Pintxopote: historia de la revolución hostelera del siglo XXI en Vitoria

3 febrero, 2022

Víctor Manuel Ibañez importó el pintxopote desde un viaje a Chiclana, la propuso a los hosteleros de la calle Gorbea, pronto traspasó la fronteras de la ciudad y el resto es historia: la conocemos

El pintxopote nació en 2004 como una acción comercial más en la Calle Gorbea de Vitoria-Gasteiz. Y se convirtió en el mayor fenómeno sociocultural que ha vivido Vitoria-Gasteiz en el siglo XXI. Hoy quedan muy lejos aquellas muchedumbres que llenaban Gorbea cada jueves. Pero repasamos la historia del Pintxopote: cómo nació y creció una palabra que se ha quedado en todo Vitoria-Gasteiz y en muchas otras ciudades.

El comerciante Víctor Manuel Ibáñez creó este fenómeno, casi por casualidad, tras un viaje a Chiclana entre 2003 y 2004. Ese verano Víctor Manuel había estado de vacaciones en Chiclana, y de ahí trajo una idea que revolucionaría primero los bares de la calle para después extenderse a toda la ciudad.

Un viaje, un mapa y unos hosteleros escépticos

Víctor Manuel extiende sobre el mostrador un mapa con las rutas del vino de la zona de Cádiz. Víctor Manuel los trajo a Vitoria para ejemplificar la nueva iniciativa que quería implantar.

El pintxopote ha marcado un hito en la hostelería alavesa.

Con cada consumición se ofrecería una tapa, nada nuevo en Andalucía, pero que en Vitoria no era nada habitual.  El objetivo, como en Chiclana, era regalar un pintxo con la consumición de vino, elegir un día (el jueves como antesala del fin de semana) y hacerlo además a un precio atractivo para que no faltara la gente. Faltaba el nombre, que no guarda ningún misterio: "Aquí la definición de tapa no se usaba, así que se decidió darle un nombre más de aquí. Si la tapa equivale a un "pintxo", y la bebida a un "pote", pues: Pintxo-pote".

De Chiclana a la calle Gorbea

Los hosteleros de Gorbea recibieron la idea con cierto escepticismo: “Yo vi clarísimo que iba a ser un éxito en la calle. Costó convencer a los hosteleros, pero ponerlos de acuerdo era un paso importante…” Además, había otro escollo a salvar: la campaña tenía que ser rentable para los bares.

La asociación de comerciantes de la calle Gorbea, con Víctor Manuel a la derecha , celebran el premio de la "Asociación más dinamizadora" otorgado por el Gobierno Vasco en 2018

Iñigo, del bar Batela, se animó con la idea desde el principio: “Empezó como una cosa normal, como una reunión normal". La campaña era novedosa y conllevaba mucha incertidumbre. No esconde el escepticismo con el que la recibieron entre los bares asociados: “Es una cosa novedosa, no sabemos si va a funcionar y la trasladamos a nuestros locales un poquito. Al principio no teníamos ninguna idea. Fue tomando forma con distintas reuniones”.

¿Calidad a 1 euro?

El principal obstáculo era hacerlo rentable. “El precio, un euro, condicionaba la categoría de la tapa”. Pero incluso la poca rentabilidad que podía dar al bar ofrecer vino y pintxo a un euro se compensaba con la 'publicidad' que generaba. “Hosteleros se dieron a conocer por esta campaña. El cliente veía también los escaparates de los comercios de la calle. Había cuadrillas que como sabían qué pintxo daban en el sitio este o en el otro, en vez de ir a diecisiete sitios iban a tres concretos. Sabían que en este había patatas que les gustaban, en el otro...”, explica Víctor Manuel.

Llegaba a haber problemas de abastecimiento con el proveedor del vino

¿Por qué era sostenible el pintxopote a 1 euro? “Al principio solo era vino. Acordamos con una bodega en concreto, Bodegas Bilbaínas, un crianza, el Ederra. Era un vino muy suave, muy fácil de beber”, explica Iñigo del Batela. Todos los hosteleros daban el mismo vino, un crianza, y esto rebajaba los gastos.

