La quiebra de Álava depende de Alemania

| 17 junio, 2011

Alemania es el motor de la Unión Europea. Es la primera potencia del viejo continente y sobre la cancillería centroeuropea dependen todas las decisiones que vayan a ocurrir en los próximos meses (y años) en la Eurozona. Pero también Álava depende de este país. Más incluso que muchas de las provincias limítrofes. La principal empresa […]

Alemania es el motor de la Unión Europea. Es la primera potencia del viejo continente y sobre la cancillería centroeuropea dependen todas las decisiones que vayan a ocurrir en los próximos meses (y años) en la Eurozona. Pero también Álava depende de este país. Más incluso que muchas de las provincias limítrofes. La principal empresa alavesa es alemana y de ella depende en buena medida la economía local y provincial.

Mercedes Benz ha vuelto a lanzar un órdago a los sindicatos. La planta quiere seguir produciendo sus modelos en Vitoria, pero no a cualquier precio. Ha exigido unas condiciones a los trabajadores que desde el comité de empresa consideran abusivas.

Desde que en 1954 salió de la empresa Auto Unión la primera DKW han cambiado mucho las cosas. Hoy en día Mercedes Benz da trabajo a más de 3.000 personas directamente. Pero su influencia no se queda ahí. En realidad es mucho más importante si se tiene en cuenta que cerca de 10.000 personas pertenecen a alguna de las empresas que suministran, en todo el País Vasco, componentes de fabricación a la planta de Ali.

Por ello, cuando el comité de empresa negocia con la empresa un cambio en las negociaciones no se trata sólo de las condiciones de trabajo y de unos cuantos posibles despidos. Se trata, en realidad, de la supervivencia económica de Álava. La nueva VS20 debe llegar a Vitoria por el bien de la provincia. De no hacerlo, y en el caso de que la planta se cerrase, la afección sería brutal en materia económica y social. La tasa de paro, actualmente en el 11,48% según la EPA, se dispararía hasta el 19,4%. Este dato, lógicamente, quedaría matizado por diversas prejubilaciones y recolocaciones, pero da una idea de lo que podría ocurrir. Y en términos de contabilidad, cerca del 18% del PIB de Álava depende de la planta vitoriana y de sus diversas filiales o subcontratas.

Pero estas cifras no interesan en Daimler AG. El fabricante de vehículos no entiende de cariños ni tampoco de costumbres. Sólo entiende de dinero y de rentabilidad. Es más, le va el cambio. Recordemos que hace cuatro años, en plena crisis automovilística en EEUU, decidió abandonar a su socio Chrysler tras una década caminando juntos, además de dejar el control parcial que mantenía sobre Mitsubishi. Desde entonces Mercedes Benz, o mejor dicho, Daimler Benz, sólo mira a Europa.

En Vitoria lo que interesa ahora es que sólo se fijen en nosotros, en la planta. Para ello exigen a los trabajadores que acepten unas condiciones y una renovación del convenio colectivo a la baja. Entre estas condiciones, como ya se sabe, están el aumentar la flexibilidad de los trabajadores hasta los 25 días, pero también se propone trabajar tres días más (24 horas más anuales), así como un incremento de la movilidad funcional interna, en función de las necesidad de fabricación.

Estas medidas no conllevarían, en cambio, incremento salarial alguno. Es más, desde la planta se propone desligar el incremento salarial al IPC, además de congelar los pluses y eliminar el de flexibilidad.

Esto último lleva lógicamente un claro sello alemán. En el país germano la mayoría de los contratos incluyen una cláusula de revisión salarial en función de la productividad y no del IPC. Es la fórmula que la UE está exigiendo a España y que terminará aplicándose en todo el país. En realidad es la fórmula más efectiva desde el punto de vista económico, siempre que se negocie con los trabajadores y no exista un abuso de poder por parte del empresario. Y, a la larga, supone un estímulo para el trabajador.

En el caso de Mercedes se trata de una negociación a medio plazo. La empresa tiene el poder y la capacidad de decisión. Y eso, en un mundo en el que no existen fronteras y el coste de cierre y traslado a otro lugar no es excesivo, puede inclinar la balanza. No se trata de que los trabajadores cedan y vean reducidos sus salarios. Se trata, simplemente, de llegar a un equilibrio en el que todos salgan ganando tras ceder en algo.

Sin embargo, los sindicatos apuestan por la posición de fuerza frente a la negociación. Se han levantado de la mesa cansados de no lograr avances después de 14 reuniones y han decidido cambiar de estrategia. Solo UGT parece apostar por volver a sentarse a la mesa, consciente de la situación que atraviesa la planta y de que las palabras y amenazas de Titos podrían llegar a ser una realidad. Los paros convocados para la semana que viene son la posición de fuerza de los trabajadores, pero éstos han de ser conscientes de que, en el lado contrario, la posición de fuerza pasa directamente por su marcha de Vitoria.

La petición de la empresa a los trabajadores de dar un paso atrás en sus ingresos tiene un precedente en la Nissan de Barcelona, donde los empleados aprobaron con un 70% de votos a favor la congelación del sueldo y un empeoramiento en las condiciones de trabajo para poder fabricar allí un nuevo modelo.

Y no porque el Gobierno Vasco presione a Daimler AG la fábrica se va a quedar en Vitoria. Por desgracia,  el País Vasco pinta poco cuando se tiene en frente a un gigante alemán, más preocupado por salvarse a sí mismo que por salvar o ayudar a otros. Y si no, que se lo digan a Grecia, donde Merkel trata de evitar a toda costa la quiebra del país heleno para evitar el hundimiento de su banca.

En una época de crisis económica como la actual, cada cual mira sólo a sí mismo, intentando salvar los muebles y los trastos. Y es cierto que la planta de Vitoria parte con ventaja para quedarse con la VS20. Pero si esto no es suficiente para Daimler, habrá que llegar a un punto en el que ganen los alemanes, pero también los alaveses.


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