‘El dandy vasco’ Sebastián Yradier: un músico excepcional y atractivo ‘bon vivant’

Sebastián Yradier Salaberri (1809-1865) ha sido un músico casi olvidado, pero no así sus melodías. Fue creador del ritmo llamado habanera, autor de “La paloma”, de “El arreglito” (canción que utilizó Bizet para la habanera de “Carmen”), y otras muchas melodías populares. Los laureles de la posteridad le tentaban muy poco, era ante todo un hombre con ganas de aprender, viajar, amar y disfrutar. 

sebastian iradier

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  • Vitoria, 1820

Las claras voces de los niños del coro de la colegiata de Santa María se extienden rozando los arcos, rebotando sobre las columnas. El maestro sonríe complacido mientras sus manos trazan arcos en el aire, tiene la mirada fija en uno de sus alumnos más aventajados, Sebastián Yradier.

No hace mucho que se ha trasladado con sus padres desde su Lanciego natal. Tiene once años, una voz armoniosa, un rostro angelical y, sobre todo, un talento natural para la música. Si se aplica llegará muy lejos, piensa el profesor.

Pero al pequeño Sebastián le gusta callejear, divertirse, es inconstante y prefiere las canciones profanas. Aun así, destaca entre los demás en solfeo, composición, acompañamiento, órgano, guitarra, piano… y desde luego posee una especie de descarado encanto que hace que uno le perdone todo.

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  • Salvatierra, 1832

Desde 1827 ostenta con gran brillantez la plaza de organista en la parroquia de San Juan Bautista en Salvatierra, antes lo había sido de la parroquia de San Miguel de Vitoria durante dos años. Todo son elogios cuando se refieren a su talento musical, pero muchos le recriminan su comportamiento: lo tachan de excesivamente liberal e, incluso, de libertino.

Sin embargo deberían entender que es un joven de 23 años, elegante, de rostro alargado, nariz bien perfilada, ojos vivaces, sonrisa pícara, melena y bigote bien cuidados, voz armoniosa, ingenioso, seductor… quizás demasiado seductor. Y en la villa hay tantas mujeres hermosas. Había llegado allí con 18 años, un buen sueldo, pocas obligaciones y una natural propensión a los bailes y el galanteo.

Si a los muchos carlistas de la zona les molestaba que se declarara liberal era esperable que el párroco tampoco estuviera muy contento con su actitud desenfadada. Seguramente fue él quien insistió más para que sentara la cabeza.

Y lo hizo: en 1829 contrajo matrimonio con Brígida de Yturburu Díaz de Durana en la misma parroquia de San Juan, sin duda una de las jóvenes más bonitas y dulces. Aunque fue una gran decepción para muchas. Y lo intentó, sobre todo al principio… si ella no hubiera sido tan propensa a perdonar sus deslices, si no hubiera tantas mujeres con tantos y tan variados encantos, si no se dejasen embaucar… ‘todo son excusas estúpidas, soy un inconsciente’.

Lo reconoce cabizbajo, evitando mirar el rostro de su esposa, enfermo y ajado por los sucesivos embarazos, por las lágrimas por la precoz muerte de sus hijos, por sus calaveradas… mientras le explica que Athanasia Yzaguirre Ygarteburu, la sirvienta de la casa del cura, ha aceptado llegar a un acuerdo, él no reconocerá a su hija Saturnina pero le indemnizará con largueza: ella retirarála denuncia por haberla seducido.

Su esposa no quiere saber más, se pone a acunar al pequeño Pablo Fernando, el hijo que habían tenido al año de casarse, el que les sobreviviría, el que será músico y morirá en Cuba en 1871.

Con tal rumbo y tal salero vivo siempre en libertad, porque sé que el mal de amores es muy perra enfermedad‘. (La Rita)

  • Madrid, 1840

Maestro de Solfeo para el canto en el Real Conservatorio de Música de Maria Cristina, Vice-rector de la Academia Filarmónica Matritense, socio de mérito en la clase de Maestro Compositor, consolidario del Liceo Artístico de Madrid, catedrático de Armonía y Composición del Instituto español, profesor del Colegio Universal de Madrid, socio de honor de la Academia Filarmónica de Bayona, propietario de una tienda de música donde se vendían instrumentos y de una imprenta para sus colecciones de partituras, profesor particular de música de las jóvenes de las familias más acaudaladas….

31 años, viudo desde 1834 y uno de los imprescindibles de cualquier reunión de la alta sociedad. Ingenioso, elegante, cautivador, las canciones le brotan con facilidad y son aplaudidas con entusiasmo tanto en los salones como en las tabernas, poetas como Espronceda, José Zorrilla, Fernández de los Rios y Campoamor se cuentan entre sus amigos y letristas, Villamil ilustra sus obras.

Por todo esto no es de extrañar la sonrisa que baila en sus ojos mientras sostiene la copa de champán. O quizás es porque su vista está fijada en su alumna favorita: la hermosísima Eugenia de Montijo, aquella que será más que reina.