“Si todos los hosteleros compraban a un mismo proveedor, el precio del vino sería más barato”, cuenta Víctor Manuel. De hecho, llegaba a haber problemas de abastecimiento: “Llamábamos al proveedor y le decíamos, oye necesitamos dos mil cajas…. Ostras, llegaban a un límite, no tenían capacidad para hacerlo”.

Un mismo vino comprado al por mayor fue la clave detrás del precio

Esa compra al por mayor fue una de las claves del éxito, según Iñigo, que lo vivió desde el otro lado de la barra: “Acordamos con la bodega coger una determinada cantidad de cajas porque si no, eso no era rentable. Las bodegas se pegaban prácticamente con nosotros, por tener una relación comercial”. La idea fue despegando, y con ello también transformándose: “Fue cambiando, la gente no solamente tomaba vino. ¿Y por qué no cambiamos y ponemos también otro tipo de bebidas? Y se hizo prácticamente todo. Hasta con las cañas, prácticamente con todo”, explica Iñigo.

Blanqui junto con su marido, ambos del Txustarra, también se unieron a la iniciativa desde el principio: “Fue un boom, nadie se lo imaginaba. Estaba lleno, la gente se preparaba como si fueran fiestas. Era algo no visto. No iban al Casco, la fiesta estaba en la calle Gorbea. Luego se empezó a subir… Venían de todos los sitios. La calle estaba a tope”.

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Con las cartillas del pintxopote se sortearon hasta coches.

Mientras, el precio siguió siendo el mismo. “Un euro era un precio fácil de utilizar, una sola moneda", explica Iñigo. Pero añadieron una novedad: una cartilla para sellar y con la que ofrecían sorteos y detalles al completarla. Entre los premios hubo scooters, botellas de vino y hasta un coche.

De hecho, desde el Batela señalan la desaparición de esta cartilla como una de las razones del posterior declive del Pintxopote: “Fue una decisión que tomamos, que no fue acertada. Pero fue unánime".

El pintxopote casi veinte años después

Nació como una hábil estrategia de marketing de la Asociación de la calle Gorbea. Un año antes de esta iniciativa había comenzado en el Casco Viejo la llamada Ruta de las Barricas, que luego se unió al Mercado de la Almendra.

Pero pronto el Pintxo Pote de Gorbea se convirtió en un fenómeno social: “Conseguimos crear un ambiente en la calle terrible. Se hizo tradición la quedada en la calle Gorbea”, cuenta Víctor Manuel. Llegaban buses de universitarios desde Bilbao y Donosti, la calle Gorbea se convirtió en un punto de reunión intergeneracional: “Conseguimos que la gente mayor y los chavales se juntasen en la misma campaña”.

"Al inicio hubo escepticismo, esta idea no sé si va a funcionar... Trajimos a los políticos cuando hicimos la inauguración", cuenta Iñigo. Y como los políticos no se pierden una inauguración, ahí que llegaron: "Vinieron muchos, vino el Diputado General." La cosa fue cogiendo forma y sobre 2008 llegó el éxito absoluto: "Empezamos flojo, pero cuando pusimos las cartillas, los regalos... fue un boom. Fueron cuatro o cinco años terribles. No se podía pasar, Gorbea era prácticamente peatonal los jueves".

"Gorbea necesita un motor importante"

Ya han pasado casi veinte años desde entonces. La nostalgia y los verbos en pasado empañan las palabras del impulsor de la iniciativa: “Sigue habiendo gente los jueves, pero para que vuelva a ser el éxito que fue en su día hay que actualizar el pintxo, darle otro impulso…”, reflexiona Víctor Manuel. A sus más de setenta años es el presidente de la asociación de comerciantes de la calle Gorbea y sigue muy activo.

