Marta Extramiana es artista plástica, escritora e historiadora. Enamorada del siglo XIX y los albores del XX.

Por la Vitoria del siglo XIX y principios del XX caminaron personajes cuya historia merece ser recordada. Gentes con vidas de novela, llenas de curiosidades y color que nos ayudan a conocer y comprender los tiempos que vivieron y la historia de nuestra ciudad.

Manuel Sáez de Quejana: las coplas del secretario municipal y “esquivador de deudores”

Marta Extramiana repasa la vida del poeta Manuel Sáez de Quejana, un servidor público que terminó sus días en el manicomio

Felicia Olave: la mecenas de Vitoria con un pasado sombrío

Madrazo, Federico - 1840 circa, Retrato de joven, Musée Goya, Castres

Felicia Olave regaló a Vitoria y a órdenes religiosas importantes donaciones para sus obras caritativas y sociales

Alfredo Espinosa: el ángel de los pobres

Alfredo Espinosa fue médico y concejal, y le llamaban ‘El Ángel de los Pobres’

Basilisa Tarrios, la primera fotógrafa profesional de Vitoria

Basilisa Tarrios fue la primera fotógrafa profesional de Vitoria, un negocio que heredó de la familia de su marido

Vida del pintor Ángel Olarte y su padre Teodoro, presidente de La Vitoriana fusilado por el franquismo

Ángel Olarte murió con 26 años y un prometedor futuro como pintor, mientras que su padre Teodoro fue fusilado en 1936 cuando era presidente de la Diputación y copropietario de La Vitoriana

Lauaxeta: el renovador de la poesía en Euskera

Lauaxeta fue fusilado en la Guerra Civil, pero anteriormente fue periodista y estudioso del Euskera

Josefa Esquibel: cuando ser liberal implicaba ser ‘afrancesado’

Josefa Esquibel fue una mujer liberal que vio cómo la mayoría de los vitorianos querían la vuelta del Rey y la Inquisición tras la Guerra de la Independencia

Mateo de Moraza: el defensor de los Fueros que murió con ellos

mateo benigno de moraza

Mateo de Moraza fue un defensor de los Fueros Alaveses, y en 1876 realizó un encendido discurso en su defensa

Gerónimo Roure: el cirujano que cuidó de Vitoria en el siglo XIX

Gerónimo Roure impulsó la vacunación general contra la viruela y evitó que la epidemia se cebara con Vitoria