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Vitoria también tiene su Rastro

15 abril, 2013

Una decena de puestos vende de todo cada domingo en la plaza de España

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Diversos objetos

Aunque no tiene el tamaño del que se ubica en el castizo Barrio de La Latina, Vitoria también tiene su rastrillo todos los domingos. Una decena de expositores ofrece a los vitorianos la posibilidad de adquirir productos que, de otra manera, sería imposible encontrar.

Mientras padres y niños se dedican a intercambiar los cromos en el centro de la Plaza de España, son muchos los que acuden a los soportales en busca de baratijas, "cachivaches", discos, juguetes o libros antiguos. Emilio es uno de estos vendedores de domingo. Lleva varios años en paro y ya no recibe ayudas, por lo que se gana la vida de chatarrero.

Rebusca en la basura, dentro de los contenedores para poder encontrar algo que se pueda reciclar. Emilio reconoce que ahora son muchas las personas que han hecho de los contenedores su profesión "sobre todo las personas extranjeras". De ahí obtiene productos con una nueva vida.

Emilio no siente vergüenza por ello, pese a que algún municipal le intentó incluso detener acusándolo de robar. Lleva 45 años en Vitoria, trabajaba en la construcción y ahora ha hecho de la chatarra y la basura su vida, mientras no salga ningún otro trabajo.

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Fotos antiguas de Vitoria

Ahora aquello que puede tener más interés lo rescata y lo lleva a la plaza, aunque también ahí recibe objetos que les dan amigos o empresas. Porque aunque no lo parezca, todo puede tener una segunda vida y, por lo tanto, todo tiene un precio. Precios que en la mayoría de los casos son testimoniales. En sus mesas hay de todo. Interruptores de la época de la guerra, pequeños cochecitos de juguete, libros, un cómic de Memorias de la Puta Mili, mecheros, carteras, relojes, figuritas de dudoso gusto o aparatos de la TDT.

Emilio denuncia también el instrusismo que hay en este rastro. Personas que vienen a vender sin tener la licencia para ello. Porque los dueños de los puestos pagan más de 100 euros anuales para poder instalarse cada domingo en la plaza. Sin embargo, hay quienes, sin poner ni siquiera la mesa, se dedican a hacer la competencia a los puestos legales.

A su lado sorprende un puesto en el que el brillo es lo predominante. Grandes relojes, lámparas y otras estatuas igualmente de dudoso gusto se encuentran a disposición de los vitorianos, en el acceso por la Calle Postas.

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Libros y revistas antiguas

Y aunque parece poco recomendable por los ópticos, usted también puede comprar allí unas gafas. Hasta seis modelos diferentes ofrecen en uno de los puestos, cada uno con una graduación diferente. Para probarlas y saber cuál sienta mejor, la opción está en leer alguno de las decenas de libros que se pueden encontrar. Algunos con el lomo machacado y posiblemente procedentes de alguna biblioteca familiar. Otros con el evidente signo de que fueron regalados junto con algún periódico. A su lado aún pervive una fila de VHS. Películas que tuvieron su mejor tiempo hace una década y que hoy han sido remplazadas ya por el DVD.

El Rastro también da la opción de adquirir fotografías antiguas de nuestra ciudad. Un auténtico tesoro que, si bien no es único, nos permitirá tener un pedazo de Vitoria-Gasteiz en nuestras casas.

Y si hay quien es afán del coleccionismo, al margen de los cromos también hay lugar para los numismáticos. Billetes y monedas de hace 3 siglos se pueden encontrar en alguno de estos puestos, que GasteizHoy visitará en profundidad en las próximas semanas.

El próximo fin de semana estos puestos no estarán colocados en su sitio. Los libreros tomarán por un día la plaza, pero sólo algo testimonial. El rastro tiene su hueco ahí, y sigue sobreviviendo pese a la crisis y pese a que, según los comerciantes, "aquí nadie compra nada".

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