Numera propuestas: un aparcamiento, atraer una gran cadena de alimentación, dar vida al antiguo mercado del barrio... ¿Un espacio gastronómico en él? Quizá. “Teniendo un espacio vacío se le puede dar vida inventando algo para que la gente venga, ¿no?” Lo que tiene claro es que la calle necesita “un motor importante. Las cosas que sirven un día, dentro de una semana o de dos años ya se han muerto y tienes que volver a retroalimentarlas”.

El COVID no ha ayudado: “Hay circunstancias de las que no te puedes evadir. Tienes que aguantar el chaparrón, si puedes, y tirar para delante, no quedándote de brazos cruzados.... Poco a poco vamos volviendo”, pero las restricciones y la situación sanitaria hacen imposible nada similar. Aunque Víctor Manuel opina que una campaña similar en un futuro funcionaría: “La gente necesita ocio, divertirse, cada vez que hay un acontecimiento hay una respuesta importante…. Somos animales de costumbres, el día de la 'chufla' nos apuntamos a un bombardeo”.

De Gorbea a otras ciudades

Tras el Pintxo-pote de la calle Gorbea vinieron otros muchos. Barrios como Zaramaga eligieron el viernes, después se trasladó a los barrios más nuevos: Salburua, Zabalgana… Incluso a otros pueblos del territorio alavés y de más allá, como el "Juevintxo" de Pamplona. O el pintxopote de la calle Ribas y Perdigó de Badalona.

Barrios como Zaramaga, Salburua o Zabalgana y ciudades como Pamplona o Badalona han bebido de esta idea

“A un empresario le interesa inventar algo o copiar algo que funciona. A mí no me importa que en Pamplona o en Logroño nos copien,… Hemos sido capaces de inventar algo que luego se ha extendido. Yo también me lo traje de Chiclana”, se sincera Victor Manuel, que no busca trofeos.

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El pintxopote ha llegado hasta ciudades como Badalona, todo un logro para una iniciativa nacida en la calle Gorbea.

“He trabajado siempre por los demás casi con sueldo cero. Es algo que nunca he hecho con intención de que me pusieran ninguna medalla. Campañas que hemos inventado en la calle Gorbea hemos tenido un montón para que la gente conociera la asociación….”

Muerte de éxito

El éxito continuado del pintxopote trajo consigo un declive paulatino. "Se desvirtuó", cuenta Iñigo del Batela. “Tuvo tal éxito que todas las rutas de Vitoria cogieron la idea, la copiaron y se trasladó a otras zonas. En muchos sitios aparece el Pintxopote ya todos los días. Se desvirtúa, no te da el atractivo de antes".

¿Y ahora? “Pues llevamos dos años que seguimos dando Pintxopote; pero ya no es a un euro, ahora es un euro cincuenta. Salimos con otro tipo de pintxos: un perrito caliente, una tortilla, una croqueta…Todo sube, los precios suben, los productos suben... Tenemos que amoldarnos un poco a la actualidad".

Desde el otro lado de la barra del Txustarra, Blanqui también cuenta cómo la rentabilidad de la idea poco a poco fue diluyéndose: “Al principio sí salió rentable, todos contratamos gente, hasta los que no lo querían hacer…." Pero con la llegada de la crisis, explica que mucha gente se quedó en paro, y lo notaron.

"Ahora no es Pintxopote, es cenar (...) mi trabajo cuesta dinero"

Como causa principal, Blanqui coincide con Iñigo en señalar el propio éxito de la iniciativa: “Todos los barrios lo hacían. En Zabalgana empezaron a poner unos pintxos… Hamburguesas por uno cincuenta, se desmadró”. Precios y competencia cada vez más agresiva que ha afectado al concepto original: “Ahora no es un Pintxopote, es cenar… Un perrito caliente, una hamburguesa con patatas frita. Eso es perder dinero, no voy a hacer más el tonto, mi trabajo cuesta dinero…”

Blanqui sigue manteniendo el pintxopote, aunque ha subido el precio a 1,5€, como la mayoría de bares de la calle. “¿Si tú vives en Zabalgana para qué vas a venir a Gorbea? Lo normal es que la gente no venga”. Atrás quedó el tiempo en el que su pintxo “de txanpis” llenaba el local y parte de su tramo de calle.

