Pedro López de Robles: el rescate del pintor y fotógrafo vitoriano del siglo XIX

14 noviembre, 2022

Pintor, fotógrafo, decorador, profesor de la escuela de BBAA de Vitoria y académico correspondiente de la Real Academia de San Fernando.

Pedro López de Robles García de Salazar: 1837, Guevara (Álava) – 1901, Vitoria-Gasteiz. Relato de Marta Extramiana:

“Su melena desordenada, su bigote a la borgoñona, sus ojos con luz que denotaba talento, su descuido en la indumentaria, todo en fin, revelaba al genial artista.” Así lo definen en la breve semblanza que apareció publicada, junto con su esquela, el sábado 6 de abril de 1901 en el “Heraldo Alavés”. En su autorretrato podemos ver las mismas características, el aspecto que asumimos debe tener un pintor romántico. Y sin embargo, su formación y la mayoría de su obra han hecho que lo definamos como un pintor academicista. A juzgar por los recientes estudios sobre su figura parece que no lo fue tanto.

pedro lopez de robles

En la misma reseña que hemos mencionado señala también: “Cuando la última obra de su pincel afortunado, adornaba el templo del Señor en la interesante solemnidad del Jueves Santo…dejaba de existir. El buen Robles, el hombre modesto, el trabajador incansable, el amigo cariñoso.”

También en el semanario “La Libertad” de la misma fecha hacen mención de la desaparición de López Robles y subrayan su capacidad de trabajo: “Modesto con sus amigos y discípulos, trabajador incansable, y solicitado por las personas de buen gusto por su talante refinado y su amabilidad para los clientes…”

Y así fue, trabajó hasta el último momento, murió con 63 años de una insuficiencia cardiaca. Su última creación fue uno de esos monumentos que se colocaban en las iglesias en Semana Santa, en concreto el suyo era para la iglesia de San Vicente. No pudo constatar la admiración de sus conciudadanos por su creación.

Obras religiosas

La mayor producción de su obra es de tema religioso, al menos la más conocida. Las pinturas en el santuario de La Antigua en Orduña, las de la capilla de la Inmaculada en la iglesia de San Miguel de Vitoria, el cuadro de San Prudencio que está en el museo de Bellas Artes,… La restauración de este cuadro descubrió nuevos datos sobre su obra.

Gracias al trabajo de investigación del equipo de restauración del Museo de Bellas Artes (y a la colaboración de sus herederos), ahora sabemos de otras obras más libres y más cercanas a las corrientes artísticas del momento, y lo más sorprendente: el método que utilizó para crear su San Prudencio.

Lo pintó al óleo sobre papel fotográfico, sobre una fotografía de una escultura del santo del siglo XVIII que se conserva en la Casa del Santo en Armentia. Fue probablemente un encargo de la Diputación Foral de Álava, el escudo que muestra en la parte superior derecha parece confirmarlo. Colocó al patrón de Álava en un fondo de nubes y rodeado de querubines, y no es de extrañar el aspecto escultórico de la figura principal pues como hemos dicho parte de una fotografía de una escultura.

No solo ha sido una labor de restauración, también ha sido un rescate. Un rescate de la figura e historia de este pintor.

Pedro no siguió el oficio de su padre, Pedro Pablo López Robles Ruiz de Uriondo, un conocido platero, pero debió influir en su inclinación por el arte. Es posible que su padre le alentara para iniciar su formación en la escuela de Bellas Artes, aunque me resulta difícil de creer que no le presionara para seguir el oficio familiar. Tal vez, viendo el talento de su hijo para la pintura fuera el mismo quien lo animara a ir por ese camino. No tenemos datos en un sentido u otro, pero podemos dejar volar nuestra imaginación en un sentido u otro.

Se crio en el número 28 de la calle Correría junto con sus hermanos, hermanas, hermanastras (hijas del primer matrimonio de su padre) y su madre Maria Juana. Una familia bastante numerosa, me pregunto si fue ese, quizás excesivamente, bullicioso entorno fue lo que le inclinó a permanecer soltero. Luego abandonó la parte vieja, con su agitación, siempre un tanto superpoblada, llena de voces y olores para mudarse a la calle San Antonio.

Como ya hemos dicho inició su formación en la escuela de BBAA de Vitoria, luego en Madrid en la Academia de San Fernando y después en el extranjero con Édouard Pingret. Y con esos méritos decidió optar por una plaza como profesor en la escuela de BBAA de Vitoria. Una manera muy práctica de contar con ingresos regulares, algo muy necesario teniendo en cuenta que un flujo constante de encargos nunca está asegurado.

No le fue fácil. Es cierto que podía acreditar una sólida formación, además poseía experiencia como profesor particular pues tenía una academia particular, pero coincidió con competidores de gran talento y con trayectorias impecables como Emiliano Soubrier. Con 40 años consiguió al fin una plaza de profesor ayudante, al año siguiente una de titular de adorno, bastante reñida, y en 1881 la de profesor de figura y copia del antiguo que ocupó hasta su muerte.

Además de los encargos de pintura religiosa y otras obras de caballete, realizó decoraciones para el hotel café Universal de Vitoria, el salón de fiestas del Balneario de Zuazo (Álava)…impartía clases y tenía un estudio fotográfico en el número 15 de la calle de La Estación. Es decir, fue uno de esos pioneros de la fotografía en Vitoria. Aunque de momento sean escasos los datos y fotografías conservadas, esta faceta añade un punto más de interés sobre este artista. Desde luego, el uso de una fotografía como base para su San Prudencio nos habla de su talante innovador y un interés por conjugar técnicas. Claro que en esa época era frecuente retocar las fotos, y el modo de colorearlas requería conocimientos del mundo pictórico por lo que muchos de esos pioneros provenían del mundo de la pintura.

El 7 de abril fue inhumado en el panteón número 20 de la calle de San Pedro del cementerio de Santa Isabel de Vitoria-Gasteiz. Propiedad en aquel entonces de Mauricio Onis Schüsselberger, padre de otro pionero de la fotografía, Eugenio Onis. Luego lo heredaría la esposa de este último. Qué relación había entre ellos y porqué lo acogieron en la sepultura familiar es algo que todavía permanece en la sombra. ¿Solidaridad entre colegas?¿Amistad?... El caso es que allí encontró el descanso nuestro infatigable artista, Pedro López de Robles.