Un vecino de Vitoria reproduce en arcilla cientos de edificios

5 mayo, 2017

Su colección incluye el kiosko de prensa de la calle Postas, el palomar de General Loma y varias casas antiguas de Ali

Antiguo palomar en la plaza General Loma.

A sus 73 años, las experimentadas manos de José Antonio Carbajo son capaces de reproducir un edificio con gran precisión a partir de un pedazo de arcilla. Desde 1990 ha moldeado cientos de piezas de cerámica en los talleres del centro cívico Sansomendi, el barrio donde vive.

Su colección incluye varias casas antiguas de Ali, como las que ahora albergan el bar El Chigre o el Hotel Restaurante Araba, un kiosko de prensa de la calle Postas ya desaparecido y al menos seis iglesias y cuatro palomares de Vitoria y el resto de Álava.

El grueso de su obra lo conforman estas construcciones populares destinadas a la crianza de pichones, que han inspirado más de 300 representaciones distintas. Algunos dejaron de existir hace mucho por “falta de mantenimiento” y, por eso, a veces ha tenido que basarse en fotografías antiguas para poder inmortalizarlos en tres dimensiones. Es el caso del palomar de la plaza General Loma, uno de sus preferidos por su gran belleza.

El palomar de General Loma, ya desaparecido, medía unos 5 metros de altura y tenía una terraza de madera

Medía unos 5 metros de altura y tenía dos plantas. La segunda era una terraza de madera verde con un tejado de pizarra, mientras que las paredes de la inferior estaban fabricadas con piedra y ladrillo. Este refugio se levantó hacia 1920 en el espacio que ahora ocupa la parada del tranvía frente al Parlamento Vasco.

  • Galería de fotos: Así son las reproducciones alavesas de José Antonio Carbajo. Sigue leyendo tras la galería.

También ha hecho una maqueta de un palomar que había en el parque del Norte. “Era menos espectacular. Se trataba de una caseta de madera no muy grande”. Y cuenta en su colección con otro situado cerca de la escuela agraria de Arkaute. “Desconozco si se habrá derrumbado porque hace tiempo que no paso por ahí. Es blanco y tiene 5 ó 6 metros de altura. Presenta los típicos aleros vascos de tornapunta, que sobresalen bastante y hacen muy bonito, y cuenta con un zócalo de piedra y paredes de ladrillo”.

En Gamarra “todavía sigue en pie” un palomar que ha moldeado en cerámica. Es de ladrillo con cemento y la parte de abajo creo que la utilizan para meter herramienta de jardín”. También ha recuperado en arcilla la memoria de un singular kiosko de prensa que “desapareció de la calle Postas hace algunos años”. En concreto, se ubicaba “entre la esquina de Correos y la de la Caja de Ahorros”.

El kiosko de prensa que se situaba en la calle Postas era una copia de otro más antiguo

Y, a su vez, se trataba de “una copia de un puesto de venta de periódicos más antiguo que en su día se situó en ese mismo lugar o en los alrededores. El original pudo estar en la plaza de España o la de la Virgen Blanca”. Este llamativo kiosko hexagonal era de madera blanca con una cubierta que imitaba la pizarra y varias luceras o claraboyas en la zona más alta.

Carbajo tiene unas magníficas vistas de las casas antiguas de Ali desde la ventana de su piso en la Avenida de Los Huetos, que separa Sansomendi, donde reside, y este concejo anexionado por Vitoria. La aldea ya se menciona en un documento de 1025. Y este artesano de la cerámica ha reproducido varios de estos inmuebles con historia, como los que ahora albergan el bar El Chigre o el Hotel Restaurante Araba.

Reproducción de la parroquia de San Millán de Ali.

