Museo de Ciencias Naturales de Álava

20 enero, 2014

El Museo de Ciencias Naturales de Álava, Arabako Natur Zientzien Museoa, celebró su 25 cumpleaños el pasado mes de noviembre. Es un museo joven, y sin embargo ha conseguido reunir en estos años una impresionante colección de piezas, biológicas y geológicas, que asciende a más de medio millón de registros. Son colecciones con fines científicos, […]

El Museo de Ciencias Naturales de Álava, Arabako Natur Zientzien Museoa, celebró su 25 cumpleaños el pasado mes de noviembre. Es un museo joven, y sin embargo ha conseguido reunir en estos años una impresionante colección de piezas, biológicas y geológicas, que asciende a más de medio millón de registros. Son colecciones con fines científicos, utilizadas por numerosos investigadores para seguir aprendiendo más cosas acerca del mundo en el que vivimos. A propósito la importancia que puede esto tener, baste decir que casi todo lo que sabemos acerca de la biodiversidad (un término del que todos hemos oído hablar últimamente), se basa en colecciones como estas que atesora –y cuida– este museo.

Naturalmente, no todo está expuesto al público. De todo este material, el visitante puede observar una muestra seleccionada por su representatividad, y limitada únicamente por la disponibilidad del espacio expositivo. Y aún así, las colecciones que forman la exposición permanente del MCNA –minerales, rocas, fósiles, hongos, animales y plantas– son, en primer lugar, un regalo parala vista. La mera contemplación de algunas de estas piezas, como muchos de los minerales expuestos, por ejemplo, es ya un auténtico gozo. Por supuesto, el objetivo principal del museo no es este, sino el de hacer asequibles a los no especialistas las claves para explicarnos y poder interpretar nuestro entorno, es decir, poder observar, conocer y entender los elementos que forman eso a lo que llamamos ‘la naturaleza’ y ser más conscientes de cómo es este mundo en el que vivimos. Comprender algo más de todo ello, lo que ya es en sí una forma magnífica de disfrutarlo.

Un museo como el MCNA nos permite realizar un viaje imaginario, no solamente por Álava y el País Vasco, que son las áreas mejor representadas en sus colecciones, sino por muchas otras regiones. Basta con fijarse en las etiquetas que indican el origen geográfico de las piezas para desplazarse (con la imaginación) por toda la geografía peninsular. Pero también permite hacer un viaje en el tiempo, remontándonos a través de las colecciones de fósiles a muchos millones de años atrás, observando los increíbles animales que pululaban entonces por tierra o en el mar, como pasa con ese amonites gigante que nos sorprende ya desde las mismas escaleras de acceso desde el vestíbulo. Algunas de estas colecciones (las ranas de Libros, p. ej.) son sencilamente impresionantes.

Mención aparte, por su interés y su calidad visual y didáctica, merece la exposición monográfica dedicada al ámbar descubierto recientemente en los yacimientos de Peñacerrada y Salinillas de Buradón. Muy bien organizada, enseña cómo se formaron esas gotas doradas de resina fósil que han mantenido en su interior animales y otros restos fósiles, de manera que hoy podemos hacernos una idea de cómo era la vida en aquellos bosques que crecían en nuestras cercanías hace unos 100 millones de años. Y como no podía ser menos, porque la diversidad es el motivo fundamental en un museo de ciencias naturales, enseña también acerca de los diferentes tipos de ámbares que existen en el mundo.

Como todo museo que se precie, el MCNA organiza periódicamente exposiciones temporales, que profundizan en algunos temas tratados monográficamente. Actualmente puede contemplarse una exposición dedicada a la biodiversidad (uno de los ‘temas de nuestro tiempo’) que, además de ser también un regalo para la vista, ofrece motivos concretos para reflexionar acerca la importancia de todos esos seres con los que compartimos el planeta.

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