Vitoria, ciudad arco iris

| 28 junio, 2011

Hace apenas quince días, el presidente del Partido Popular, arropó a  Javier Maroto en su defensa como alcalde. Apenas quince días después de su nombramiento, Maroto ha vuelto a alzar la voz, esta vez desde la alcaldía, para defender el matrimonio homosexual. No es la primera vez que Maroto va en contra de su partido […]

Hace apenas quince días, el presidente del Partido Popular, arropó a  Javier Maroto en su defensa como alcalde. Apenas quince días después de su nombramiento, Maroto ha vuelto a alzar la voz, esta vez desde la alcaldía, para defender el matrimonio homosexual.

No es la primera vez que Maroto va en contra de su partido en este sentido, y no ha sorprendido en absoluto a la sociedad vitoriana. Tampoco es el único miembro del PP vasco que ha criticado de forma abierta la línea moral que quiere marcar su partido. Por ello no debería sorprender su contenido. Hay quien puede criticar que Maroto pertenezca a un partido que no comparte sus valores y que va en contra de sus principios. No olvidemos que el PP mantiene un recurso en el Constitucional contra la Ley de Matrimonio Homosexual. Habrá también quien piense que sólo desde dentro es posible el cambio.

En cualquier caso la declaración de Maroto y el compromiso del ayuntamiento contra la discriminación no es ni mucho menos algo nuevo. Hace ya 17 años que José Ángel Cuerda convirtió a Vitoria en la primera ciudad con registro de parejas de hecho.

Pese a ello, aún quedan muchos pasos por dar en la sociedad. Y ello sin desmerecer el cambio que, en los últimos años, se ha producido en la mentalidad de todas las personas hacia este colectivo. Entendido colectivo, eso sí, como un grupo de personas heterogéneo con una única cualidad común: sus inclinaciones sexuales.

El trabajo realizado en los últimos años por diversas asociaciones ha ayudado mucho a que se haya producido cierta normalización. Además, Vitoria ha dejado de ser una ciudad de curas y militares como era conocida a mediados del siglo pasado. Y ello se deja ver sobre todo entre los más jóvenes, que asumen y aceptan con naturalidad lo que en otras épocas era considerado pecado  e incluso delito. Un cambio progresivo, pero que suele llegar a menudo cuando alguien cercano, de tu familia o grupo de amigos, opta por no callarse lo que es, lo que siente y lo que quiere.

También es cierto que aún existen casos de homofobia y resulta aún muy común utilizar palabras como bollera, marica o maricón en forma despectiva o de insulto.

También choca ver a dos personas del mismo sexo darse la mano o, más aún, demostrando su cariño. Es algo que no pasa tampoco mucho (lógico, teniendo en cuenta el carácter frío de todos los vitorianos, sea cual sea su condición, a la hora de expresar sus sentimiento). Además, como se suele decir, en Vitoria todo el mundo se conoce y el miedo a salirse de la norma parece algo habitual.

Pero hará falta aún bastante tiempo para que esto sea visto como algo totalmente normal en una ciudad como la nuestra, tan aferrada a la tradición que le cuesta cambiar, y cuando lo hace, es poco a poco, sin que nadie le obligue a ello, pero tampoco le frene.

 


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