto nos cuentan sus años de trabajo y sus planes tras jubilarse en el Hospital Vithas-Vitoria, antigua Policlínica

Cruz García mira con nostalgia hacia el Hospital Vithas-Vitoria. El edificio de la calle Beato Tomás de Zumárraga al que ha estado ligada 59 de sus 64 años. "Con 5 años ya estaba pisando esta casa", asegura esta auxiliar de enfermería. Toda una institución en un centro sanitario donde ha conocido a buena parte de los profesionales que han pasado por sus consultas y servicios.

Como Isabel Regalado y Roberto Gil. Ella, enfermera de Rayos y Urgencias. Él, médico de Urología y Urgencias. Los tres, junto a Ana María Ladrera, del servicio de limpieza, cuelgan ahora su ropa de trabajo tras una larga trayectoria profesional en el centro. Por ella han recibido el reconocimiento del Hospital Vithas-Vitoria y el apoyo de gran parte de sus compañeros.

Jubilados hospital Vithas-Vitoria

Isabel, Roberto y Cruz nos cuentan su trayectoria laboral y sus planes actuales.

Los mismos con los que, a lo largo de décadas, han trabajado codo con codo y han creado amistades intensas. "En este hospital hemos sido una familia", coinciden Cruz, Isabel y Roberto. Sobre todo cuando el equipo sanitario estaba formado por "unas 80 personas, ahora hay más de 200 y es más difícil conocer a todos", justifica Cruz.

Eran los años de la antigua Policlínica San JoséNació en 1900 como una mutua, 'La Previsora'. Tuvo su primera sede en la calle Prado y en 1949 se trasladó a Beato Tomás de Zumárraga, donde en 1971 inauguró el edificio de lo que hoy es Vithas-Vitoria. Hace más de medio siglo.

Nervios y accidentes "tremendos"

Ambos los conoció Cruz. Su padre era auxiliar de enfermería allí y desde pequeña se familiarizó con las instalaciones. Ya de joven estudió auxiliar administrativo y auxiliar de enfermería. Y, con 18 años recién cumplidos, empezó a trabajar. "Recuerdo ese día, empecé en planta y tenía nervios no, lo siguiente. Aunque como ya estaba vinculada a la casa, la gente me conocía", rememora con nostalgia.

"Aquí tenía mi vida, he vivido para esto y mi familia", confiesa Cruz

Tampoco olvida a una monja, la hermana Sira, que fue la que le ayudó a afrontar, asimilar y superar los primeros cuidados a pacientes: "Como era una Mutua, estaba dedicada al tema laboral. He vivido accidentes tremendos porque entonces la seguridad laboral era peor". Salvo por Rehabilitación, ha recorrido todas las especialidades. Pero donde más tiempo ha pasado ha sido en Urgencias. 36 de sus 45 años de trabajo.

"Allí había momentos buenos y malos, como en todo. El ambiente era muy bueno, como una familia, y muy intenso. Cada día había una cosa", añade Cruz. Reconoce que ha sido duro jubilarse. "Me ha costado mucho, aquí tenía casi toda mi vida, he vivido para esto y para mi familia. El hospital para mí ha sido muy importante. Bueno, y mi hermana sigue trabajando aquí. Mi familia está aquí", sostiene.

Tanto que con muchos de ellos se resiste a perder el contacto. "Los llevo en mi corazón y me encanta encontrarnos o hacer planes. ¡Si me voy con muchas jóvenes al pintxo pote!", añade risueña.

Primera promoción de enfermería

Jubilados hospital Vithas

Su veteranía en el hospital supera por poco a la de Isabel, con la que sí comparte edad. Nacida en una familia de médicos, su primer impulso fue estudiar Medicina, pero al final se decantó por la Enfermería. Y comenzó en el primer año que se estrenaba la Escuela Universitaria de Enfermería, en 1978, con la Diplomatura. Antes, en 1972, el centro había iniciado su andadura como Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios (ATS). Medio siglo de vida.

"Estaríamos unas 40. Ya nos costó, no creas, porque había problemas. A los que eran ATS no les convalidaban. Estuvimos hasta encerrados en protesta... Hubo mucho jaleo. Éramos la primera promoción y no nos querían dar plaza", recuerda.

"En Urgencias ves casos más complicados y en Rayos hay diagnósticos muy duros", valora Isabel

En aquel momento eran tres años de estudios y, para Isabel, el primero fue complicado. "Yo era de Letras", se ríe, "y la Bioquímica por poco puede conmigo. Pero soy muy tenaz y, con la ayuda de alguna compañera, lo saqué". Aun así, solo tiene buenas palabras para la formación recibida: "Era muy buena, había mucho nivel y requería de mucho estudio".

Con el título bajo el brazo en junio, en julio inició su andadura laboral en La Esperanza, donde había trabajado su padre. Comenzó en Rayos y, cuando el jefe del servicio trasladó la resonancia a la Policlínica, parte del equipo le acompañó. Entre ellos Isabel, que tuvo que formarse en las técnicas y aparatos correspondientes. Y allí se quedo. La mayoría del tiempo en Rayos, pero también ha pasado temporadas en Urgencias.

