Romualdo, Bienvenido, Pedro Mari, José, Francisco... y pudo ser cualquier otro

3 marzo, 2026

Estas fueron las cinco víctimas que asesinó la Policía el 3 de marzo de 1976

Fueron cinco, con nombre y apellido. Cinco trabajadores que podrían haber tenido cualquier otro nombre. Porque los 'grises' de la Policía Nacional dispararon a matar hacia todo aquel que salía de la asamblea de trabajadores de la Iglesia de San Francisco. Pedro Mari, Francisco, Romualdo, José y Bienvenido fueron los cinco asesinados por la Policía el 3 de marzo de 1976.

Eran cinco trabajadores que, como otros miles en la ciudad, solo pedían una mejora de sus condiciones laborales: más sueldo y menos horas de trabajo.

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Romualdo Barroso

Este joven vecino de Errekaleor tenía apenas 19 años. Era estudiante y al mismo tiempo trabajaba. Pero también ayudaba a la gente de aquel 'mundo mejor' de casas blancas. Acudió como muchos otros jóvenes y no tan jóvenes a la asamblea del 3 de marzo. Cuando comenzaron los ataques policiales, salió por una ventana que habían roto a culatazos la Policía. Por ahí habían metido los botes de humo y por ahí intentó huir de un ahogamiento Romualdo (conocido como Ruma por los amigos). Al salir, un tiro de la Policía le dio de lleno en la nuca.

No murió allí, lo hizo horas después en el hospital. Romualdo, como tantos otros vitorianos de adopción, nació en Brozas, en Extremadura. Llegó a Vitoria con su familia, cuando él era muy pequeño. Curraba en una empresa de maquinaria agrícola llamada Agrator y era un apasionado del ajedrez.

Pedro Mari Martínez Ocio

Pedro Mari trabajaba en Forjas Alavesas. No entró a la iglesia. Estaba viendo desde un balcón cercano lo que ocurría, cuando decidió bajar a ayudar. Fue el primero de los cinco asesinados por la Policía, cuando intentó romper el cordón policial para ayudar a otros trabajadores. Murió de un disparo en la espalda. Cayó en el mismo lugar en el que estaba hasta hace unas semanas el monolito construido por sus propios trabajadores una década después.

Tenía 27 años y estaba pensando en casarse cuando los grises acabaron con su vida. Vivía en el Paseo Fray Francisco, había estado cuatro años viviendo y estudiando en Francia. Era deportista, blusa y fiestero: un vitoriano de pura cepa. Jugaba a balonmano y a baloncesto.

Francisco Aznar

Francisco es el más joven de los cinco, tenía solo 17 años. Era estudiante y trabajaba en la Panificadora Vitoriana. Este asturiano vino con pocos meses a Vitoria junto a su familia de origen andaluz y extremeño. Vivían muy cerca de la iglesia, en un piso de Reyes Católicos. Era un joven muy amante del fútbol.

José Castillo García

Era el mayor, un trabajador de la empresa Basa, una sociedad del grupo Arregui. Tenía 32 años y era padre. Vivía en Reyes de Navarra y había regresado a España dos años antes, tras varios años en Suiza como emigrante. Había nacido en Salamanca, en el pueblo de  Morasverdes. Un pueblo de 230 habitantes.

Era vecino de Bienvenido Pereda, y ambos estaban juntos cuando recibieron el mismo disparo. Porque fue la misma bala la que acabó con José y con Bienvenido. José murió el 7 de marzo en el hospital.

Bienvenido Pereda

Bienvenido era vecino de José y murió, como él, en el hospital. Fue la misma bala la que le atravesó el hígado y acabó en la médula de José. Bienvenido era trabajador de Grupos Diferenciales, y la Policía le dio también otros dos tiros en la pierna.

Murió el 5 de abril, en el hospital. Lo hizo por una septicemia que agravó su estado de salud.  Tenía un hijo de tan solo 13 meses, que quedó viudo con el asesinato de su padre. Bienvenido había nacido, como miles de vecinos vitorianos, en Burgos, en este caso en Salazar de Anaya.

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