La desunión entre hosteleros, otra de las claves del declive del Pintxopote

La desunión entre los hosteleros también es otra de las razones a las que Iñigo achaca el actual declive de la iniciativa: "Empezamos suave, llegas arriba y te mantienes un tiempo. Pero luego vas bajando. ¿Por qué? Parte de la razón fue la desunión. Siempre uno tira para un lado y otros no, hay cambios de dueños, el otro se hace mayor... Se pierde un poco la relación", lamenta.

¿Quiénes hacen Pintxopote?

Según una encuesta realizada para Gasteiz Hoy por la asociación Gasteiz On entre sus socios hosteleros, tan solo el 52% de los negocios encuestados sigue optando hoy en día por realizar pintxopote. "Tanto en la calle Gorbea, en el Casco Medieval, en Zaramaga como en los barrios nuevos, se mantiene esta tradición, pero el número de establecimientos ha bajado", explican desde Gasteiz On. Entre aquellos que mantienen la iniciativa, el jueves sigue siendo el día preferido por la mayoría. Hay una excepción: los establecimientos de Zaramaga "siguen realizándolo los viernes como hacían antes".

El 80% de los establecimientos encuestados por la asociación Gasteiz On opina que el Pintxopote ha perdido interés

Si bien la tradición se mantiene, "más del 80% de los establecimientos encuestados piensa que el pintxopote ha perdido interés por parte de los consumidores", dan cuenta desde la asociación.

No con el mismo nombre, pero son bastantes los locales hosteleros que apuestan por iniciativas propias: "Entre el 15% y el 20% realiza otras promociones parecidas en algún momento de la semana o en algunas horas concretas: tapa con la consumición, “happy hour” u “hora feliz” en momentos señalados del día, alargar el pintxo-pote a algún otro día de la semana…"

Y desde luego, la pandemia ha tenido un impacto en la forma de consumir " El 95% de los hosteleros encuestados ve claro que la manera de consumir ha variado por la pandemia: los consumidores “potean” menos y se quedan más tiempo en el mismo establecimiento, reteniendo la mesa o terraza y en ocasiones alargando las consumiciones".

Reinventarse

Ganas de volver a crear una iniciativa de éxito no faltan en la Calle Gorbea. “Yo estoy en disposición de volver a hacerlo, retomarlo. Y hacerlo un poco al mismo estilo, porque eso es lo que funcionaba", anima Iñigo. "Tendrá que surgir. ¿De qué forma? La vida ha cambiado, todo ha cambiado. Hay que amoldarse, reinventarse y volver a hacer algo interesante."

"De noche la gente se va a Miranda"

La noche en Vitoria ya no es lo que era, en parte por las restricciones: "De noche la gente se va a Miranda", da cuenta desde el Batela, pero Blanqui también cree que algo falla en la actitud de los vitorianos. “Lo vivido, vivido está, las cosas no vuelven. O haces algo nuevo o eso no va a volver. Vitoria necesita más alegría, está muerta, la gente de Vitoria está triste…"

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La formar de potear ha cambiado, y con ello la calidad de los pintxos en los bares de Vitoria.

Toca buscar nuevas ideas para que, lo que Blanqui califica como "ahora un fracaso total ", pueda resurgir y dar a la vida social de la ciudad, y de la calle Gorbea, el esplendor que hace unos pocos años tuvo: "Tendrías que inventar otra cosa”. Desde la asociación de la calle Gorbea ya tantean el terreno para nuevas iniciativas: el veinte aniversario, reflexionan, puede ser una buena ocasión...