¿Con cuál se queda? "No tienen nada que ver. En Rayos hay mucha gente crónica y ya los conoces porque los que tienen seguro privado llevan toda la vida. En Urgencias he estado muy a gusto y me quedo con el equipo, que es una maravilla. Ahí igual ves casos más complicados, pero en Rayos también se hacen diagnósticos muy duros", valora.

Sin MIR

Jubilados Vithas Vitoria

Isabel, Ana María, Cruz y Roberto tras recibir el homenaje del hospital por su jubilación.

Tras cuatro décadas de dedicación, el broche laboral no fue el que hubiera deseado. No se libró de la etapa Covid. "Fueron momentos muy duros y complicados, de mucho estrés. Cuando empezó, cada día era un protocolo distinto, como en todos los sitios, y había caos. Pensaba que los últimos años serían más tranquilos y a otro ritmo, pero han resultado muy intensos", afirma.

Junto a ella, Roberto asiente. 65 años de VTV. Pensó en ser veterinario pero, al final, cambió "los caballos por las personas". Leioa y Basurto fueron sus centros de formación médica. Con 23 años se estrenó con sustituciones en Urgencias.

Roberto fue un MESTO, Médico Especialista Sin Título Oficial

Confiesa que, los primeros días, "estaba acojonado. Puedes saber teoría, pero la práctica es diferente. Pero al final, como en cualquier otro puesto, aprendes. Y por eso es muy importante el equipo, para que salga todo rodado".

Sin embargo, no tenía claro qué especialidad médica hacer. "Y un médico de Urgencias que era urólogo se quedaba sin ayudante en su cupo de la Seguridad Social", detalla.

Dicho y hecho. Pasó consulta en el ambulatorio de Olaguibel (donde estaban las especialidades) y operaba en Santiago y Txagorritxu. Eran los años 80 y aún no existía el MIR. "A los que estábamos en una especialidad durante muchos años nos hacían presentar el currículum y examinarnos para darnos el MESTO (Médico Especialista sin Título Oficial). Éramos miles en aquella época, había jefes de servicio de especialidades que carecían de título, había que solucionarlo y organizaron aquello", narra.

De Berrozi a China

Roberto compaginaba las consultas en Urología con las sustituciones en Urgencias en la Policlínica, muy relacionada con la Mutua Laboral. "Salían cosas sobre Medicina del Trabajo" y así acabó dos años en Berrozi, la base del Grupo Especial de Intervenciones de la Ertzaintza. "Estuve de médico allí y no veas el deporte que hacíamos. Y, aunque el horario era un poco chungo, se comía de cine", admite sin tapujos.

Más tarde, las medicinas alternativas despertaron su interés. Aprendió acupuntura y se fue a China. Luego homeopatía. Montó su propia consulta... Años de muchas horas de trabajo y malabares entre las diferentes especialidades que poco a poco fueron centrándose de nuevo en su parada original: Urgencias.

"En Urgencias puedes tener una noche que no ves a nadie y otra que no paras"

"A finales de los 90 y principios de los 2000 vivimos una época muy buena, éramos una familia y, solo con mirarnos, ya sabíamos qué hacer. Luego la Policlínica desapareció y el sistema cambió, como en muchos otros sitios", matiza.

El paso a hospital privado trajo también cambios en los casos que llegaban de urgencia. "Cuando yo empecé eran más accidentes laborales, había mucho trauma y herida. Era difícil que de noche llegara algo gordo. Ahora sí, entran accidentes de tráfico, gente mayor de seguros privados con numerosas patologías...", enumera.

Un trabajo en el que, pese a que hay momentos pico y otros valle, siempre hay que estar preparado. "Nunca sabes cuándo va a entrar algo. Puedes tener una noche en que no ves a casi nadie y otra en la que no paras", advierte.

Bici, nietos y voluntariado

Ahora, en cambio, ya ha dejado atrás esa tensión continua. Y gasta ese exceso de energía en lo que más le gusta: el deporte. Cada día sale en bici con "un grupo de jubiletas" y recorren rutas por carretera "de unos 100 kilometrillos".

Roberto planea un reto solidario con Berakah de 24 horas en bici

Ha participado en triatlones y en retos solidarios como la travesía del Estrecho a nado o un Everesting en bici. "Consiste en subir un puerto tantas veces como la altura del Everest", explica. Fue con la Fundación Vicente Ferrer.

De cara al próximo verano ya tiene en mente otro proyecto con el programa solidario Berakah. Un recorrido en bici por Álava de 146 kilómetros. Hecho cuatro veces. En 24 horas. El tiempo que le queda lo dedica a su familia y, sobre todo, a su nieta de poco más de un año. "Le vamos a regalar una bici para que siga los pasos del abuelo", anuncia orgulloso.

Los nietos son también la fuente de entretenimiento de Isabel. En su caso, tres. Con ellos, su pareja y su afición por coser no se aburre. "No puedo estar quieta", asegura.

Lo mismo le ocurre a Cruz. Exprime las quedadas con amistades y familia, disfruta de su perro Toby y tiene previsto apuntarse en enero al voluntariado. Con Berakah y Medicus Mundi. "No planifico, disfruto de lo que venga en cada momento", indica. Porque, como se despide Isabel, "tenemos salud y es lo más importante". ¡Pues a disfrutarla!