Menos banquetes y menos menús: el declive de los grandes restaurantes en San Martín y Avenida

20 enero, 2026

El cierre de establecimientos históricos como el Olarizu está transformando el mapa hostelero del barrio: el Mesa, el Conde y el Andere sobreviven en este panorama

Cada vez quedan menos. Menos restaurantes grandes. Menos comedores pensados para grupos y menos menús del día. El entorno de San Martín y la Avenida ha ido perdiendo, con el paso de los años, gran parte de la oferta hostelera y, con ella, buena parte de su vida gastronómica.

Una situación que se refleja en el cierre de varios establecimientos históricos y en la transformación de otros locales que durante décadas estuvieron ligados a banquetes, celebraciones y comidas de empresa. El último ejemplo es el del restaurante Olarizu, desvelado por Gasteiz Hoy, que ha bajado la persiana tras más de 40 años de trayectoria y será sustituido por un gimnasio.

No es un caso aislado. En los últimos años, la zona ha visto desaparecer o cambiar de uso varios restaurantes de gran tamaño. Otros, en cambio, han tenido que adaptarse a nuevos hábitos de consumo.

Restaurante Olarizu cierre

Una zona en transformación

Durante años, el entorno de San Martín, la Avenida y Beato Tomás de Zumárraga concentró una oferta hostelera potente, especialmente en restaurantes de gran tamaño. Locales pensados para comer, celebrar y reunirse. Muchos de ellos, hoy, ya no están.

Han cerrado el Lagardere, el Batzoki de Enrique Eguren, el restaurante Bingo Baskonia... Antes también cerró el Teide. Sin olvidar espacios ligados a hoteles como el General Álava o, especialmente, el Hotel Gasteiz, que durante años ofrecieron bodas, banquetes y menús para grandes grupos.

Hotel Barceló Gasteiz

El propio Olarizu, fundado en 1982 por Gonzalo Antón y renovado a lo largo de los años, era uno de los grandes restaurantes históricos. También el Zaldiaran, otro de los grandes nombres de la restauración vitoriana, cerrará sus puertas en la Avenida Gasteiz en el próximo año y se trasladará a Foronda, según anunció El Correo.

“Antes esta era una de las pocas zonas donde había tantos restaurantes grandes y tan juntos"

Una concentración hostelera que hoy ya no existe. Así lo recuerda Jon Merino, del restaurante Mesa, que este año cumple 43 años abierto. “Antes esta era una de las pocas zonas donde había tantos restaurantes grandes y tan juntos. En dos manzanas estaban el Olarizu, el Andere, el Mesa, el Conde de Álava,... estuvo el Teide, el Zaldiaran un poco más adelante… Era una zona con mucha vida hostelera”, explica.

teide restaurante

El Teide cerró en 2010

Menos menús y menos cenas

El cambio no es solo local. Es social. Así lo explica Álvaro Tobalina, del restaurante Andere, uno de los pocos grandes establecimientos que resisten en la zona y que este 2026 cumple 50 años de trayectoria. “No solo ha cambiado San Martín, sino la forma de vivir. Nos estamos europeizando mucho. Las cenas están muy muertas, la gente ya no sale a cenar de mesa y mantel como antes”, explica.

Un fenómeno que afecta de lleno a los restaurantes grandes. “Ahora es muy difícil encontrar sitio para comer un sábado o un domingo, pero para cenar tienes casi todo libre. Hace diez años, las cenas de empresa eran cenas. Hoy son comidas”, resume.

Restaurante Andere

Jardín del Restaurante Andere

Ese cambio de hábitos también ha reducido la oferta de menús del día, cada vez más escasa en la zona, y ha empujado a muchos negocios a cerrar o reinventarse. Locales que durante años ofrecieron menú diario han desaparecido o han cambiado de formato. Un ejemplo de ello es el antiguo Tolo, que durante décadas fue un referente para comer a diario en el barrio.

En el restaurante Mesa, ese cambio también se percibe: “Ahora la gente hace una comida larga y para cenar tira de algo ligero: un pintxo de tortilla, una cerveza, un bocadillo. Ya no se estira tanto con mantel por la noche”.

Celebraciones mas pequeñas

También las grandes celebraciones han cambiado: “Antes había bodas de 150 personas, pero eso ya no existe. Ahora son bodas más pequeñas, o celebraciones divididas: la familia por un lado y luego los amigos salen a tomar algo”.

Una evolución que coincide con lo que observa el Mesa. “Las bodas y celebraciones llevan años bajando. Antes invitabas hasta a los primos cuartos. Ahora son bodas más íntimas, de diez o quince personas, o eventos de cuarenta o cincuenta. Antes eran cien o más”, apunta Merino.

A todo ello se suma la dificultad de mantener locales de gran tamaño, con estructuras pensadas para otro tipo de demanda. “Cada vez es más complicado emprender: suben los gastos, hay más trabas y también falta relevo generacional. No es solo en hostelería, pero aquí se nota mucho”, explican desde el Mesa.

Además, otro de los grandes retos actuales del sector es mantener plantillas amplias, llenar comedores grandes durante toda la semana y atraer a una clientela más joven.

Restaurante Mesa

Los que aguantan

En este nuevo mapa hostelero, Andere, Mesa y Conde de Álava se han convertido en los grandes supervivientes de la zona. Restaurantes clásicos, con décadas de trayectoria, que han resistido gracias a una clientela fiel, a la adaptación constante y, sobre todo, al relevo generacional.

En el caso del Mesa, esa continuidad se debe a varios factores. “Aquí siempre han estado mi padre y mi tío tirando del carro. Llevan 43 años como socios y eso se nota. La clave ha sido mantener una buena relación calidad-precio y una clientela que viene de generación en generación”, explica Jon Merino.

Otros negocios han optado también en el último año por salir del barrio. Es el caso de A Fuego, que tras su etapa en Domingo Beltrán y luego en San Martín, ha trasladado su actividad a la calle Dato, en busca de mayor visibilidad y de un entorno más acorde a su nuevo concepto.

¿Menos competencia?

El cierre de restaurantes no solo afecta a quien baja la persiana. También al entorno. “Es una pena que cierre cualquier establecimiento, y más un restaurante con recorrido como el Olarizu”, lamenta Álvaro. En su opinión, los bares y restaurantes "generan vida en la ciudad", no son una competencia para él.

Hoy, San Martín mantiene varios restaurantes de tamaño medio como Mano Lenta, el Carey, el antiguo Bar Tolo o El Chispial. Sin embargo, la oferta es menor y sin apenas espacios pensados para grandes reuniones.

Pese a todo, el optimismo no desaparece. “Estamos en el País Vasco. La cultura gastronómica aquí es muy fuerte y los grandes restaurantes siempre van a existir. Quizá en otra línea, con otros formatos, pero no se va a perder", resume Álvaro.