Vitoria ya no tiene Remedio

19 octubre, 2022

Los dos talleres del Remedio Vitoria, con 30 años de vida, eran uno de los referentes en reparación de calzado y textiles

Vitoria-Gasteiz pierde a uno de sus referentes en la reparación de calzado y textiles. El Remedio Vitoria ha cerrado sus dos tiendas. Unos talleres que abrieron sus puertas en 1992 en las calles Paz (en el centro comercial Dendaraba) y Jesús Guridi.

Muchos han sido los gasteiztarrak que, a lo largo de estos años, han acudido a ellas para arreglar su ropa y zapatos, colocar unas cremalleras, hacerse una copia de las llaves, adquirir unas plantillas o comprar cordones, cepillos y betunes.

Remedio Vitoria cierra

El Remedio Vitoria ubicado en Dendaraba cerró hace unos meses.

Ahora, tres décadas más tarde, las dos tiendas han bajado la persiana. Primero fue la de la calle Paz y, más recientemente, la de Jesús Guridi. Ambos locales muestran ya en sus respectivos escaparates sendos carteles anunciando su venta.

José Mari Viteri, dueño del Remedio Vitoria, tiene 78 años y los hijos sus propios trabajos

Una vista que apena a José Mari Viteri. Él fue el artífice del Remedio Vitoria. Su alma máter. Pequeño empresario que a lo largo de su vida ha desarrollado diversos negocios en la ciudad, este ha sido uno de los más famosos, quizá debido a sus promociones constantes. Pero a sus 78 años ha llegado el momento de tomar un respiro. "Mis hijos se dedican a otras cosas, y todos tienen sus respectivos trabajos en los que están muy contentos", explica Viteri para justificar la falta de relevo generacional.

El Remedio Vitoria

Tampoco las trabajadoras de las respectivas tiendas quisieron asumir la gestión. "Unas ya querían jubilarse y otras se han recolocado", añade. Es consciente de que el panorama no es fácil cuando de sacar adelante un comercio se trata. "Está todo muy revuelto y complicado. Hoy en día, hay más gastos que lo que sacas. Y nuestro sector está complicado", asegura.

Por eso, y aunque reconoce que le causa tristeza esta despedida, se sobrepone rápido para asumir que "no queda otra que cerrar los ojos y seguir adelante".

El Remiendo Alavés

Su cierre no es el único. Otro histórico del gremio también dice adiós. Se trata de la tienda que el Remiendo Alavés tenía en la calle Portal del Rey desde 1985. La primera de las tres actuales, en las que reparan elementos tan dispares como abrigos de piel, tiendas de campaña, maletas o bozales de perro.

Tras 37 años de atención al público, el 4 de agosto hizo su último arreglo. Un cartel en su puerta redirige a los clientes a los otros dos locales de la marca que continúan activos en Gorbea y Pío XII.

El anuncio de la reforma de Portal del Rey impulsó al cierre del Remiendo Alavés de esta calle

En su caso, sin embargo, los motivos son bien distintos. La falta de visibilidad, la suciedad y las obras que ahora pueblan la calle han colmado la paciencia del dueño, José Luis Landeras. "En junio del año pasado colocaron un andamio justo delante de la tienda y la taparon. Dijeron que era en previsión de que se cayera alguna placa de la pared", comienza. Aún no entiende por qué no se optó por reparar la fachada "en lugar de dejar el andamio ahí puesto permanentemente".

"Le expliqué al administrador de fincas el daño que nos hacían. Los clientes se nos iban a Pío XII, pensando que habíamos cerrado porque estábamos tapados", lamenta. Tampoco les ayudó "la suciedad que provoca la presencia de un bar cercano". "Hemos tenido que limpiar muchos vómitos y porquerías", critica. "Lo denuncié en el Ayuntamiento, pero no han hecho nada, ni se pasaron por allí".

Remiendo Alavés Portal del Rey cierre

El cartel en el Remiendo Alavés de Portal del Rey invita a los clientes a dirigirse a las otras dos tiendas.

La puntilla para él la supuso el anuncio de la reforma de Portal del Rey, que comenzó el pasado septiembre. "Por esa zona ya no se puede aparcar, ¿cómo llegan muchos de mis clientes? Si no me facilitas el acceso de clientes a mi tienda, al menos dame la facilidad para que el cliente llegue de una manera razonable", razona Landeras.

Reconoce sentirse "aburrido". "Todo es mentira, que si la ayuda al pequeño comercio, que si es la vida de la ciudad... Pues entonces no me mates", reclama. A la "impotencia", Landeras suma la tristeza por el cierre de un local que fue pionero. "Rompió con lo que era el arreglo tradicional de calzado y ropa en aquella época. Yo he dejado parte de mi vida allí", rememora.