Esmaltaciones cierra, San Ignacio sigue

| 18 septiembre, 2011

De vacaciones indefinidas y a la espera de una resolución. Los casi 100 trabajadores de Esmaltaciones San Ignacio aguardan impacientes a conocer el futuro de su empresa, una de las filiales de IEG S.A. (Ignacio Enparanza Gaztañaga), que, hasta hace pocos años, era la más importante de todas las del holding. Hace dos semanas la […]

De vacaciones indefinidas y a la espera de una resolución. Los casi 100 trabajadores de Esmaltaciones San Ignacio aguardan impacientes a conocer el futuro de su empresa, una de las filiales de IEG S.A. (Ignacio Enparanza Gaztañaga), que, hasta hace pocos años, era la más importante de todas las del holding. Hace dos semanas la juez aceptó la solicitud de liquidación formulada por los propios empresarios apenas dos días antes. Ahora los administradores concursales deberán decidir si la empresa es viable y se puede vender o si, por el contrario, hay que proceder a su cierre. Pero el horizonte pinta muy negro para los trabajadores.

Un horizonte que, según denuncia Vicente, empleado de Esmaltaciones, forma parte de “una estrategia previa” orquestada por la empresa desde hace varios años. Un plan diseñado para mantener San Ignacio con los menores costes posibles, trasladando la producción y acabando con más de sesenta años de producción en Vitoria.

Esmaltaciones San Ignacio se instaló en Vitoria en 1950, procedente de Oñati. Durante décadas la familia Emparanza mantuvo en Olarizu la planta para la elaboración de productos para la cocina. Unas instalaciones que funcionaron hasta 2005, cuando se llegó a un acuerdo con las instituciones para el traslado de la planta a Júndiz. Para entonces, la ciudad se había comido el polígono industrial en el que se encontraba, y el suelo que ocupaba la planta fue vendido para la construcción de viviendas, en un polígono que actualmente se está urbanizando.

Fue a partir de ese momento cuando comenzaron los problemas para los trabajadores. Ya en los últimos años de vida en Olarizu, la empresa estaba observando cómo sus competidores le iban comiendo terreno. La competencia de productos más baratos y con una calidad no muy inferior a la de San Ignacio hicieron daño también en la compañía, que veía cómo cada vez era menos rentable producir en las actuales condiciones en la planta de Vitoria. Por ello los Emparanza diseñaron una estrategia encaminada a abaratar la producción, con su traslado a países con mano de obra más barata.

Tras comprometerse con las instituciones a mantener el empleo en Álava (más de 200 trabajadores en aquel entonces), vendieron por 26 millones de euros los terrenos en los que estaba ubicada la planta y se trasladaron a un nuevo recinto en Jundiz. Una vez allí apostaron por la diferenciación a través de la calidad. Destinaron las plusvalías derivadas de la venta de suelo y de inmovilizado (43 millones de euros, según los sindicatos) a la nueva planta, que costó, según la empresa, 30,7 millones de euros para poner en marcha una planta que permitiese duplicar la capacidad de producción y elevase la productividad con unas instalaciones únicas en Europa en su sector. Y aunque en un principio se aseguró que las plusvalías obtenidas de la venta de la antigua planta habían financiado la nueva, la mayor parte del inmovilizado actual se encuentra hipotecado, y fue adquirido gracias a varios créditos. Incluso, desde los sindicatos dudan que las actuales instalaciones costasen 30,7 millones de euros. Y es que, según asegura Vicente, miembro del comité de empresa  de Esmaltaciones durante esos años, una parte de la cadena de producción se trasladó de Olarizu a Jundiz.

Suspensión de pagos

Los problemas llegaron año y medio después, cuando en abril de 2007 (en plena Semana Santa) Esmaltaciones San Ignacio presentó concurso voluntario de acreedores (antes denominado suspensión de pagos), acompañado de un ERE para despedir a 35 empleados, que se saldó finalmente con numerosas prejubilaciones.

Para aquel entonces ya había arrancado la externalización de parte de su cadena de producto. La entrada de materia prima a la cadena de producción se realizaba, según los trabajadores, a través de una filial de IEG, y las labores de mantenimiento se encomendaron a otra empresa del grupo. Al mismo tiempo, Esmaltaciones cedió a San Ignacio Kitchenware el almacenamiento y la comercialización de los productos de San Ignacio, que procedían tanto de la propia Esmaltaciones como de una nueva empresa instalada en Tánger. Esta empresa, denominada Vivaware International SARL, fue creada tras arrancar el proceso concursal y fabrica en la actualidad los mismos productos que San Ignacio, comercializándose indistintamente ambos, pero con unos costes de producción mucho más reducidos al otro lado del Mediterráneo.

No hay que olvidar que, pese a que Esmaltaciones ha sido hasta el 2007 el fabricante de San Ignacio, la marca en sí, al igual que otras como Hispano Tebista (bajo la cual se realizó una campaña de promoción con ‘la princesa del Pueblo’, Belén Esteban) son propiedad de IEG

Por otro lado, el Holding IEG, como cualquier otro, debe regirse en todo momento por el principio de ‘grupo neutro’ al que obliga la ley, de forma que los precios de venta entre empresas se mantengan en un rango de mercado y no propicien un vaciado de una empresa. Pese a todo, ese rango podría haber permitido, según denuncian los trabajadores, un incremento de los beneficios de otras filiales en detrimento de Esmaltaciones, con precios dentro de mercado, pero perjudiciales para Esmaltaciones.

Porque las cosas en los despachos no parecen claras, según insisten Charo y Vicente, que aportan, durante nuestra charla, numerosos documentos que prueban esas posibles irregularidades en algunas operaciones de la familia Emparanza. Las instituciones han reclamado ya que se cumpla el acuerdo firmado en 2004, que en 2007 ya fue pisoteado por los propietarios. Los trabajadores creen además que se debería revisar la auditoría que fijaba en 30,7 millones de euros el coste de la planta de Jundiz, ya que, aseguran, parte de la cadena de producción fue trasladada de Olarizu a Jundiz.

Además, hace apenas unos meses, una auditoría realizada por Luis Valle denegaba las cuentas del 2009, que presentaban un fondo de maniobra, un cash flow y un resultado de explotación negativo. Ese mismo auditor prefería no valorar los balances de 2010 por “no verlo claro”.

Con esta situación llegó el pasado 5 de septiembre al juzgado la solicitud de liquidación por parte de Esmaltaciones San Ignacio, ante la perspectiva de la empresa de que no podrá hacer frente a futuros pagos derivados del proceso concursal, y cuyo segundo abono se tenía que realizar en marzo de 2012.

Pese a estas dudas, el camino hacia la liquidación parece claro. Ahora les toca a los adminsitradores decidir el destino de la empresa. Si no es viable, la empresa cerrará. Si se puede salvar, la empresa saldrá a la venta, arrastrando consigo las deudas hipotecarias, así como las contraídas por la Seguridad Social. Pero los trabajadores se amparan además en la posibilidad de que exista algún tipo de conducta delictiva por parte de Juan Emparanza, administrador único de IEG y de todas las filiales.

Lo que sí está claro es que, cierre o no Esmaltaciones, los productos San Ignacio seguirán a disposición de todos los consumidores en las estanterías de los supermercados. Eso sí, llegarán a las estanterías de los comercios tras cruzar el Estrecho.


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