Los afectados por las aportaciones de Fagor apuntan hacia la estafa bancaria

31 octubre, 2013

La caída de Fagor Electrodomésticos deja la localidad de Mondragón sumida en una auténtica depresión económica y anímica. La llamada joya de la corona del grupo se ha desmembrado por un conjunto de decisiones erróneas de los gestores de una cooperativa que ahora se pregunta cómo se ha podido llegar a esa situación. Mondragón Corporación […]

La caída de Fagor Electrodomésticos deja la localidad de Mondragón sumida en una auténtica depresión económica y anímica. La llamada joya de la corona del grupo se ha desmembrado por un conjunto de decisiones erróneas de los gestores de una cooperativa que ahora se pregunta cómo se ha podido llegar a esa situación. Mondragón Corporación Cooperativa se ha negado a sufragar una deuda que casi supera los mil millones de euros. Sin embargo el problema viene de lejos, y la duda está en quién ha permitido dentro de la propia compañía que la burbuja de las deudas se fuese inflando hasta alcanzar semejante cantidad.

Más allá de los 1.900 trabajadores que se van a quedar en paro en Euskadi, el drama se extiende también a los propietarios de las aportaciones subordinadas. Otros cientos de inversores en Álava que confiaron en sus bancos para dejar sus ahorros en un producto que ellos consideraban seguro y que ahora parece irrecuperable. Sólo la mediación de la justicia  y la posibilidad de que los jueces condenen a los bancos por estafa hace albergar a los inversores un halo de esperanza.

Hoy medio centenar de afectados, la mayoría jubilados, ha vuelto a concentrarse como cada jueves frente a la Caja laboral. Una concentración que ha provocado el cierre de la oficina durante más de media hora. Eso sí, no es la única entidad que vendió estos productos y entre los manifestantes había hoy clientes de BBVA y Santander, entre otros. Los afectados ven con resignación cómo cada vez es más difícil recuperar el dinero, aunque mientras tanto siguen dando guerra y haciéndose oír. Hoy han gritado Ladrones a los miembros de Caja Laboral, de Eroski, de Fagor y BBVA, entre otras entidades. Ataviados con camisetas que instan al boicot del Grupo Mondragón, la mayoría de ellos son jubilados que tenían parte de sus ahorros en estos productos.

Paralelamente asociaciones como Adicae ya ha puesto en marcha una demanda conjunta por estafa contra los bancos comercializadores, mientras los gritos se siguen escuchando en la Calle Dato cada jueves.

Los afectados denuncian que los bancos se han lucrado y se siguen lucrando año a año con estas aportaciones. Primero con un porcentaje de comisión con la comercialización y colocación de los productos, pero después con la comisión de custodia que los bancos siguen cobrando y que mucho clientes se preguntan sí seguirán cobrando en el futuro, pese a la casi práctica quiebra de Fagor.

Y es que los propietarios de estas aportaciones insisten en que han sido engañados, que no eran conscientes de lo que estaban adquiriendo cuando adquirieron estos productos, con una jugosa rentabilidad, pero con la promesa ‘in voce’ de que podían recuperar en cualquier momento su inversión.

Caja Laboral, Kutxabank, Santander, la Caixa y BBVA son sólo algunas de las entidades que vendieron y colocaron estas aportaciones. Estas emisiones de deuda fueron colocadas principalmente a inversores que buscaban inversiones seguras. Es decir, era gente que no quería jugar con su dinero, sino que quería tenerlo seguro. Decenas de entidades les aseguraron y les insistieron en que las apoatacioens de Fagor eran recuperables.

Esa inversión, sin embargo, ha pasado a jugar prácticamente como renta variable en el mercado de renta fija. Es cierto que con un jugoso interés anual. Pero con la quiebra de Fagor ese interés probablemente desaparecerá y la deuda no podrá ser revendida en el mercado renta fija. Igual que un puñado de arena se escapa de las manos grano a grano, estas aportaciones y los ahorros de cientos de alaveses se esfuman con la quiebra de Fagor. Los cooperativistas pierden sus trabajos, los ahorradores pierden el fruto de sus años de trabajo.

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