Además, cuenta con una veintena de iglesias en su colección. Entre ellas, el conjunto formado por el antiguo hospital de San Juan y la ermita de Nuestra Señora de la Antigua de la Puebla de Arganzón, ambos del siglo XVI. También la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tuesta, que constituye un importante referente del románico alavés en la Edad Media. Y la iglesia de San Blas de Alegría, visible desde muchos kilómetros a la redonda. De esta localidad también ha hecho la ermita de Nuestra Señora de Ayala.

Entre otras iglesias, su colección incluye la ermita de San Juan de Arriaga y la parroquia de San Millán de Ali.

Al menos dos de sus maquetas se corresponden con templos de la ciudad de Vitoria. Son la ermita de juradera de San Juan de Arriaga, que supone un referente de los fueros y donde los nobles de la Cofradía de Arriaga elegían a su señor, y la parroquia de San Millán de Ali.

Sin embargo, su verdadera pasión son los palomares. A sus más de 300 distintos, se suman muchos repetidos que ha regalado. “A veces, los he hecho de nuevo por encargo. Pero yo no conservo dos iguales”. La mayoría de estas muestras de arquitectura rural que componen su colección son de tierras castellanas, donde aún constituyen una seña de identidad a pesar de su paulatino abandono y derrumbe.

Carbajo, palentino de nacimiento pero afincado en Vitoria desde 1974, donó unos 250 de sus palomares al Centro de Interpretación de Tierra de Campos en Paredes de Nava (Palencia), donde forman parte de una exposición permanente. Sus obras también han protagonizado diversas exhibiciones temporales, como la que acogió la Casa del Cordón, en Vitoria, en mayo de 2012 con miniaturas de 60 palomares de Palencia, León, Valladolid, Zamora, Álava y Francia.

Y realizó para el Museo Provincial Etnográfico de León una completa serie de palomares que contiene los 14 tipos representativos de la provincia. Precisamente, este espacio inauguró el pasado 27 de abril una exposición temporal que muestra las obras cedidas junto a fotografías, paneles explicativos y proyecciones de vídeo. Asimismo, ha regalado alrededor de una docena al Centro Temático del Palomar de Palencia.

El primer palomar que hizo con arcilla reproduce uno de su pueblo natal, Meneses de Campos. Carbajo, que en su juventud trabajó de albañil, ayudó a reparar allí una veintena de estas construcciones antes de ir a la mili. “Me fijé en los que venden en las tiendas de recuerdos. Siempre me han llamado la atención el manejo del barro y los palomares”, de los que se ha convertido en un erudito.

Estas construcciones tradicionales son de piedra o madera cuando se ubican en la montaña, mientras que los de secano se hacían de adobe y tapial. Estos últimos tienen, por tanto, mayor riesgo de derrumbe y muchos están desapareciendo por su falta de mantenimiento, debido al abandono de una práctica que se afianzó como una fuente adicional de ingresos para los campesinos.

En la cría de palomas, se destinan al consumo humano los huevos y los pichones, “que todavía son considerados un manjar por algunos cocineros de prestigio”. Y el guano de estas aves, llamado palomina, se considera un abono excelente. Sin embargo, los agricultores suelen comprar en la actualidad fertilizantes artificiales, lo que ha llevado al declive de los palomares.

Carbajo no utiliza un torno para crear sus reproducciones, sino que va uniendo los churros de barro hasta formar la estructura del edificio. Pero “lo más difícil es elaborar todas las tejas una a una”. Y para dar color a sus obras a menudo emplea engobes, es decir, una pasta cerámica que se obtiene mezclando distintos tipos de arcilla con agua y “pigmentos como óxido de hierro, cobaltos o manganesos”.

La maqueta más grande que ha creado representa una residencia de León construida en 1915. “Mide unos 34 por 27 cm de base y 12 de altura. La hice por encargo”. Y su próximo proyecto se basa en “una iglesia de León de estilo múdejar que se edificó en ladrillo sobre 1900. Fue donde me casé y bauticé a mis tres hijos”, explica este apasionado artesano de la cerámica.

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