Para jardines Granada, para mujeres Madrid, y para amores tus ojos cuando me miras a mí‘. (Ojos negros)

  • Paris, 1854

Hace cuatro años que Sebastián está en Paris, un año desde que Eugenia es emperatriz de los franceses. Desde su llegada ha trabado amistad con gentes ilustres y artistas laureados, Próspero Merimée, Marietta Alboni, Lola Montes, Luis Viardot, Carlota Crisi, La Cerrito,…, y también con otros que podrían tildarse de poco recomendables en los ambientes más populares y menos respetables de París.

Como en Madrid, el dinero le llega con facilidad, casi la misma con la que desaparece. Tampoco le preocupa, se encuentra tan cómodo en los arrabales como en los palacios, y su encanto parece brillar con igual magnitud. Una dama le pide una canción. Todos lo están esperando, él también lo esperaba. Después de las ovaciones y parabienes la cantante se acerca. La Alboni, discípula favorita de Rossini le propone una gira por América junto a Adelina Patti. ¿Cómo no dejarse seducir por la aventura?

Nueva York, Boston, Filadelfia y Nueva Orleans, los norteamericanos se rinden al talento del profesor de canto de la emperatriz Eugenia. Después México y Cuba. Allí entra en contacto con un ritmo de danza lento en el que Yradier se inspira para crear un nuevo tipo de canción: La Habanera. Y con ese ritmo una de las canciones más versionadas de todos los tiempos.

Cuando salí de la Habana, válgame Dios, nadie me ha visto salir si no fui yo, y una linda guachinanga, allá voy yo, que se vino tras de mí, que sí señor, si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona’ (La Paloma).

  • París, 1863

Acaba de regresar de Londres. La exitosa gira americana, y quizás su propensión a la diversión, le ha pasado factura. Padece una enfermedad de la vista y no está muy bien de salud. Su hija Matilde, fruto de su matrimonio con la madrileña Josefa Arango, que brillaba junto a él en los salones y era una excelente cantante, acaba de contraer matrimonio con Arthur Peter Goullet, cirujano naval y residirá en Inglaterra.

Bizet utilizó ‘El Arreglito’ de Yradier para su ópera Carmen

No conocerá a su nieto Charles, que nacerá un año después de su muerte. El dinero ya no entra con la facilidad de antes, aunque los gastos se acumulan. Sin embargo sigue componiendo y alternando con intelectuales y aristócratas, y su música sigue triunfando. Se estrena “el Arreglito” en el Teatro Imperial Italiano de París. La canción que Bizet tomaría “prestada” para su ópera Carmen. Dicen que la obra de Bizet tuvo una fría acogida hasta que le añadió esta habanera, dicen que fue a propuesta de la cantante, o por sugerencia de la emperatriz,… lo que es difícil de creer es que no conociera la autoría de Yradier: después de adicionar la canción de Yradier la obra fue un éxito, y actualmente es la pieza más conocida de su obra.

Tal vez porque Sebastián nunca le importó pasar a la posteridad, tal vez porque disfrutaba del momento, no será la única de sus obras “tomada” por otros autores. Edouard Lalo se apropió de “La Neguita” para su sinfonía española, Jerónimo Jimenez tomó “Café caliente” para el intermezzo de la zarzuela “Las bodas de Luis Alonso”.

Chinita mía ven por aquí, que tú ya sabes que muero por ti. No, no, no, no, no voy allí, Porque no tengo confianza en ti. ¡Qué, sí! ¡Que no! No, no, no, no, no, no tengo confianza en ti. Si tú me quieres dilo quedito y en seguidita seré tu arreglito y enamorados, sin abusar, una dancita vamos a bailar. (El Arreglito)

  • Vitoria, 1865

Sebastián ha visitado a sus conocidos en Salvatierra, ha disfrutado de su afecto y les ha relatado sus viajes y aventuras gozando al ver sus expresiones de admiración y asombro. Lo mismo que con sus parientes vitorianos, siempre le piden más. Más historias, más canciones y él no se hace de rogar.

Pero se oye la voz cansada y enronquecida, la vista le falla, a veces hasta la memoria. No está triste porque sabe que ha vivido, quizás hubo muchas cosas que pudo hacer mejor, quizás si hubiera sido más disciplinado, o menos amante, o menos aventurero… pero entonces no hubiera sido Sebastián Yradier, el dandi vasco, el creador de las Habaneras.

‘Y con esto me despido, Adiós público del alma, al que le guste mi arte, mil gracias’ (La Soledad de los barquillos)

Hay sólo 1 comentario. Yo sé que quieres decir algo:

  1. Satur dice:

    En la interesante charla que Álvaro Fernández Rodas dio en Lanciego y en el Círculo expuso datos y razones muy convincentes para negar la estancia de Sebastián en América y en Cuba. Es una lástima que no se publique su biografía.

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