Sin nocturnidad pero con alevosía

| 13 febrero, 2012

En los últimos meses han aparecido por las calles de nuestra ciudad representaciones de arte urbano espontáneo, ingenuo y sincero. Exponentes del arte callejero más posmoderno, plantillas a spray cual grito de los sin voz.

En los últimos meses han aparecido por las calles de nuestra ciudad representaciones de arte urbano espontáneo, ingenuo y sincero. Exponentes del arte callejero más posmoderno, plantillas a spray cual grito de los sin voz.

Define la RAE el grafito, en el avance de la vigésima tercera edición de su diccionario, (o su plural en italiano y más popularizado; graffiti) como simplemente “inscripción o dibujo hecho en una pared”. Una noción que sin duda para el ámbito que aquí nos ocupa se nos queda pequeña. En efecto el eterno graffiti que hoy conocemos nació en los albores de la década de los 60, en plena contracultura juvenil y eclosión de movimientos sociales y pacifistas. Aun así la Wikipedia se atreve a situar su origen un siglo antes en pintadas antisemitas que aparecieron en Londres durante los crímenes de atribuidos a Jack el destripador. Y es que las paredes han sido y serán siempre el elemento primigenio de expresión del ser humano. Unos paredes que desde las cuevas rupestres han respondido a una sincera y primitiva necesidad de comunicación del hombre. Traducidas a lo largo de la historia en un grito desesperado de libertad, donde poder expresar y abrir su ser más creativo e irracional. Desde “la imaginación al poder” de mayo del 68 al “no hay pan para tanto chorizo” de mayo de 2011, los jóvenes han atribuido a las paredes más triviales de nuestras ciudades un cariz especial, haciendo que nos transmitan algo más que la indiferencia gris a la que nos tienen acostumbrados.

Una coyuntura que hoy en día, jóvenes y no tan jóvenes han tornado en una necesidad artística. El rudo graffiti, donde un iconoclasta plasmaba su firma aerosol en mano, ha dejado paso en nuestro imaginario urbano a trampantojos mucho más elaborados. Imágenes con una valor artístico y horas de trabajo que ya no podrán ser tachadas de suciedad, ya que muchas veces están protegidas y respaldadas por administraciones locales o incluso financiadas. Por tanto, quedaron ya para el olvido las salidas nocturnas para pintar la ciudad. Baja la adrenalina, si hay arte, ya no hay delito de por medio. La intención se mantiene.

Un caso claro en nuestra ciudad es el IMVG que en numerosas ocasiones hemos tratado en GasteizHoy y que tanta vida ha devuelto al Casco Viejo gasteiztarra. Pero el arte que hoy nos ocupa es otro. Se trata del sinfín de stencil espontáneos que han ido apareciendo de unos meses aquí por las calles de nuestra ciudad. Unas pintadas que siguen una técnica característica: el estarcido o stencil (en inglés). La sencilla técnica que consiste en pintar empleando plantillas, con un resultado sin igual. Un arte callejero con stencil donde uno de sus mayores exponentes es el graffitero británico Banksy. Quien a través de sus manifestaciones denuncia las incoherencias y la hipocresía de la sociedad posmoderna. El afamado artista se dejó caer por Donostia coincidiendo con el estreno de “Exit Throug the Gift Shop” en el Zinemaldia de 2010. Pero no en la alfombra roja, Banksy dejó supuestamente su impronta como no podía ser de otra forma en las paredes de San Sebastián. Aun así el equipo de gobierno del entonces alcalde socialista Odon Elorza no supo estar a la altura de las circunstancias y acabo por sucumbir a las críticas borrando la obra de arte.

Por último y antes de pasar a la experiencia vitoriana, destacar que Euskadi no necesita de artistas extranjeros. Contamos entre nuestras fronteras con graffiteros de renombre internacional como el beasaindarra Dizebi. Un artista que ha plagado el Goierri con su arte amparado por las instituciones locales. Unos stencil y unas instituciones contra las que también están luchando los miembros de la plataforma Fracking Ez Araba, a través de (esta vez si poco artísitcas pero cargadas de mensaje) apariciones en las calles de nuestra ciudad.

Aunque respecto a la mayoría de los stencil que a continuación presentamos, han ido apareciendo de manera espontánea por las calles del Casco Viejo vitoriano. Que en ese intento por devolverle vitalidad, se ha erigido como semillero improvisado de pequeños grandes nuevos artistas locales. Un guetto cultural con matices bien distintos y que esperemos vaya saliendo de las paredes de la colina para reproducirse por todo la ciudad. Próximamente más y mejores entregas, permanezcan atentos.

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